Duterte se "separa" de EE.UU. para unirse a China

Durante un evento en China, Rodrigo Duterte anunció su "separación" de Estados Unidos y su acercamiento hacia China, con la que recientemente sostuvo un enconado litigio fronterizo.

El presidente filipino Rodrigo Duterte (derecha) y el viceprimer ministro chino Zhang Gaoli. EFE

Ya es costumbre que el presidente filipino Rodrigo Duterte haga declaraciones casi que descabelladas y luego se rectifique. Durante un evento en China, Duterte anunció su "separación" de Estados Unidos, "militar y económicamente". Y luego se lanzó en los brazos de China: "Me he separado de ellos así que dependeré de ustedes por mucho tiempo". Pero no se quedó ahí. A renglón seguido, Duterte, cuestionado por su violenta campaña antidrogas, señaló que se había "realineado en su corriente ideológica", en referencia a los chinos, "y probablemente también acudiré a Rusia para conversar con (el presidente Vladimir) Putin y le diré que somos tres contra el mundo: China, Filipinas y Rusia. Es la única manera".

Pero cuando Estados Unidos le pidió que aclarara lo que había dicho, Duterte reculó. Bueno, él no, su gobierno. Primero fue el llamado de atención de Washington. El portavoz del Departamento de Estado, John Kirby, calificó sus palabras como "inexplicablemente contrarias a la estrecha relación que tenemos con el pueblo filipino, así como con el gobierno en todos los niveles, y no solo dentro de una perspectiva de seguridad". Y entonces vino la reculada: "Esto no tiene como intención romper nuestros tratados y acuerdos con los aliados, pero es una afirmación de que somos una nación independiente y soberana para encontrar un terreno común con nuestros vecinos amigos", tuvo que salir a decir su jefe de prensa, Ernesto Abella.

No obstante, hay elementos para pensar que Duterte sí piensa separarse de Estados Unidos, que no fue una equivocación y que las palabras de Abella son un torpe intento por calmar las aguas. Valga recordar que no hace un par de meses, Duterte llamó hijo de puta al presidente Barack Obama por sus críticas a su violenta campaña antidrogas, que ya ha cobrado la vida de unas 3 mil personas, y que ha sido cuestionada, a su vez, por la ONU y la Unión Europea. Duterte ha tomado varias medidas que han enfriado las relaciones entre Manila y Washington, estrechas desde el final de la Segunda Guerra Mundial, y se ha acercado a China. Lo cual, no obstante, es paradójico si se tiene en cuenta que no hace poco Filipinas y China sostenían un enconado litigio fronterizo por parte del mar de China Meridional.

A mediados de este año, el Tribunal de La Haya le dio la razón a Filipinas, quien reclama parte de este mar, que también es reclamada por China. Pekín hizo como si nada hubiera pasado y aunque Filipinas calificó el fallo como histórico, tampoco hizo mucho. Y entonces llegó Duterte al poder y empezó con su sangrienta lucha antidrogas. Y quien era su enemigo se convirtió, de repente, en su aliado. Y el tema del mar de China Meridional, tan sensible debido a la cantidad de petróleo y mercancías que pasan por allí y a las reclamaciones de tantos países que se ubican alrededor de esta región, pasó a segundo plano. De hecho, durante su visita a China, Duterte dijo que prefería aplazar esta discusión "para otra vez". Y China, por supuesto, se mostró maravillado.

Entendiendo, quizás mejor que Duterte, las implicaciones de las palabras del presidente filipino, la misma China salió a decir que esperaba que estas declaraciones no fueran tomadas como parte de una Guerra Fría. "No deberíamos tener una mentalidad de la guerra fría en las relaciones internacionales de hoy", aseguró una portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Hua Chunying. Pero esta lectura es inevitable y es que de hacerse efectiva esta "separación", Estados Unidos perdería uno de sus principales aliados en la región y China, en cambio, se fortalecería aún más. Con casi todos los líderes del mundo, Duterte se ha mostrado agresivo e incluso humillante, pero cuando se trata de los chinos, Duterte ha sido muy distinto e incluso ha olvidado enconados litigios que durante años enfrentaron a Pekín y Manila.