El cazador de prorrusos

Igor Kolomoiskiy llamó al presidente ruso, Vladimir Putin, un “pequeño esquizofrénico”.

Un militante prorruso en la recién declarada República de Donetsk. / AFP

Igor Kolomoiskiy es un multimillonario ucraniano-israelí, miembro del prominente grupo Privat, que incluye al Privatbank, el banco más grande de Ucrania, así como varios bienes relacionados con la industria del petróleo, los alimentos, la agricultura, el transporte y los medios de comunicación. El mes pasado fue nombrado gobernador de la región industrial de Dnepropetrovsk por el gobierno interino de Kiev. Su táctica contra los movimientos secesionistas prorrusos es poner carteles de “se busca” y ofrecer recompensas para quienes capturen a sus militantes.

Desde que en marzo la península de Crimea declaró su independencia y se anexó a Rusia, los movimientos prorrusos y los nacionalistas han sido los actores de un conflicto que viene creciendo. Las fuerzas armadas oficiales de Kiev lanzaron un operativo “antiterrorista” para sacar a los prorrusos de varias instalaciones que se habían tomado en el Este del país; luego se firmó un pacto en Ginebra entre el gobierno ruso y las potencias de Occidente. Sin embargo, las milicias favorables a Rusia —y supuestamente apoyadas por Moscú— se niegan a desalojar edificios y plazas. Después del acuerdo de Ginebra se han registrado tiroteos entre estos movimientos y los nacionalistas —supuestamente apoyados por Kiev—.

Kolomoiskiy ofrece US$10.000 a quien capture un agente ruso y US$1.000 para quien aparezca con un rifle de asalto AK que haya sido utilizado por separatistas. Quien recupere una ametralladora pesada gana US$1.500. Por un lanzagranadas son US$2.000. Y si alguna de las instalaciones oficiales que se encuentran tomadas por los “hombres verdes” —como llama Kolomoiskiy a los prorrusos— es desalojada, el multimillonario donará US$200.000 a la comunidad local.

Los anuncios de estas recompensas han aparecido en Kiev y otros lugares del país y tienen un lenguaje que recuerda antiguas batallas: “$10,000 por un moskal”. Moskal significa proveniente de Moscú y así llamaban los ucranianos a los soldados del ejército imperial ruso en el siglo XIX. Hoy el término se utiliza en forma peyorativa para referirse a los rusos en general, por eso Kolomoiskiy ha tenido que aclarar que se refería sólo a los integrantes de milicias prorrusas.

A este magnate le alcanzaría el bolsillo para pagar las recompensas, incluso si fueran capturados los alrededor de 450 comandos subversivos rusos que hay en Ucrania, según Vasiliy Krutov, director de los operativos contraterroristas. Kolomoiskiy ocupa el puesto 28 entre las personas más ricas del mundo y es el tercero en su país según Forbes, con una fortuna de US$2.100 millones. No es la primera vez que ofrece dinero para recuperar la estabilidad de Ucrania —que le conviene, pues tiene allí casi todos sus negocios—: en marzo prometió donar US$25 millones a las fuerzas armadas oficiales en el Este del país. Según el diario británico The Guardian, el gobernador contribuyó con “varios millones de dólares” para comprar baterías de automóviles y combustible para el ejército.

Kolomoisky ya es conocido por usar métodos no muy diplomáticos para lograr sus objetivos. Entre varias acciones violentas que ha impulsado con fines económicos está la toma en 2006 de la fábrica de acero Kremenchuk, para lo cual contrató con su socio, Gennadiy Bogolyubov, a un grupo de matones que ingresaron en las instalaciones con bates de béisbol, pistolas de gas y de goma, barras de hierro y motosierras. Pronto la producción de acero quedó en manos del grupo Privat. Esta firma ha estado implicada en casos judiciales y procedimientos de arbitraje en EE.UU., Reino Unido y Suecia. En 2009, un tribunal estadounidense dejó clara su desconfianza hacia los representantes del Privat: “La Corte se ha vuelto cada vez más escéptica de estos caballeros y la credibilidad de sus declaraciones”.

Parte de la inconformidad de quienes iniciaron las protestas en Kiev a finales de 2013 era el alto grado de impunidad y corrupción en una esfera política que está permeada por intereses de los oligarcas del país y que generó la inestabilidad económica. Para entonces, esos manifestantes no imaginaban que, después de que el presidente Víktor Yanukóvich huyera a Rusia, Kolomoiskiy iba a ser nombrado gobernador de la segunda región con mayor poder industrial en el país.

Y no sólo Kolomoiskiy. Otro magnate fue nombrado por el gobierno interino como gobernador de Donetsk, una de la regiones donde los movimientos prorrusos son hoy más fuertes. Se trata de Sergei Taruta, director de ISD, una de las compañías mineras y de fundición más grandes del mundo, y también del Metallurg Football Club. Su fortuna está calculada en US$2.000 millones.

Kolomoiskiy está dispuesto a defender su región a toda costa: “Me gustaría advertir a todos los pequeños hombres verdes que, a diferencia de algunos otros, nosotros tenemos bolas, y si tratan de apoderarse de la seguridad del Estado y de los edificios de la policía, vamos a disparar a matar. Todo el mundo que quiera hacer la guerra en nuestra región debe saber que Dnepropetrovsk será un segundo Stalingrado para ellos, pero en esa lucha el pueblo de Ucrania va a ganar”.

Hasta ahora, el multimillonario ha demostrado en palabras que no tiembla a la hora de enfrentarse con Rusia. Días después de ser nombrado gobernador de Dnepropetrovsk tuvo un intercambio público de insultos con el presidente ruso, Vladimir Putin, al que llamó “un pequeño esquizofrénico, completamente loco en su intento de revivir el Imperio ruso de 1913 o la Unión Soviética”. A Putin, cinta negra en judo y presidente de una potencia nuclear, parece que no le gustan mucho los chistes sobre su estatura: “Este es un ladrón único”, replicó, y acusó a Kolomoiskiy de incumplir un contrato con el oligarca ruso Roman Abramovich después de recibir miles de millones de dólares en pago.

La tenacidad que muestra Kolomoiskiy puede entenderse no sólo desde su sentimiento nacionalista y sus intereses económicos, sino también desde su vínculo con la comunidad judía. Es presidente de la Comunidad Judía de Ucrania y también presidió el Consejo Europeo de Comunidades Judías. Seguramente lo inquieta que en los últimos días hayan aparecido panfletos en la ciudad de Donetsk, supuestamente repartidos por encapuchados con banderas de la Federación Rusa, que piden a los judíos mayores de 16 años registrarse en el edificio de gobierno —tomado por las milicias— y pagar impuestos especiales si quieren evitar su deportación. Estos panfletos despertaron muchas alarmas y reminiscencias del nazismo, aunque los movimientos prorrusos no se han atribuido la responsabilidad y han tildado el incidente como una provocación.

 

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@DanielSalgar1

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