El amor en los tiempos de Maduro

Caterina Valentino, la presentadora de televisión que, por despertar rumores sobre su relación con Henrique Capriles, quedó atrapada en el terremoto político del país.

Caterina Valentino, presentadora del programa ¿Hay Corazón?. / caterinavalentino.com
Caterina Valentino, presentadora del programa ¿Hay Corazón?. / caterinavalentino.com

Caterina Valentino es una atractiva venezolana que según su biografía oficial nació un nueve de febrero en Venezuela. Sin más detalles sobre el lugar o año específico de su nacimiento, esta mujer que hoy por hoy está en el ojo del huracán político de su país, se define como una “hija de padres italianos con una familia numerosa”.

Esa misma ambigüedad que utiliza para describirse en su página oficial de internet, la tiene sumida en uno de los episodios mas duros de su carrera. Días antes de las controversiales elecciones presidenciales en Venezuela, que dieron la victoria por un estrecho margen al candidato del gobierno y autoproclamado “hijo de Chávez“ Nicolás Maduro, Caterina dio a entender que ella era la novia del candidato de la oposición Henrique Capriles, sin serlo.

Caterina, en su programa ¿Hay Corazón?, dijo que “había corazón con Henrique Capriles” y luego declaró sin más detalles y dejando espacio para la imaginación que ella era la compañera de sueños de Capriles. Algo que los medios de comunicación locales e internacionales aprovecharon para interpretarlo como la revelación de un romance de película.

Era realmente una historia atractiva: el, un David. Flaco, armado de carisma, promesas de campaña y mucha valentía. Frente a un Goliat, engordado con petrodólares, respaldado con la maquinaria chavista y letrado en insultos. Enfrentados en la primera campaña política después del inmortal Hugo Chávez. Y ella, una mujer bella, adorada por el pueblo cautivo de la televisión, que en Venezuela solo tiene respiros del gas tóxico político en los programas de humor, o como en el de Caterina, de temas rosa.

Los chismes tomaron fuerza con el silencio cómplice de las partes y convirtieron una simple declaración de televisión en una afirmación con tono de campaña. Ella se benefició de la popularidad del candidato con el respaldo del 49% de la población y el se quitó de encima a aquellos que lo acusaban de homosexual, como si eso fuera un insulto, o un pecado que pudiera ser usado en su contra en momentos de contienda política.

Pero lo que comenzó como una unión mediática de ensueño, ya va en una pesadilla. La semana pasada el ministro de comunicaciones de Venezuela, Ernesto Villegas, anunció una investigación contra el programa de Caterina en Televen por supuesta participación irregular de menores de edad. Según publicó el ministro chavista en Twitter, existen “múltiples denuncias por participación de niñas en el programa ¿Hay Corazón?” y mientras esta se realiza, el show quedó por fuera del aire.

Y es que el pasado 23 de abril el programa, normalmente presentado por adultos, tuvo frente a la cámara a menores de edad, algo que levantó las suspicacias del gobierno de Maduro.

En declaraciones a Noticias Caracol, Caterina dijo: “La verdad, esto es triste y complicado. Me afecta mucho pensar en mis técnicos y compañeros de trabajo. Yo espero podamos conversar porque más allá de mí, pienso en mi gente. Gente muy humilde que necesita trabajar”.

Todo esto ocurre a poco menos de dos semanas de que el propio Nicolás Maduro, dijera tras ser proclamado como Presidente electo, que había llegado la hora de que los medios de comunicación tomaran partido y definieran su posición política en contra o a favor de él. Entonces, el mandatario, en plena cadena nacional dijo que los que no lo acompañaran se enfrentarían a su rechazo, el de su gobierno y el del pueblo que, según él, lo legitima.

Es evidente que en este caso el presidente Maduro no es un aguas tibias. El cierre del programa de Caterina lo demuestra. La presentadora tomó partido, aunque antes del ultimátum, y el gobierno la está castigando.

Los medios en Venezuela están atados de manos. Informar balanceadamente es algo prácticamente imposible y más cuando las cadenas nacionales de la presidencia son utilizadas como silenciadores de la oposición. La semana pasada también el mundo fue testigo de cómo el Presidente Maduro interrumpió una rueda de prensa de Capriles, en la que hacía graves denuncias sobre el proceso electoral y pedía al CNE que cumpliera con lo acordado, con una cadena nacional, que se ordena con la facilidad que la ausencia de la división de poderes en una nación otorga.

Tampoco se puede pensar diferente al gobierno y expresarlo abiertamente. El que lo hace, inmediatamente se vuelve en objetivo del gobierno y por lo tanto es analizado hasta el más mínimo detalle para aplicarle todo el peso de la ley.

Por eso, el caso de Caterina es una señal clara para los medios en Venezuela. No hay espacio para la oposición. Si disientes, te callan y para hacerlo hay fuerza o dinero. En el caso la presentadora de ¿Hay Corazón? se aplicó la contundencia de la ambigüedad de la ley, que aplicada en países como Venezuela, hace rato también tomó partido.

 

*Director de Noticias Caracol.

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