El complejo sistema cambiario de Venezuela

La nueva reglamentación del gobierno de Nicolás Maduro libera la compra y la venta de dólares, pero conserva dos tasas de cambio adicionales. El Espectador consultó expertos para intentar comprender el funcionamiento de cada una.

Venezolanos frente a una oficina de cambio de divisas en Caracas. /AFP

 El sistema cambiario venezolano es calificado de engorroso hasta por los economistas locales. Dividido en tres tipos de cambio –anteriormente eran cuatro- ha sido uno de los puntos de la economía venezolana que más críticas ha recibido en estos días de crisis. Al limitado flujo de divisas que existe entre la ciudadanía y los controles estatales, se suma –o se sumaba según lo funcional que resulte la nueva decisión del gobierno- la imposibilidad de comprar y vender dólares de manera libre, lo que alimentaba cotidianamente un mercado paralelo (ilegal) de altos precios, que a su vez suplía la falta de agilidad generada por los trámites necesarios para el funcionamiento del mercado formal.

El gobierno de Nicolás Maduro anunció que ahora permitirá la compra abierta y libre de dólares, con un límite diario de US$ 300 diarios por ciudadano. Este tipo de cambio, que de acuerdo con las proyecciones se establecerá entre 150 y 180 bolívares por dólar, funcionará a través de bancos, casas de cambio y operadores de valores autorizados, en una red que constará de 3.792 puntos de atención a nivel nacional. La tasa seguirá siendo más alta de las tres existentes pero a priori parece afectar el mercado paralelo, pues el recaudo de los vendedores particulares ahora iría al Estado o por lo menos, lo obligaría a reajustar sus precios para ser ‘competitivos’.

Ante la complejidad del sistema cambiario que rige el país vecino, El Espectador consultó a Luis Oliveros, economista venezolano y máster en finanzas, que explicó el funcionamiento de las tres tasas vigentes.

La primera de ellas es la del mercado subsidiado por el Estado, regulada por el Centro Nacional de Comercio Exterior (Cencoex). La tasa que lo regula es de 6,3 bolívares por dólar y solo se aplica a las transacciones que tienen que ver con productos básicos. La importación de productos como leche, azúcar, medicinas de uso elemental y de insumos para la industria local gozan de esta tarifa preferente.

La segunda está determinada por el Sistema Complementario de Administración de Divisas (Sicad), que anteriormente estaba compuesto por dos tasas hoy fusionadas. Aquí el cambio se establece en un precio fluctuante de acuerdo con subasta que suele aproximarse a 12 bolívares por dólar; y con la reglamentación de hoy aplica para productos como champú, crema dental, pañales, etc. El envío de remesas a estudiantes venezolanos en el exterior entra en esta categoría. Del mismo modo, este precio también es el utilizado para los llamados “cupos de viajero”, los US$ 3000 dólares anuales que cada ciudadano tiene derecho a comprar anualmente por concepto de salida del país.

La última tasa ahora sería la libre, cuyo precio estará determinado por la oferta y la demanda, con una cifra inicial que oscilaría entre 150 y 180 bolívares por dólar. Esta regiría la compra y la venta de los 3.792 puntos habilitados para este fin, productos como pasajes aéreos y bienes de lujo.

Economistas como Luis Oliveros y Luis Mata Mollejas, presidente de la Academia de Ciencias Económicas de Venezuela, consideran que sería interesante para el país unificar la tasa de cambio para todas las operaciones, pero a la vez concuerdan en que el control del sistema cambiario le otorga al gobierno un poder político del que puede disponer. “Si eres empresario amigo del gobierno entras en el mercado subsidiado, pero si eres ‘enemigo’ entonces tal vez encuentren la manera de desplazarte a otra categoría”, sentencia Mata Mollejas. Por su parte, Oliveros considera de mucha importancia el control gubernamental de la tasa preferente, pues el precio más bajo posible para ciertas importaciones puede ser crucial para sus programas sociales en épocas electorales.

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