'EE.UU. no nos dará la espalda'

Elizardo Sánchez, presidente de la Comisión de Derechos Humanos de Cuba, analiza las negociaciones que comienzan entre Estados Unidos y el gobierno de Cuba.

Elizardo Sánchez, presidente de la Comisión de Derechos Humanos de Cuba. / Reuters

Hoy, después de más de medio siglo sin contacto diplomático, Cuba y EE.UU. se sientan a la misma mesa para hablar de sus lazos bilaterales. En La Habana, la delegación estadounidense estará encabezada por la subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson, y su contraparte será Josefina Vidal, directora de Estados Unidos de la Cancillería Cubana. El contacto, por demás histórico, buscará establecer una hoja de ruta que tenga como meta la normalización de la diplomacia entre quienes antes lucían como adversarios irreconciliables a pesar de estar separados sólo por 90 millas. El último resquicio de la Guerra Fría en el hemisferio occidental. (Vea: 'Obama ya no tiene nada que perder')

El avance de los diálogos presumiblemente podrá significar la reapertura de las sedes diplomáticas en cada una de las naciones y el establecimiento de un canal de comunicación directo. La reunión marca el principio de un camino que de seguro no resultará sencillo de descifrar por las diferencias ideológicas entre las partes, aunque los análisis políticos apunten a que el diálogo, en sí mismo, es ya el reconocimiento de la contraparte como interlocutor válido en materia diplomática, más allá de los capitalismos y los comunismos, los neoliberalismos y los socialismos.

El Espectador conversó al respecto con Elizardo Sánchez, presidente de la Comisión de Derechos Humanos de Cuba, y con Eduardo Gamarra, un experto en política estadounidense de la Universidad de la Florida (ver página 12). Sánchez analiza las conversaciones desde el prisma de la disidencia y llama la atención sobre la que a su juicio es la peor situación de derechos civiles de la región. Considera positivo el diálogo entre EE.UU. y Cuba, pero tiene pocas expectativas de que vengan cambios considerables pronto.

¿Qué puede mejorar o qué puede empeorar con el acercamiento?

La situación interna no puede empeorar, porque es difícil que sea peor de lo que existe. Sin embargo, el eventual restablecimiento de relaciones entre Washington y La Habana es un hecho positivo, aunque dudo mucho que vaya a tener un impacto a corto plazo en el mejoramiento de la situación de derechos humanos en Cuba.
Y la posibilidad de que el embargo llegue a su fin...

Eso sería a un plazo más largo. De inmediato, la política de embargo va a seguir en pie.

Pero ¿qué diría si pensara un poco más largo?

A largo plazo, creo, ni siquiera va a existir la dictadura actual. El régimen está en un fase terminal y no va a sobrevivir el paso del tiempo. La edad de los hermanos Castro es un factor, pero el régimen mismo está llegando ya a su año 56, por tanto es lógico, debido al desgaste sufrido por décadas de gobierno autoritario, que estemos ya en los años finales.

¿Por qué considera que la situación de derechos ha sido tan mala en Cuba y sigue siéndolo?

En Cuba seguimos teniendo, y así será por los próximos meses, la peor situación de derechos civiles y políticos en todo el hemisferio. El gobierno de Cuba viola todos y cada uno de esos derechos, incluyendo la libertad de expresión, de reunión, libertad de prensa, libertad sindical, libertad política...

¿Por qué cree que Washington accede a conversar con un gobierno que viola derechos como usted señala?

Es normal que los estados tengan relaciones diplomáticas y canales de esa naturaleza para resolver diferencias en una mesa de negociación. Eso vale para EE.UU. y Cuba, y eso vale también para Israel y Palestina, por ejemplo.

Hace días fueron liberados 53 presos políticos en Cuba por solicitud de Washington. ¿Cuántos de ellos quedan en las cárceles?

En enero han sido excarcelados solamente 39. Los demás, hasta llegar a la cifra de 53, habían sido excarcelados a lo largo de 2014, pero fueron incluidos en la lista negociada entre los dos gobiernos. Ahora estamos poniendo al día nuestra lista, pero estamos hablando de al menos medio centenar de presos políticos, incluyendo a los de condenas más altas y a los que el gobierno de Cuba considera sus peores enemigos.

¿Washington podría interceder por ellos?

Pues Washington no incluyó esos nombres, tal vez, porque sabe que el gobierno de Cuba no desearía excarcelarlos por ahora.

Por ahora, dice, pero ¿existe la posibilidad, la esperanza para las familias de los presos, de que las negociaciones puedan conseguir más adelante su liberación?

Es probable, porque han dicho que ese tema será tratado en un futuro. No obstante, va a ser complicado que el gobierno de Cuba acceda a excarcelar a esos prisioneros. Y digo excarcelar porque ninguno de esos 53 fue liberado plenamente. Sobre todo los 39 de enero, fueron excarcelados condicionalmente. No ha sido una libertad total. Están en libertad condicional, licencia extrapenal, cambio de medida judicial... Todas ellas suponen que están en la obligación de responder a cualquier convocatoria de los tribunales y la propia Policía.

Pero Washington querría corroborar que no estén presos...

Sí, Washington está al tanto y no considero que el gobierno de Cuba se arriesgue a encarcelar a alguno de ellos, aunque legalmente existe la posibilidad de que los encarcelen de manera administrativa y expedita.

Desde que Raúl Castro llegó al poder en Cuba ha hecho reformas económicas en materia de propiedad privada, concesión de pasaportes, etc., y ahora dialoga con el gobierno estadounidense. ¿Cree que podría pasar a la historia como un progresista?

No lo creo. Fidel y Raúl Castro son dos caras de la misma moneda. Y los que ha hecho el Gobierno en los últimos años, bajo la dirección de Raúl Castro, han sido cambios de poco calado, limitados, pero en ningún caso podrían ser llamados reformas por la poca profundidad y el carácter reversible de todos esos cambios. El Gobierno puede dar marcha atrás en alguno o en todos ellos.

Usted dice que los más violados en Cuba son los derechos civiles y políticos. En contraste, el Gobierno tiene triunfos en educación y salud. ¿Cómo hallar un punto medio para hablar de derechos?

Esas son características del modelo de gobierno de tipo estalinista, totalitario. Así ocurría en Europa del Este, antes de la caída del muro de Berlín. El régimen asegura determinados servicios básicos de educación, salud pública, etc., pero a cambio cobra un precio impagable para los pueblos: sus libertades.

Ahora que lo menciona, una de las señales que al parecer confirmaron la voluntad de diálogo de la isla fue la importante asistencia que brindó para la crisis del ébola. ¿Qué opina?

Eso fue gracias a cierta capacidad desarrollada por el gobierno de Cuba, a la asistencia de la Unión Soviética en el pasado para disponer de médicos y técnicos en el campo de la salud, y últimamente esa capacidad se ha reforzado por la enorme asistencia financiera de Venezuela, por la vía de los petrodólares.

¿En la comisión existe la preocupación de que el acercamiento entre EE.UU. y Cuba pueda disminuir las denuncias de Washington sobre las supuestas violaciones a los derechos?

Seguramente ahora, al tener un canal diplomático, Washington tendrá la posibilidad de exponer sus planteamientos por esa vía y luego, si no hay respuesta, tendrá que recurrir a otras estructuras. Van a tener relaciones diplomáticas normales como las tuvieron en su momento con China o Vietnam. Eso no es una novedad. El tema de las libertades del pueblo de Cuba concierne ante todo al pueblo cubano, y es el pueblo el que tiene que conquistar esas libertades. No pienso que la democracia estadounidense, como las otras de las Américas y el mundo, nos vayan a dar la espalda.

Dado el caso de que las conversaciones llegaran a determinar el fin del embargo a Cuba, ¿considera que podría darle nuevos aires al modelo cubano?

De pronto ya se han introducido ciertas reformas que alivian la política de embargo y ya habrá más comercio e intercambio entre los dos países, pero el embargo va a tomar tiempo para que sea levantado, porque está sujeto a una decisión del Congreso de EE.UU.

Los cambios anunciados por EE.UU. la semana pasada, como el permiso de comercializar ciertos artefactos tecnológicos y aumentar las tasas de las remesas que pueden entrar a Cuba, ¿podrían fortalecer la economía, brindar bienestar y generar aceptación entre la población?

Estas posibilidades van a mejorar la situación financiera y operacional del Gobierno, pero creo que la inmensa mayoría de la población cubana no está invitada a esa fiesta. Será un mejoramiento para el Gobierno, que se encargará, como hace siempre, de tomar ventaja de esta nueva situación.

 

 

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