El azote de la escasez

El desabastecimiento de algunos productos básicos ha marcado los últimos días del presidente Nicolás Maduro, quien hoy cumple un mes en el poder. El gobierno intenta dar respuesta, a la par que la gente trata de guardar provisiones.

Una de las filas de un supermercado de Caracas, donde los compradores apuntaron a la compra de papel higiénico.  / Reuters
Una de las filas de un supermercado de Caracas, donde los compradores apuntaron a la compra de papel higiénico. / Reuters

A un mes de arribo de Nicolás Maduro a la Presidencia de Venezuela, los temas políticos como el reconteo de los votos de las reñidas elecciones del 14 de abril, el reconocimiento del nuevo líder bolivariano como mandatario y la paralización de las actividades en la Asamblea Nacional (Congreso) pasaron a un segundo plano. Los asuntos económicos ocupan la agenda diaria. La preocupación de los venezolanos se centra en dónde y a qué precio ubicar los alimentos e insumos de la canasta básica. 

Reportes del Banco Central de Venezuela señalan que la inflación entre enero y abril de 2013 se ubicó en 12,5%, muy por encima de la meta estimada por el gobierno para todo el año de 14 o 16%. Y el índice de escasez superó el 20%, es decir, que de cada 100 artículos que buscan los consumidores, en los centros de abastecimiento del país, 20 no están disponibles a la venta.

Aun cuando los ministros de Economía —de Alimentación, Félix Osorio; de Agricultura, Iván Gil, y el de Finanzas, Nelson Merentes— han señalado que la desaparición de los productos de la dieta básica forma parte de un plan desestabilizador que busca afectar al nuevo gobierno, la escasez también ha llegado a la red estatal de distribución de alimentos. En los establecimientos de Mercal, Pdval y en los Abastos Bicentenarios tampoco hay abundancia. Y los mercados a cielo abierto, muy populares en la provincia venezolana, han reducido sus días de operación.

Arroz, harina de maíz, azúcar, café, leche en polvo, pasta, aceite, entre otros, son productos codiciados en toda Venezuela. En los grandes centros urbanos el gobierno y los empresarios privados mantienen ciertos stocks. “Descargamos mercancía, la poca que llega, y tratamos de que el mayor número de gente lleve algo para sus casas. Hemos limitado la venta hasta dos productos de la misma marca por persona; siempre hay quejas, pero se trata de que todos compren”, dijo a El Espectador Juan Carlos Marín, dueño de un supermercado en el centro de Caracas.

Advierte que con la limitación de las ventas se evita que “los vivos de siempre compren pacas (paquetes enteros) de mercancía. Muchas se las llevan a los pueblos de la provincia y a los barrios populares, en donde los precios se triplican. Esta escasez afecta a los más pobres”, reflexionó el comerciante. 

Y no sólo es en los barrios está la mercancía a altos costos. Un recorrido de El Espectador por el centro, este y oeste de Caracas evidenció que lugares de mucho tránsito de usuarios, como en estaciones del metro, hay harina de maíz, café, arroz, aceite, papel higiénico, azúcar, entre otros productos. Los costos duplican y hasta triplican el establecido por el Gobierno, en su férrea política de control de precios, impuesta en 2003. 

Para Carlos Hernández, vendedor informal, “trabajamos con lo que nos llega de los distribuidores, yo compro el kilo de leche más caro de lo que dice el gobierno. El precio de 6,50 bolívares (1,10 dólares) no existe, yo lo compro más caro y lo tengo que vender en 12 o 13 bolívares (1,9 y 2,0 dólares)”. Este colombiano de Medellín, quien trabaja por su cuenta en Petare, enclave popular al este de Caracas, asegura que “hay quien paga y hay quien se molesta, yo le digo que al que no le guste que le reclame a Maduro. Nosotros (los informales) garantizamos que llegue la comida sin que la gente se mate mucho buscando”. 

Una ama de casa, Elena de Marcano, residente de la Urbanización Maracacuay, de clase media y media alta capitalina, se quejó fuertemente de “lo que tengo que pasar para conseguir el café, la harina para hacer arepas y ahora el papel higiénico. Por principios no compro en buhoneros (informales) porque estoy segura de que son surtidos por el propio gobierno y porque son los peores especuladores. Varias amigas y yo hemos ideado nuestra ruta del café, que implica comunicarnos por celular, mensajes de texto y pin de Blackberry para buscar los productos a los precios regulados”. 

Sequía cambiaria 

El economista Benjamín Tripier señala que en Venezuela hay una mezcla de desabastecimiento y escasez, situación que ha potenciado la crisis actual. “Hay escasez cuando no hay producción local o importaciones de alimentos y de bienes prioritarios. La economía venezolana es netamente importadora y creo que ha faltado una buena planificación estratégica de lo que se debe traer al país en un año”, dijo el también socio ejecutivo de la empresa NTN Consultores. 

Explicó que los anuncios del gobierno de importar masivamente alimentos “son positivos, indudablemente, pero éstos deben responder a una solución estratégica a mediano y largo plazo. Seguramente en unos dos o tres meses, si el proceso es rápido, habrá gran entrada de productos importados e incluso sobreoferta, con riesgos de que se dañe alguna mercancía perecedera si continúan las fallas de distribución. El consumidor responderá comprando más de la cuenta, previendo otro ciclo de escasez, producto de la baja en las importaciones”, reflexionó Tripier. Sostiene que otro factor que frena la importación de alimentos, en especial al sector privado, es el de la sequía de dólares.

Desde hace diez años hay control de cambios en Venezuela y cualquier gestión que deba hacerse en moneda extranjera pasa por la autorización de la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi) y la liquidación de los recursos por parte del Banco Central de Venezuela. “No dudamos de la operatividad de Cadivi, es un esquema que tiene años funcionando, es un tema de implementación y de armonización de políticas. No sólo en el sector alimentos hay retrasos, es el sector salud, el industrial, el automotor”, advierte el economista.

Según datos de la Cámara Venezolana de la Industria de la Alimentación (Cavidea) la industria de la alimentación nacional también es víctima de la sequía cambiaria. Los dólares al tipo de cambio oficial, a 6,30 bolívares, no llegan con rapidez. Un reciente informe de la entidad señala que “la industria tiene un promedio de 230 días en espera para la aprobación de dólares. Además se presenta retraso en la descarga de mercancía de los puertos de hasta 30 días. Esto atenta contra la seguridad alimentaria”.

Más de lo mismo 

Recomendó el analista al gobierno de Maduro un golpe de timón al manejo de la economía. “No creo que decir que el sector privado es especulador y acaparador sea lo procedente, o que los medios de comunicación sean los responsables. Hay que fomentar la producción nacional de alimentos, pero esa es una medida a largo plazo que requiere políticas específicas. Mientras tanto, se debe resolver el problema coyuntural y tender puentes al sector privado para detectar problemas y resolverlos con rapidez. Maduro no puede responder con lo mismo de siempre a los problemas que hacen más compleja la gobernabilidad en Venezuela”.

Un mes en el Palacio de Miraflores

“Ataque económico”

Frente a la reciente escasez de alimentos, el presidente Nicolás Maduro ha asegurado que el país lo superará con ayuda del pueblo: “Estamos superando un ataque económico brutal (...), vamos a producir. En qué estamos fallando, para corregirlo”.

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