El bloqueo que dejó la tormenta

Las labores de rescate y asistencia humanitaria se ven complicadas en Filipinas tras el paso del tifón Haiyan. El Gobierno declaró el estado de calamidad, mientras las vías de acceso a las poblaciones afectadas se encuentran truncadas.

Una mujer espera al lado de su casa destruida en Tacloban, en la isla filipina de Leyte. / AFP

El tifón Haiyan ya se ha alejado lo suficiente de Filipinas, pero la calma parece aún una sensación difícil de encontrar. El rastro de los destrozos ha cerrado casi todos los caminos en las regiones afectadas: los árboles caídos bloquean las vías de acceso, los escombros de las casas destruidas obstaculizan la búsqueda de cadáveres y los equipos de rescate intentan trabajar sin las herramientas que suelen usarse en una emergencia como esta, porque la tormenta también los afectó. En la isla de Leyte, una de las más afectadas del archipiélago, salir a la calle es como caminar por el fin del mundo.

El bloqueo que dejó Haiyan es tal que la debacle eléctrica y las vías de acceso truncadas no le han permitido al Gobierno dar un parte oficial sobre el balance de la tragedia. Sólo se cuenta con las cifras que ha entregado el Consejo de Gestión y Reducción del Riesgo de Desastres Nacionales, que asegura que el conteo de muertos es de 255 y los desaparecidos son 38. Las previsiones, de otra parte, apuntan a que los números aumentarán colosalmente en las próximas horas y que muy posiblemente sean más de 10.000 los muertos. Todo esto sin contar con que los desplazados estarían cerca de los 620.000 y el total de afectados podría llegar a los 10 millones de personas, de acuerdo con los reportes de Naciones Unidas.

Como aseguró el coronel John Sánchez: “La única razón por la que no tenemos informes del número de víctimas hasta ahora es que las comunicaciones no funcionan”.

El presidente filipino, Benigno Aquino, declaró el estado de calamidad en el país y aprobó un presupuesto de cerca de US$25 millones para asistir a los damnificados. La medida, explicó el mandatario, es crucial en este momento para congelar los precios de los productos básicos y “evitar el abuso y el acaparamiento de productos esenciales”. En cualquier caso, el problema más grave en este sentido tiene que ver con los saqueos de casas destruidas y mercados: las escenas de asaltos de alimentos se han vuelto cotidianas por estos días. La alerta alimentaria se encuentra en el primer plano de las preocupaciones, los trabajos de la comunidad internacional se enfocan en llevar asistencia humanitaria a las regiones y asistencia médica para prevenir epidemias de enfermedades como el tétano.

Colombianos afectados

Dado que el reporte oficial de víctimas y estragos está en mora de aparecer, las delegaciones diplomáticas han intentado esclarecer el efecto de la tormenta para sus ciudadanos. El director de Asuntos Consulares de la Cancillería colombiana, Álvaro Calderón, en entrevista con Caracol Radio, informó que 82 de los 83 colombianos que se encuentran registrados en el consulado honorario de Manila (dependiente de la Embajada en Corea el Sur), ya fueron contactados. A pesar de que se declararon “afectados”, el reporte es de tranquilidad para sus familiares en Colombia.

La ciudadana restante es Lina Albaín Calle Palacio, originaria de Pereira, de quien hasta el momento no se tiene reporte. Según la información con que se cuenta, se trata de una mujer de 31 años casada con un ciudadano filipino que vivía en la localidad de Ordbok de la isla de Leyte, donde el huracán impactó de manera frontal con vientos de hasta 330 kilómetros por hora.

De acuerdo con Álvaro Calderón, “no vamos a parar de buscarla hasta que la encontremos, pues como lo mencioné hemos recibido el apoyo de las autoridades de Filipinas”.

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