El cuerpo del nazi que nadie quiere

Los restos del excapitán nazi Erich Priebke permanecen en un aeropuerto italiano a la espera de que se defina su destino.

Erich Priebke, excapitán de la SS, pasó sus últimos 15 años en prisión domiciliaria en Roma. / AFP

La historia de Erich Priebke aún no termina, así su vida se hubiese acabado el 11 de octubre pasado, el día en que se hizo público su fallecimiento en Italia a la edad de 100 años. Fue el final del último criminal nazi, un hombre que pasó su juventud como capitán de la SS y su vejez en el hogar de su abogado, Paolo Giachini, quien lo recibió para que pagara sus condenas en arresto domiciliario.

En cualquier caso, la estela que deja su muerte —más allá de las críticas de los familiares que, a pesar de las condenas, acusan más de 40 años de impunidad— no deja de estar en primer plano, esta vez por sus restos mortales. Su féretro se encuentra en el aeropuerto militar italiano de Pratica di Mare, a 30 kilómetros de Roma, a donde fue trasladado después de un funeral fallido en el municipio de Albano Laziale.

El cuerpo de Priebke llegó al aeropuerto militar cuando las críticas a la Iglesia arreciaban. Una comunidad católica ultraconservadora había promovido la ceremonia en Albano Laziale, pero después de obtener autorización del prefecto de Roma, Giuseppe Pecoraro, fue cancelada por él mismo como reacción a los duros reclamos de los familiares de las víctimas y residentes del municipio. Las situación mutó a la violencia cuando militantes de movimientos pronazis respondieron con disturbios a la cancelación del funeral.

Aun muerto, Priebke ha sido detonante de múltiples pasiones. Para sus más duros críticos, ya bastante condescendencia tuvo después de vivir 40 años indemne en Argentina, a donde huyó tras la derrota nazi en la Segunda Guerra Mundial. Luego de ser extraditado a Italia en 1995, el excapitán de la SS fue condenado por la masacre de 335 italianos —75 de ellos judíos— en la Fosas Ardeatinas, en marzo de 1944.

El prefecto Pecoraro, luego de cambiar de decisión, informó a la prensa que se habían establecido contactos con Alemania, el país de origen de Priebke, para ultimar el traslado de sus restos. Sin embargo fue desmentido desde Berlín, donde el Gobierno aclaró que no existe ninguna petición de este tipo de parte de las autoridades de Italia.

Mientras nada ocurre, el gobierno de Roma analiza la posibilidad de incinerar los restos, pero para ello se necesitaría la autorización de los familiares. Los llamados a dar este aval serían sus dos hijos. No obstante, uno vive en Estados Unidos y el otro en Argentina y ninguno tiene planes de viajar a Italia a dar la autorización. El único mensaje que enviaron fue para pedir que su padre “tenga derecho a un funeral católico y que sus restos mortales sean respetados”.

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