Ejército iraquí batalla por erradicar la rebelión suní

Los ataques aéreos y las batallas de las fuerzas kurdas continúan en el norte de Irak.

AFP

Los bombardeos contra posiciones del Estado Islámico (EI) continúan en Irak, acompañados de choques sobre el terreno para frenar el avance yihadista sobre el Kurdistán, mientras la solución a la crisis política en Bagdad sigue en el aire.

"Esperamos órdenes para el siguiente movimiento. Somos soldados, si recibimos órdenes, atacamos. Si atacan ellos, contraatacaremos. Pero sin duda alguna limpiaremos la zona de yihadistas", aseguró a Efe el coronel kurdo Selim Surchi, alistado en el frente de Majmur.

El grupo radical EI está a 5 kilómetros de Majmur, al suroeste de Erbil, y, como aseguró el militar, cada día avanza más, a pesar de los bombardeos de la aviación estadounidense ordenados por Washington ante el peligro de que los yihadistas alcancen la región del Kurdistán.

Mientras en el norte de Irak continúan los ataques aéreos y las batallas de las fuerzas kurdas o "peshmergas" para recuperar el territorio que les fue arrebatado, este jueves el Ejército iraquí volvió al punto de partida de la ofensiva suní: la provincia de Al Anbar.

Los ataques aéreos y el lanzamiento de proyectiles de mortero sobre varios barrios de la ciudad de Faluya, en Al Anbar, en el oeste de Irak, causaron la muerte de al menos 15 personas, entre ellas una mujer y cuatro niños, y otras 17 resultaron heridas.

Al Anbar es considerada uno de los feudos de la insurgencia, ya que fue, en enero de este año, el escenario del inicio de la rebelión suní ante el creciente descontento con el Gobierno del primer ministro saliente, el chií Nuri al Maliki.

El EI, aprovechando la situación en la provincia para abrirse paso, se infiltró entre las protestas y las acampadas que se registraron en Al Anbar, lo que llevó al Gobierno iraquí a iniciar una campaña militar contra "los terroristas" en esa zona.

Hasta el pasado junio, el Ejército se centraba en recuperar el terreno arrebatado por los insurgentes suníes en las ciudades de Faluya y Ramadi, entre otros puntos de la provincia.

No obstante, a partir de entonces, al trasladar el EI los choques al norte iraquí, el conflicto adquirió una nueva dimensión, acentuada aún más con la declaración de un "califato" en los territorios yihadistas en Irak y Siria.

Durante las semanas inmediatas a la toma de Mosul, la segunda ciudad del país, las tropas iraquíes centraron sus esfuerzos en la protección de Bagdad, por temor a que los yihadistas la alcancen y se hagan con el control de la columna vertebral de Irak, pero ahora las batallas se dibujan en la mayor parte del mapa iraquí.

Mientras tanto, la crisis política que se pretendía solucionar con los comicios parlamentarios celebrados el pasado abril continúa sin probabilidades de un fin cercano.

Al Maliki, que este miércoles se aferró al poder y aseguró que sólo le apartará de sus funciones una decisión del Tribunal Supremo, este jueves se mantuvo en retaguardia sin hacer ningún movimiento político.

En cuanto a las nuevas autoridades, han preferido mantener silencio, dejando en el aire los próximos pasos que tomarán frente a la grave crisis política, que impide centrarse en solucionar el conflicto armado.

En otros sucesos este jueves en Irak, más de quince combatientes de EI fallecieron por bombardeos de la aviación iraquí cerca del aeropuerto de la localidad de Duluiyah, a unos 80 kilómetros al norte de Bagdad, según una fuente de seguridad.

Otros ocho yihadistas del EI perecieron en enfrentamientos con las tropas del Ejército en la zona de Al Azim, a 60 kilómetros al norte de la ciudad de Baquba, capital de la provincia de Diyala, al noreste de Bagdad, dijo a Efe una fuente policial de la localidad.

Ante este panorama, la comunidad internacional continúa alertando sobre la situación de los desplazados por el conflicto, y varios países han anunciado el envío de ayuda humanitaria a los refugiados en el norte de Irak, como los yazidíes en el Monte Sinyar.