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Dos historias de angustia, vergüenza y superación de la tartamudez

En el marco del Día Internacional Del Conocimiento de la Tartamudez.

Miguel Majuelos y Elizabeth Vega, dos historias de superación de la tartamudez. Tomada de www.abc.es

Este miércoles 22 de octubre se celebra el Día Internacional Del Conocimiento de la Tartamudez, que tiene como fin, concienciar y sensibilizar a la población sobre este trastorno comunicativo que muchas veces pasa desapercibido.

El ABC de España publicó historias de personas que han tenido que pasar por la angustia, vergüenza y superación de este problema. Coindicen, en que han tenido que demostrar más que el resto en una entrevista de trabajo, como si su dificultad supusiera tener menos potencial.

-Miguel Majuelos, ingeniero: "Mi éxito llegó cuando ignoré la tartamudez"

Miguel Majuelos recuerda que ha tartamudeado desde muy pequeño. A sus cuatro años ya les pedía a sus familiares que no le preguntaran tanto porque se atascaba en responder.

Su infancia fue tranquila, el ser tartamudo no la afectó. Sin embargo, su adolescencia fue complicada debido a su problema comunicativo que se transformó en una fobia social ya que sentía miedo de ser el centro de burlas de sus compañeros de clase, e incluso en las calles del pueblo en el que vivía.

Sus profesores nunca supieron manejar su dificultad: “Una vez en la Universidad, no me quedó otra que afrontar mi tartamudez de la mejor forma que se puede hacer, ignorándola”.

Y fue entonces cuando llegó su éxito. Miguel empezó a disfrutar su vida, logró terminar su carrera de ingeniería con un buen expediente académico, y consiguió un buen trabajo.

Su falta de fluidez no limitó su desempeño en el trabajo, y un año después de haber ingresado a la empresa lo nombraron jefe de equipo, labor que ha ejecutado durante seis años entre reuniones diarias y constantes llamadas telefónicas.

Actualmente está casado y tiene dos hijos que no heredaron su trastorno comunicativo además, ocupa el cargo de representante de la Fundación Española de la Tartamudez en Castilla y León, desde la cual se pretenden derriban todo tipo de barreras que impone la sociedad.

“Lejos de ser un problema banal, la tartamudez limita el acceso al empleo que, añadido a la propia fobia social que solemos sufrir las personas que tartamudeamos, nos margina y sume en una dura realidad. Esta marginación se incrementa en el ambiente escolar donde aún no hay un sistema adecuado de detección temprana y los niños son objeto de burla de sus compañeros. La formación de docentes, profesionales y padres es fundamental en nuestros retos”, señaló Majuelos.

-Elizabeth Vega: “Tuve que callarme porque no soportaba oírme”

Elizabeth Vega, de 27 años, es una peruana que vive desde hace 17 años en Madrid. De pequeña recibió atención logopédica para tratar los problemas comunicativos que tenía como los bloqueos al hablar y el pronunciamiento de algunas consonantes.

Fue hasta sus 11 años que empezó a preocuparse por su tartamudez, ya que esta se hizo más notoria cuando sus compañeros de colegio la usaban de burla.

Siempre se caracterizó por ser una alumna brillante, con mente combativa ante las injusticias, pero con bastante reserva cuando se le pedía que leyera textos en público, solicitud a la que ella se negaba así perdiera un punto extra en clase.

Solo hasta el día que tuvo que leer su texto sobre la desigualdad de la riqueza en el mundo, decidió vencer su miedo a la ridiculez y otras inseguridades. Leyó, tardamudeó, y volvió a su asiento temblando.

Cuando se refiere a la atención médica que ha recibido por su trastorno, expresa que ha sido “lamentable”. Para ella, el hecho que un joven asista al logopeda para vencer su miedo de tartamudear es una pésima idea, ya que aumenta la ansiedad y empeora las cosas.

“Muchos años han pasado y he pasado de todo: lo más doloroso sin duda es el saber que mi currículum y mi buena presentación de mí misma a veces no basta para ser tratada con igualdad en los procesos de selección laboral”.

Elizabeth ha contado con varios trabajos en su vida, pero sabe ha tenido que hacer más entrevistas que una persona que no tartamudee.

Reconoce su evolución en el proceso que ha tenido que afrontar para superar su dificultad. Entre sus depresiones, recuerda la que atravesó cuando fue despedida de un empleo, a tal punto que se bloqueó completamente. “Tuve una época de callarme porque no soportaba oírme”.

Con ayuda de la Fundación Española de la Tartamudez ha logrado sentirse cómoda con su trastorno. “Dejé de sentirme friki. Lo normal para una persona que tartamudea es tartamudear”.

Como producto de este proceso, logró rescatar su espíritu de ayudar a los demás y decidió estudiar Trabajo Social. “Puede parecer que atender personas es demasiado si tienes miedo a tartamudear…pero realmente es la razón perfecta para perderlo”.
Elizabeth aprendió que saber comunicar va más allá que el simple hecho de hablar.

No somos una broma. No somos un chiste. Somos personas que nos enfrentamos a la imagen satírica y abufonada del tartamudo”, puntualizó.

 

 

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2014-10-22T21:19:47-05:00

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Redacción Internacional

El Mundo

Dos historias de angustia, vergüenza y superación de la tartamudez

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