El apoyo que no llegó

Tras la reunión con Mahmud Abás, presidente de la Autoridad Palestina, Juan Manuel Santos ratificó su postura de no apoyar la creación de un Estado palestino sin un previo proceso de paz con Israel. El líder árabe viajó a Venezuela.

Nada cambió, todo siguió igual. Ese podría ser el resumen de la visita del presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abás, a Bogotá. Tras una reunión en el Palacio de Nariño, el presidente Juan Manuel Santos afirmó una vez más que Colombia ve necesario un proceso de paz con Israel como el único camino para la constitución de un Estado palestino, “no por la imposición de unos votos o por una resolución, sino que sea producto de una negociación, pues es la única forma en la que se va a garantizar la paz”, dijo Santos.

Así que, en busca de cambios, lo más notable fue la decisión de Mahmud Abás de viajar a Caracas después de Bogotá, cuando se suponía que la última parada de su gira latinoamericana estaba en Colombia. Allí se reunirá con el presidente Hugo Chávez antes de viajar a París, donde tiene presupuestada una cita con el mandatario francés, Nicolás Sarkozy.

En sus declaraciones a la prensa, Abás le dejó claro a Santos que conseguir la aprobación para la creación de un Estado palestino en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no es un acto contra la paz y que, a pesar de las diferencias, el pueblo palestino seguirá siendo ‘amigo’ de Colombia.

Previamente a la reunión, el embajador de Palestina en Bogotá, Imad Nabil Jada’a, había dejado en claro que, más que cambiar la postura colombiana, la prioridad de la visita era analizar cómo podría Colombia contribuir a unas eventuales negociaciones con Israel, una invitación a la que la canciller María Ángela Holguín respondió afirmativamente: “Cualquier grano de arena que Colombia pueda poner en esta situación, lo hará con el mayor de los gustos”.

De la diplomacia palestina también se ha dicho que cuenta con el apoyo de 8 de los 15 miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y que necesita de un voto más para lograr el reconocimiento de su Estado. En su calidad de miembro no permanente del consejo hasta 2012, Colombia, con las palabras de Santos, rechazó la posibilidad de ser el “número nueve” y dejó en manos de Bosnia y Portugal, países que aún no expresan su posición, la concesión del voto restante.

De ser así, Estados Unidos, como miembro permanente, vetaría la iniciativa —decisión anticipada por el presidente Barack Obama, interesado en un acuerdo de paz—. Pero este podría ser un gesto que deterioraría sus relaciones con el mundo árabe.

No obstante, después de que Mahmud Abás abandonó Colombia y que la suerte estuviera echada con el país, es el momento de las preguntas y los balances. Marcos Peckel, profesor de la Facultad de Relaciones Exteriores de la Universidad Externado de Colombia, considera positivo que Abás haya venido y que Santos haya ratificado que el mejor camino para solucionar el conflicto palestino-israelí no esté en las votaciones, ni en la ONU, sino en una negociación de la paz.

De otro lado, el experto en Oriente Medio y profesor de la Universidad Javeriana, Víctor de Currea-Lugo, considera que el encuentro fue un fracaso porque la postura no cambió, no hubo sensibilidad colombiana. “Era de esperarse, pues Colombia carece de una política internacional autónoma e independiente, supeditada a la agenda de Estados Unidos. La aprobación de un tratado de libre comercio bien vale un voto en la ONU”.

Pero más allá de todo, ya no como un posible votante a favor en el Consejo de Seguridad, ¿podría Colombia contribuir a un proceso de diálogo entre Palestina e Israel?

No, asegura la analista internacional de la Universidad de los Andes, Arlene Tickner: “El gobierno de Santos está perdiendo la oportunidad de instaurarse en una discusión mundial, y si tiene pensado participar de alguna manera en un eventual proceso de paz puede que la decisión le juegue en contra, porque con su postura demuestra que no es un jugador imparcial”.

Sí, dice Marcos Peckel: “A Colombia le correspondió una coyuntura histórica importante como miembro no permanente del Consejo de Seguridad, y ahora tiene un papel trascendental apoyado por las buenas gestiones del presidente Santos y la canciller Holguín”.

Mientras Juan Manuel Santos y Mahmud Abás ofrecían su rueda de prensa, el Cuarteto para Medio Oriente —conformado por Estados Unidos, Rusia, la ONU y la Unión Europea— proponía, a través de la portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos, Victoria Nuland, que palestinos e israelíes se reunieran en Jordania el próximo 23 de octubre para retomar las negociaciones, suspendidas desde finales de 2009.

Ninguna de las partes se pronuncia todavía al respecto. Sin embargo, Víctor de Currea-Lugo considera que es poco lo que Colombia podría hacer: “No veo cómo Santos o Colombia puedan intervenir a ese nivel. En varias ocasiones el Cuarteto ha intentado reactivar el diálogo, pero los avances son escasos”.

La profesora Arlene Tickner considera que todo se debe a la diplomacia: “Los representantes de Palestina dijeron que buscarían el aporte de Colombia para no jugarse la carta de la petición de apoyo de una manera tan frontal, y las declaraciones han sido sobredimensionadas. Por su política exterior, Palestina no aceptaría nunca una mediación de Colombia”.