'Dos estados: única alternativa'

El presidente de Israel, Shimon Peres, habla de su expectativa frente a la paz con Palestina, de la guerra en Siria y del rol regional de Irán.

El presidente de Israel, Shimon Peres, cumplirá 90 años el próximo 2 de agosto. / EFE
El presidente de Israel, Shimon Peres, cumplirá 90 años el próximo 2 de agosto. / EFE

“Sólo tengo un recuerdo: no olvidar el futuro. Todo lo demás es insignificante”. Shimon Peres no tiene tiempo para mirar atrás. A sus espaldas, nueve décadas de vida y 65 años sirviendo al Estado de Israel. Es un político que lo ha sido todo: varias veces ministro, en dos ocasiones jefe del Ejecutivo y, desde 2007, presidente y jefe de Estado de la nación. De puertas adentro se le reconoce haber convertido a Israel en una potencia nuclear y haber estabilizado y fortalecido la economía a mediados de los años 80 del siglo pasado. Para el mundo, es el padre y arquitecto de los acuerdos de Oslo, los cimientos del proceso negociador con los palestinos. Y a pesar de las muchas anécdotas que podría contar, al presidente Peres el pasado parece aburrirlo. “No malgasto el tiempo mirando atrás y recordando. Espero que mi momento de mayor orgullo llegue el día de mañana, cuando la paz llegue a mi país”, dice.

En los pasados meses, Peres se ha convertido en la voz de la conciencia de su país. La gran mayoría de políticos israelíes, sobre todo los que gobiernan en la coalición que lidera Benjamín Netanyahu, parecen vivir de espaldas a Cisjordania y al muro, al bloqueo de Gaza y los prospectos de paz. El presidente es una excepción. “Sólo la paz”, responde, cuando se le pregunta por su principal deseo al cumplir 90 años. “El problema es más psicológico que político. Es decir, hay que vencer el escepticismo”. Por eso ha decidido ayudar, con todo su empeño, al nuevo secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, en su intento de devolver a ambas partes a la mesa de negociaciones, sin precondiciones.

—¿Comparte usted el sentimiento de urgencia de Kerry?

—Siempre deberíamos tener ese sentido de urgencia por la paz, nunca deberíamos atrasar el poner un final al conflicto y a la guerra. Ahora existe una oportunidad para recuperar las negociaciones y no deberíamos malgastarla. No hay otra alternativa que la solución de dos estados.

Su nonagésimo cumpleaños es el 2 de agosto, pero Peres tendrá su gran celebración esta semana, con una conferencia titulada “Frente al mañana”, en la que participarán, entre otros, Bill Clinton y Tony Blair. Ha cumplido ya seis de los siete años de los que consta el mandato único de presidente, primero con Ehud Olmert como primer ministro, y luego con Netanyahu.

En los primeros años de la cohabitación con Netanyahu se vio a Peres como un contrapeso al primer ministro, un intermediario pacificador entre él y la comunidad internacional y, sobre todo, una barrera de contención frente a la Casa Blanca cuando las relaciones con Barack Obama tocaron fondo, durante su anterior mandato. El año pasado Peres aprovechó su cumpleaños 89 para tratar de calmar los ánimos justo en un momento en el que Netanyahu tañía los tambores de la guerra y advertía de la necesidad de atacar a Irán de forma preventiva, para evitar que alcanzara la capacidad de tener armas nucleares. “No podríamos hacerlo solos”, sentenció el presidente, provocando la ira de Netanyahu e iniciando un proceso de distensión.

—¿Qué otras opciones tiene hoy la comunidad internacional respecto a Irán?

—Irán es una grave amenaza, no sólo para Israel, sino para todo el mundo. Su ambición es la hegemonía sobre Oriente Próximo y el terror en todo el mundo. Las víctimas inmediatas del régimen iraní son los propios iraníes, son sus derechos humanos debilitados cada día. Mientras el régimen busca una bomba nuclear yerra en su deber hacia la gente que necesita comida y empleo, no uranio enriquecido. El presidente Obama lidera una coalición global comprometida con la defensa de la paz y la estabilidad en la zona. A ninguno de nosotros nos gustaría ver el uso de la fuerza y preferiríamos ver cómo las sanciones económicas y la presión diplomática ofrecen resultados, pero todas las opciones siguen encima de la mesa.

—¿Ha visto recientemente una mejora de las relaciones entre Netanyahu y Obama, sobre todo después de la visita del último a Israel hace tres meses?

—Le puedo decir que las relaciones entre Israel y Estados Unidos son excelentes. La visita del presidente Obama fue una bocanada de aire fresco. En ella mostró la profundidad de su amistad y la fuerza de su compromiso con Israel.

Peres advierte también sobre los riesgos de una posible implicación de Israel en el conflicto sirio. “Sólo tendría efectos negativos. No veo la posibilidad de que con ello salváramos a Siria o promoviéramos la paz”, dice. “No creo que Bashar al Asad pueda mantenerse en el poder; un líder que ha matado a tantas personas en su país no puede seguir sirviéndoles. Mi propuesta es que la Liga Árabe cree una fuerza de cascos azules, con el apoyo de Naciones Unidas, para acabar con el derrame de sangre y para crear un gobierno de transición”.

Admite que hay algo que en sus casi 90 años de vida no previó. Entre sus muchos sueños y aspiraciones desde que llegó a la Palestina del mandato británico en 1934, nunca soñó que en ella, dentro un Estado independiente, llegarían a vivir, un día, seis millones de judíos, el mismo número de personas de esa fe que perecieron en el Holocausto, en el que murió buena parte de su familia. Esa marca se rebasó en marzo, e Israel se convirtió en el país en que viven más judíos, superando a Estados Unidos. “La realidad es más grande que mi sueño”, dice. “Me arrepiento de que soñáramos en pequeño y de que hayamos acabado siendo mayores en nuestra realidad”.

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