El conflicto de intereses de Clinton

Las millonarias donaciones del fundador de Pacific Rubiales a la Clinton Fundation habrían cambiado el parecer de la hoy candidata demócrata frente a la certificación de derechos laborales para avalar el TLC con Colombia.

AFPHillary Clinton fue secretaria de Estado de Estados Unidos entre 2009 y 2013.

Una investigación revelada esta semana por el International Bussiness Times pone sobre la mesa cómo la entonces secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton, hoy candidata a la Presidencia, habría favorecido a la petrolera Pacific Rubiales gracias a los vínculos entre su fundador Frank Giustra y la Clinton Global Foundation.

La investigación por parte del grupo de periodismo investigativo de dicho diario evidencia cómo la postura de Hillary Clinton en torno a la protección de derechos laborales y de sindicalistas en Colombia dio un giro de 180 grados a medida que el fundador de la petrolera canadiense, de inmensa presencia en nuestro país, se convirtiera en uno de los grandes donantes de la fundación filantrópica de su marido Bill Clinton.

Todo empezó meses atrás cuando un blog especializado en temas petroleros y de minería con sede en Perú, Inka Kola News, prendió las alarmas sobre los vínculos entre Giustra y la Clinton Foundation. Después el equipo se encontró con un reporte del Wall Street Journal que los hizo entender la seriedad de estos vínculos, explica a El Espectador Matthew Cunningham-Cook, uno de los tres periodistas del IBT autores de la investigación.

Desde que se firmó el tratado de libre comercio con Estados Unidos en noviembre de 2006 y su posterior ratificación por el Congreso colombiano el 4 de julio de 2007, distintas organizaciones defensoras de derechos humanos se opusieron al acuerdo debido a los repetidos abusos y a la violencia contra líderes sindicales en nuestro país. Las organizaciones de trabajadores de Estados Unidos, en especial la Federación Americana de Trabajo-Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO, por sus siglas en inglés), un electorado clave del Partido Demócrata, era su principal opositor, razón por la cual tanto Barack Obama como Hillary Clinton, en ese entonces precandidatos de ese partido a la Presidencia, se oponían fehacientemente al acuerdo. “Como lo he dicho por meses, me opongo al acuerdo con Colombia, votaré en contra de este y haré todo lo posible para que el Congreso rechace el tratado del libre comercio con este país”, dijo Hillary a la prensa el 9 de abril de 2008, dejando en evidencia la gran división con su esposo, el expresidente Bill Clinton, quien siempre apoyó irrestrictamente el TLC con nuestro país.

Un año antes de estas declaraciones, exactamente el 24 de julio de 2007, Pacific Rubiales, ya con operaciones petroleras en Colombia bajo el nombre de Petro Rubiales, anunciaba una donación de US$4,4 millones para la Clinton-Giustra Sustainable Growth Initiative (CGSGI), luego de que esta unión entre la Clinton Foundation y Frank Giustra, fundador de Pacific Rubiales, hubiese recaudado $440 millones de dólares para sus operaciones petroleras en los Llanos colombianos.

La relación entre Bill Clinton y Frank Giustra data de 2005, cuando el petrolero fue invitado por el expresidente a una visita privada a Kazajistán donde fue introducido al entonces presidente Nursultan A. Nazarbayev. En esta visita, Giustra logró un acuerdo de explotación de uranio por 450 millones de dólares que lo convirtió en uno de los mayores exportadores de este mineral en el mundo entero. Meses más tarde, según reportes del New York Times, Giustra donó US$31,3 millones a la fundación filantrópica de los Clinton. En septiembre del año siguiente el empresario canadiense organizó la fiesta de cumpleaños para el expresidente donde recaudó US$21 millones para su fundación filantrópica. Paso seguido se comprometió a donar US$100 millones más de sus futuras ganancias.

El primero de marzo de 2008, en un gala en un lujoso hotel en Toronto donde cantaron Elton John, Shakira, Norah Jones y Wyclef Jean, Giustra recaudó US$16 millones más, convirtiéndose en el segundo benefactor y recolector de fondos de la Clinton Foundation luego de Bill Gates.

Ya con la elección de Obama en el bolsillo y con su nombramiento como secretaria de Estado, Hillary Clinton cambió diametralmente su postura sobre el tratado de libre comercio con Colombia, así como su preocupación por la situación de los derechos de trabajadores y sindicalistas en nuestro país. Para entonces, Pacific Rubiales ya tenía un total de 7.135 hectáreas de exploración petrolera en Colombia y producía 73.000 barriles de crudo al día, según cifras de la misma firma canadiense.

En su primer viaje a Colombia como secretaria de Estado, en junio de 2010, Hillary dejó muy clara su nueva agenda en entrevista con medios colombianos: “Vamos a continuar trabajando para conseguir los votos necesarios para ratificar el acuerdo. Este es un tratado que favorece fuertemente los intereses tanto de Colombia como de Estados Unidos. Vuelvo llena de energía para iniciar una campaña intensa que nos permita conseguir los votos necesarios para que sea aprobado en el Congreso”, dijo la exprimera dama a escasos días de que las mismas organizaciones defensoras de derechos humanos que apoyaban su oposición al tratado con Colombia en el pasado, como Human Rights Watch, seguían alertando sobre los graves abusos a trabajadores y sindicalistas en nuestro país.

Meses más tarde, exactamente en julio de 2011, vendrían los hechos que pondrían a Pacific Rubiales en el centro del huracán en nuestro país, luego de que más de 600 trabajadores del Campo Rubiales desataran una revuelta acusando a la petrolera de abusos laborales y falta de condiciones dignas para trabajar. Hechos que fueron reportados por Paso International, organización defensora de los derechos humanos en Colombia, como anota la investigación del International Business Times, la cual denuncia que varios de los trabajadores de la petrolera canadiense fueron obligados a abandonar a la fuerza la protesta, algunos de ellos luego de ser encañonados por la Fuerza Publica, permitiéndoles retornar al trabajo solo cuando abandonaron sus intenciones de sindicalizarse.

En una carta dirigida al presidente Obama con copia a la secretaria de Estado, Richard Trumka, presidente del AFL-CIO, volvió a alertar de las repetidas denuncias sobre violaciones y abusos de Pacific Rubiales a sus trabajadores en nuestro país. Sin embargo, días antes la campaña para aprobar el tratado con Colombia había dado sus frutos, logrando su ratificación en el Congreso estadounidense el 10 de octubre de ese año.

Aunque el tratado de libre comercio con Estados Unidos de por sí no traía beneficios económicos directos a las distintas corporaciones extranjeras en nuestro país, como en el caso de Pacific Rubiales, sí le daba mayor capacidad de maniobra y mayores privilegios bajo el acuerdo bilateral, el cual amplió favorablemente los derechos de las multinacionales, como el demandar en tribunales internacionales legislación nacional que fuese en contra de sus intereses económicos.

En diciembre de 2011, añade la investigación, Hillary Clinton felicita públicamente a Giustra por su trabajo a favor de la paz en la gala anual del International Crisis Group en Nueva York. Dos meses antes del torneo de Golf de Pacific Rubiales en Bogotá, donde jugó el propio expresidente Clinton y donde se recaudó US$1 millón para Clinton-Giustra Enterprise Partnership, que anunciaba un proyecto de educación para población juvenil en Cartagena.

A pesar de que el tratado ya estaba ratificado por el Congreso estadounidense, faltaba un último eslabón para ponerlo a andar y era la certificación de protección de derechos laborales por parte del Departamento de Estado en cabeza de Hillary Clinton. A pesar de que un grupo de congresistas estadounidenses mandaron una carta abierta el 10 de abril de ese año al ministro de Trabajo de Colombia, en ese entonces Rafael Pardo Rueda, volviendo a llamar la atención sobre las denuncias de abusos de la petrolera canadiense con sus trabajadores, así como la impunidad sistemática en este tipo de denuncias en nuestro país, cinco días más tarde la secretaria de Estado emitiría la certificación en materia de protección a derechos laborales, cimentando el tratado bilateral entre los dos países.

Desde entonces le siguieron las certificaciones en 2013 y 2014, a pesar de que las denuncias sobre el mismo tipo de prácticas y abusos a los trabajadores siguieron en marcha. Desde 2011, añade la investigación, WOLA (Washington Office for Latin America) reportó al Congreso de los Estados Unidos, así como al Departamento de Estado, sobre las violaciones en contra de miembros sindicalizados de la USO en Campo Rubiales, en Puerto Gaitán. “A pesar de la existencia de un plan de acción laboral en el tratado, nuestras preocupaciones no han sido resueltas. Pacific Rubiales sigue violando los derechos de los trabajadores, así como ha impedido su sindicalización, y Colombia y las autoridades estadounidense han hecho muy poco para detener esto”, dijo al IBT Gimena Sánchez, investigadora de WOLA.

La investigación concluye diciendo que la certificación de la secretaria de Estado a Colombia en materia de derechos humanos permitió la llegada de mayores recursos para el Ejército colombiano, los cuales han sido claves para las operaciones de Pacific Rubiales en nuestro país. Como lo afirmó al IBT Neil Martin, director de PASO International, “el 80% de la seguridad de los pozos de Pacific Rubiales en Colombia se da con seguridad estatal, dedicada a proteger sus oleoductos e infraestructura”.

Matthew Cunningham-Cook, uno de los tres periodistas del IBT autores de la investigación, explica en comunicación con El Espectador que trataron en varias ocasiones de conseguir respuesta de la Clinton Foundation, así como de la oficina de la exsecretaria de Estado Hillary Clinton sobre esta investigación, sin éxito alguno. El único que respondió a las preguntas fue Peter Volk, asesor general de la petrolera canadiense, quien reiteró una vez más la postura de Pacific Rubiales sobre las acusaciones de abuso a sus trabajadores. “Pacific Rubiales es una compañía que respeta totalmente los derechos de sus trabajadores y exige a las compañías que nos prestan servicios hacerlo de igual forma tanto en Colombia como en cualquier otro país donde operamos”. Sin embargo, a la hora de hablar sobre las relaciones con Frank Giustra, quien tiene operaciones mineras de oro en México, cobalto en Camerún, platino en Sudáfrica y petróleo en Colombia, así como de sus donaciones a la Clinton Foundation y su injerencia en los programas de la petrolera de la cual es hoy inversionista, decidió guardar silencio. Hoy Pacific Rubiales Energy es la empresa privada más grande de extracción de petróleo y gas en Colombia, con un valor aproximado a los US$6,4 billones.

Si bien la prensa en Estados Unidos ya tiene los ojos puestos sobre las multimillonarias donaciones de Giustra, quien desde 2013 es miembro de la junta directiva de la Clinton Foundation, queda sobre la mesa un bochornoso conflicto de intereses que posiblemente tuvo la secretaria de Estados en sus certificaciones de derechos laborales necesarias para la ratificación del tratado de libre comercio de Colombia con Estados Unidos, hechos que la dejan en el ojo del huracán no sólo por las implicaciones éticas, sino políticas de la exsecretaria de Estado, justo ahora que acaba de lanzar su campaña por la candidatura presidencial para las elecciones de 2016.

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