El amor ganó

Con una histórica sentencia el Tribunal Supremo de Estados Unidos declaró legal el matrimonio homosexual en los 50 estados del país. Una victoria de décadas de activismo por parte de múltiples organizaciones.

Jim Obergefell da declaraciones mientras sostiene una foto de su difunto esposo, John Arthur.

La Corte Suprema de Estados Unidos declaró legal el matrimonio homosexual en los 50 estados del país, abriendo una nueva era en la que la unión entre parejas del mismo sexo dejará de ser un tabú para convertirse en un derecho, y dando un paso histórico para dejar atrás los tiempos en que la familia y el matrimonio sólo se podían concebir entre hombre y mujer.

La decisión de la justicia federal estadounidense marca una victoria de décadas de activismo por parte de movimientos a favor de los derechos de los homosexueales, que ya habían conseguido que 37 estados del país y el Distrito de Columbia reconocieran el derecho de las parejas del mismo sexo a casarse. Desde mediados de los 90, la lucha por la legalización del matrimonio gay empezó a aparecer con más fuerza en EE.UU.. En 2012 por primera vez un presidente estadounidense, Barack Obama, apoyó públicamente a la unión entre dos personas, sin importar su sexo. El tema se convirtió en una de las principales reivindicaciones del Partido Demócrata.

La Corte Suprema llegó a esta decisión mediante la sentencia sobre el caso Obergefell vs. Hodges, que llegó a esa instancia el 19 de noviembre de 2013. El caso es relativo a Jim Obergefell y John Arthur, una pareja del mismo sexo cuya historia se convierte hoy en un ícono:

En 1992 Jim Obergefell conoció a John Arthur, se enamoraron y formaron una pareja estable. Años después, Arhtur fue diagnosticado con Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) y su estado de salud empezó a deteriorarse rápidamente. Cuando la pareja decidió casarse, en 2013, Arthur ya había perdido la capacidad para hablar con fluidez y desplazarse.

Tenían el problema de que vivían en Cincinnati, Ohio, donde el matrimonio entre personas del mismo sexo no estaba reconocido, así que decidieron ir hasta Maryland –uno de los 37 estados en los que era legal el matrimonio homosexual- en un avión especial con equipos médicos. La ceremonia fue celebrada adentro del avión en el aeropuerto de Baltimore y Arthur estaba acostado en una camilla cuando la pareja intercambió sus votos.

De regreso en Ohio, sin embargo, el matrimonio no tenía validez alguna, debido a la prohibición vigente en ese estado. Ante la eventual muerte de Arthur, en su certificado de defunción y para los efectos jurídicos posteriores, aparecería legalmente como soltero. Así que se presentaron ante un tribunal y consiguieron una orden para que el matrimonio fuera reconocido y Obergefell apareciera como cónyuge sobreviviente. Pero este logro se borró cuando un tribunal federal de Apelaciones en Cincinnati sostuvo la prohibición al matrimonio entre personas del mismo sexo en Kentucky, Michigan y Tennessee. La pareja no abandonó su lucha y decidió acudir a la justicia federal y demandar al Estado de Ohio. En esta instancia, el caso se consolidó con por lo menos otros seis similares, bajo el nombre Obergefell vs. Hodges.

Arthur falleció el 22 de octubre de 2013 sin conocer la sentencia de la Corte, sin imaginar que el 26 de junio de 2015 pasaría a la historia como el día en que “el amor ganó”, como mencionó en twitter el presidente Obama. Según lo decidido por la Corte, bajo la 14ª Enmienda de la Constitución, todos los estados del país están en la obligación de reconocer y legalizar los matrimonios entre cualquier pareja, sea heterosexual, lesbiana, gay, bisexual o transgenerista. Los jueces Anthony Kennedy, Ruth Bader Ginsburg, Sonia Sotomayor, Elena Kaga y Stephen G. Breyer votaron a favor de esta decisión.

Tras conocer la decisión, Jim Obergefell compartió públicamente un pronunciamiento. Dijo que, 20 meses después de la muerte de su esposo, se siente honrado de hacer parte del paso histórico que da su país hacia la promesa de igualdad consagrada en su Constitución. “John y yo comenzamos nuestra lucha por una simple razón: Queríamos que el estado de Ohio reconociera nuestro matrimonio legítimo en Maryland en el inminente certificado de defunción de John. Queríamos el respeto y la dignidad para nuestra relación de 20 años, y mientras agonizaba de la ELA, John tenía derecho a conocer que su último registro oficial sería acertado. Queríamos vivir a la altura de las promesas que hicimos de amar, honrar y proteger al otro como una pareja (..) finalmente me puedo relajar, sabiendo que el estado de Ohio nunca borrará nuestro matrimonio del certificado de defunción de John, y mi esposo ahora puede, verdaderamente, descansar en paz”.

 

 

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