El arzobispo Óscar Romero, a los altares

El papa Francisco aprobó el decreto que reconoce el "martirio" del sacerdote, asesinado en 1980, en "odium fidei", es decir, por "odio a la fe", por lo que podrá ser beatificado sin la necesidad de un milagro.

El Gobierno de El Salvador comenzó a trabajar con la Iglesia católica en los preparativos de la beatificación del arzobispo salvadoreño Oscar Arnulfo Romero, asesinado en 1980. El presidente salvadoreño, Salvador Sánchez Cerén, "dio instrucciones al secretario de Gobernabilidad y Comunicaciones, Hato Hasbún, para que coordine la conformación del equipo que trabajará junto con la Iglesia católica en la organización del acto donde será beatificado monseñor Romero, que está previsto se realice en El Salvador", informó la Presidencia en un comunicado.

El arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa, aseguró que “se ha hecho justicia con el pastor que en un momento muy crucial de la historia salvadoreña entregó la vida por ese pueblo”. El papa Francisco despejó el camino de su beatificación cuando firmó el decreto que reconoce el “martirio” que en 1980 sufrió Romero en “odium fidei”, es decir, que asesinado por "odio a la fe", por lo que podrá ser beatificado sin la necesidad de un milagro.

El Congreso de teólogos de la llamada popularmente "fábrica de Santos" ya había reconocido "unánimemente" su martirio y quedaba la decisión final por parte del "congreso de los obispos y de los cardenales". La declaración del "martirio" es decisiva para su beatificación, cuyo proceso se abrió en marzo de 1994 y tras concluirse su fase diocesana, que redacta el informe sobre la vida, en 1997 pasó a la Congregación de la Doctrina de la Fe para que diese su autorización. El proceso vivió una fase de estancamiento y sólo en 2005 la Congregación para la Causa de los Santos dio el visto bueno para que continuase, mientras que con la llegada del papa Francisco en marzo de 2013 se ha vivido una aceleración a la beatificación de Romero.

El arzobispo de El Salvador se caracterizó por defender a los más pobres y desprotegidos, fue asesinado el 24 de marzo por el disparo de un sicario, se cree que ordenado por un escuadrón de la muerte de la extrema derecha, cuando oficiaba misa en la capilla de un hospital para enfermos de cáncer, en los días previos al estallido del conflicto armado salvadoreño (1980-1992).

La voz de los desprotegidos

Romero fue considerado "la voz de los sin voz" por su defensa de los derechos humanos y sociales en los años previos a la guerra civil salvadoreña (1980-1992), quien en sus mensajes hacía constantes llamadas a la cordura en aquellos convulsos tiempos. Cayó por las balas de un francotirador el 24 de marzo cuando oficiaba una misa en la capilla del hospital de cáncer Divina Providencia de San Salvador. El hoy conocido como arzobispo mártir nació en Ciudad Barrios, departamento de San Miguel (este), el 15 de agosto de 1917. Fue el segundo de ocho hijos en el modesto hogar formado por Santos Romero y Guadalupe Galdámez.

A los 14 años ingresó al Seminario Menor de San Miguel, donde estudió durante seis años.

En 1937 ingresó al Seminario Mayor de San José de la Montaña en San Salvador, fue ordenado sacerdote en Roma el 4 de abril de 1942 y continuó en la capital italiana para hacer su tesis doctoral. Sin embargo, tuvo que volver a El Salvador debido a la Segunda Guerra Mundial. Fue ordenado obispo el 21 de junio de 1970 y nombrado, junto a monseñor Arturo Rivera y Damas, auxiliar del entonces arzobispo de San Salvador, monseñor Luis Chávez y González. Posteriormente fue nombrado obispo de la diócesis de Santiago de María, en San Miguel, cargo del que tomó posesión el 14 de diciembre de 1974.

De acuerdo con quienes le conocieron en aquel entonces, fue durante su labor como obispo de Santiago de María que Romero tomó conciencia de la realidad de pobreza de los campesinos salvadoreños. En momentos en que ya el conflicto social y político en El Salvador iba creciendo, Romero fue nombrado arzobispo de la capital salvadoreña el 23 de febrero de 1977. Pocas semanas después, el 12 de marzo de 1977, fue asesinado el sacerdote Rutilio Grande, con quien Romero mantenía una profunda amistad, crimen que le causó un gran impacto e influyó en su actitud ante el ambiente conflictivo que vivía el país.

Durante su gestión, Romero creó una oficina de derechos humanos en el Arzobispado de San Salvador y sus homilías dominicales se caracterizaron por las constantes denuncias contra los abusos de los militares y en favor de los campesinos y otros sectores sociales.

Finalizado el conflicto salvadoreño en 1992 con la firma de los Acuerdos de Paz, la Comisión de la Verdad que investigó los crímenes cometidos durante la guerra civil señaló al militar Roberto D'Aubuisson como uno de los principales autores intelectuales del homicidio del arzobispo.

Roberto D'Aubuisson, un mayor retirado del Ejército salvadoreño, fue el fundador de la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), actualmente partido en la oposición después de haber estado en el poder durante 20 años (1989-2009).

Sin embargo, el asesinato de Romero nunca fue investigado por instancias judiciales salvadoreñas y sigue en la impunidad, al igual que otros crímenes cometidos antes y durante la guerra civil.