El arma secreta de Scotland Yard

Humza Arshad tiene 29 años y es uno de los “youtubers” más famosos de Londres. A través de risas y mensajes algo más serios trabaja para evitar la radicalización de los estudiantes.

Humza, su hermana y su hermano nacieron y crecieron en el sur de Londres, en un distrito llamado Streatham. Sus episodios han sobrepasado los cuatro millones de vistas en Youtube. / Timeless Media
En los últimos meses, cada vez que Humza Arshad ponía pie en un auditorio lleno de niños y adolescentes de escuelas de Londres el nivel de decibeles se iba al cielo. Lo aplaudían. Le pedían selfis. Lo aclamaban como si fuera una estrella de rock. Y no por su canto, porque de su boca no sale una sola nota musical afinada —al menos no es el talento que ha mostrado hasta ahora—: salen bromas. “Es joven como nosotros, no es un profesor parado ahí, gritándonos”, dijo uno de los estudiantes que estuvo en su show a la cadena estadounidense CBS. Es sencillo suponer lo que ellos, en sus uniformes, piensan al oírlo: “Por fin me habla alguien que entiendo”.
 
Él encarna el más reciente intento de las autoridades por acercarse a los jóvenes de las escuelas de la capital británica, especialmente a los musulmanes. Humza Mohammed Arshad es musulmán y es uno de los youtubers (alguien que sube videos a Youtube como profesión) más populares entre los jóvenes de Londres, sobre todo entre quienes, como él, son ingleses y a la vez profesan la fe islámica. Humza es el creador de Diario de un hombre malo (Diary of a Bad Man), un espacio que aprovecha para burlarse de todo estereotipo que conoce: ni su madre es sumisa, ni sus amigos son terroristas, ni su personaje es malo. Es más bien algo “caído del zarzo”.
 
Dispara chistes en todas las direcciones. En una ocasión un personaje suyo llamado Rupert Salami, un presentador de televisión que usa un horrible peluquín, notificó que la reina Isabel había sido obligada por los musulmanes a ponerse el velo musulmán, más conocido como hiyab, y acto seguido publicó una foto de ella usando uno de sus típicos pañuelos que le cubren la cabeza, igual que lo hace un hiyab. Sólo que el uso en público del velo islámico, y no los pañuelos de la reina, ha sido vetado en países como Francia o España. Otros chistes son más fáciles de entender: “Un viento musulmán ataca a una inocente silla”, señaló Salami hace poco.
 
Sus episodios ya sobrepasan las cuatro millones de vistas en Youtube. Fueron esos números los que convencieron a la famosa Scotland Yard de que este comediante podría ser un elemento fundamental para evitar la radicalización. Porque si algo visibilizó la masacre de Charlie Hebdo el pasado 7 de enero es que el número de jóvenes educados en suelo europeo que están siendo reclutados por grupos terroristas sólo crece. Los servicios de inteligencia estiman que más de 3.000 europeos se han unido a organizaciones terroristas como el Estado Islámico. Prevenir la radicalización no era su propósito inicial, pero Humza quiere seguir participando en este efecto colateral que ha tenido su show.
 
¿Por qué llegó Scotland Yard a usted?
Querían reforzar su trabajo en la prevención del terrorismo, pero no sabían cómo ir más allá. Se veían tan blancos, tan europeos… no había conexión con los chicos musulmanes. Vieron mis videos y les pareció que, aunque graciosos, tenían un mensaje serio.
 
¿Y cuál es ese mensaje?
Que si matas a una persona, a una sola, ante los ojos de Dios es como si mataras a toda la humanidad. Que el islam es paz.
 
¿Cómo es la rutina en las escuelas? 
Les muestro un video que hice sobre un supuesto primo mío que estaba a punto de ser reclutado y luego les pregunto tres cosas: ¿quién es esa persona que influencia a mi primo? ¿Qué preocupa a Humza? ¿Qué debería hacer Humza ahora?
 
¿Cuál es el resultado hasta ahora?
Fue tal el éxito que la Policía quiso repetir la experiencia y me pidieron hacer un tour: hicimos 60 shows de febrero a abril de este año. Ahora mismo estamos en conversaciones para ver si lo hacemos a nivel nacional y en el exterior.
 
La hermana de un amigo suyo fue reclutada hace unos meses por el Estado Islámico y se fue a Siria, ¿no?
Es cierto. Justo en el momento en que acordamos hacer el tour con la Policía, un amigo me mandó un mensaje de texto pidiéndome que viera noticias. Así fue como me enteré de lo que había pasado. Entendí que si les había sucedido a ellos, una familia normal, podía pasarle a cualquiera.
 
¿Le gusta hablarles a los estudiantes?
Me doy cuenta de que los chicos me admiran, de que soy un modelo a seguir para ellos, de que puedo hablar con ellos y aconsejarlos. Me siento muy agradecido porque puedo hacer algo por la comunidad.
 
¿Alguna vez lo ha amenazado el Estado Islámico? 
Hasta ahora, que yo sepa, no. Creo que la razón es porque siempre dejo claro que soy un comediante, no un político, y mi agenda es difundir un mensaje clave: el islam tiene que ver con la paz, no con la violencia. Asesinar en nombre de Dios no es islam.
 
¿Hay manera de calcular si sus charlas tienen un impacto sobre los chicos?
No sé si haya manera. Lo que sí sé es que he tenido la oportunidad de hablar e interactuar con más de 15.000 niños y jóvenes de la comunidad musulmana y he recibido un gran apoyo de su parte.
 
¿Los comediantes musulmanes, que se burlan hasta de su propia cultura, son comunes?
Quizá no hay muchos en el Reino Unido, pero sí los hay. En Youtube puedes encontrar muchos. Cuando empecé no conocía tantos, pero una vez me hice público muchas personas empezaron a montar sus cosas en Youtube también.
 
¿Cuándo eligió ser comediante?
Siempre quise ser comediante. Después de terminar el colegio ingresé a la universidad y me gradué en artes escénicas.
 
¿Hace cuánto se volvió “youtuber”?
Hace cinco años. Cuando terminé la escuela de teatro mis amigos estaban presentando audiciones y pensé que en lugar de seguir sus pasos podía hacer mi propia propuesta, algo creativo. Aunque, la verdad, cuando empecé a hacer Bad Man no pensé que a la gente le parecería gracioso.
 
¿Qué lo convenció de lo contrario?
Mi familia y mis amigos. Cuando monté el primer episodio mi hermano me dijo que lo estaban rotando por todas las redes sociales. Cuando me di cuenta, ¡el episodio tenía 5.000 vistas! O 5.000 personas lo habían visto o una sola persona le había dado “me gusta” 5.000 veces, pero igual eso me motivó.
 
¿Cómo era el proceso para hacer esos primeros episodios? ¿Quién le ayudaba?
La verdad, nadie. Hubo un verano que trabajé muy duro y con la plata que me quedó pude comprar un computador y una cámara. Entonces escribía los episodios y yo mismo los grababa y los editaba.
 
¿Cómo es su familia?
Mis padres son paquistaníes. Mi papá llegó a este país muy joven con un tío y no tenía nada; ha estado más de 40 años aquí y ahora es un exitoso hombre de negocios. Tiene una tienda de ropa y mi hermano menor le ayuda en sus negocios. De hecho, yo más o menos crecí en esa tienda, solía ayudar a mi papá. Se llama Bubblegum y acabo de empezar una serie en mi canal de Youtube que se llama igual, en la que hago el papel de mi papá. Muy chévere, ¿ah? Mi mamá ya se retiró, era profesora. Cuando era más joven le gustaban, como a mí, las artes escénicas, especialmente la danza. Mi hermana está en la universidad. Mis hermanos y yo nacimos y crecimos en el sur de Londres.
 
¿Qué significó el 11 de septiembre para usted?
Fue un período muy duro. Obviamente fue un suceso trágico, no sólo por lo que ocurrió ese día sino por todo lo que se vino después. Fue como si el dedo acusador estuviera siempre apuntándonos. La opinión de la gente sobre nosotros cambió y los medios no ayudaron porque nos volvieron el enemigo común, y no, resulta que eran unos tipos, ¡no todos los musulmanes! Yo no diría que sufrí en exceso, pero, definitivamente, crecer en el Reino Unido como musulmán sí fue más difícil.