El descontento que Nicolás Maduro quiere ignorar

Aunque el chavismo desdeñe las movilizaciones opositoras y se niegue a ir a las urnas, no puede ocultar el gran malestar nacional. El 3 de noviembre las marchas llegarían a Miraflores.

Miles de venezolanos llenaron las calles de varias ciudades del país exigiendo el revocatorio y la solución a la crisis económica y social que vive el país.
Miles de venezolanos llenaron las calles de varias ciudades del país exigiendo el revocatorio y la solución a la crisis económica y social que vive el país.AFP

Si el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, no hubiera usado las instituciones a su antojo para impedir la realización del referendo revocatorio, ayer habría sido la primera jornada del proceso de recolección de firmas para convocar la consulta.

Quedó claro, con la decisión de suspender el mecanismo, que el gobierno es presa del miedo a someterse a las urnas porque quedarían en evidencia las dimensiones del descontento nacional.

Con lo que no contaban ni Maduro ni la línea dura del chavismo —que con el mal uso del poder imponen decisiones de dudosa legalidad— es que el malestar popular hoy desborda cualquier intento por ignorarlo o taparlo. La “Toma de Venezuela”, la marcha que ayer inundó las calles de varias ciudades del país y del mundo, les gritó a Maduro y su séquito: “No más”. Millones de venezolanos no sólo exigieron su derecho a decidir en las urnas sobre la continuidad del presidente, también gritaron que están cansados de hacer filas para conseguir productos básicos, de los altos precios, del desabastecimiento y de la inseguridad.

Aunque la oposición no pudo recolectar las firmas, con las marchas ratificaron el rechazo mayoritario al gobierno, al que según la encuestadora Datanálisis, seis de cada diez venezolanos están dispuestos a revocar.

“La fuerza de la oposición son los votos de la gente”, dijo a la AFP el politólogo Luis Salamanca, quien considera que la suspensión del proceso revocatorio “puso el conflicto político en un punto crítico”.

Así es, hoy la tensión acerca al país al abismo. La suspensión del revocatorio podría convertirse en la peor decisión de aquellos que temen perder el poder, pues aunque hoy lo celebren, podrían terminar pagando una factura muy alta.

“Si se cierra la puerta a una vía que pueda conducir a resolver constitucional y democráticamente nuestras diferencias como sociedad podríamos abrir una ventana hacia el precipicio de una confrontación con otras características (...). Hasta en el chavismo hay sectores que ven el referendo como una posibilidad incluso para la supervivencia de esa fuerza que hoy es gobierno, pero que en la realidad ha perdido gran parte del apoyo popular que atesoró Hugo Chávez. Pero parece estar prevaleciendo una línea dura, la de aliñar la actual crisis con el cierre de los caminos hacia la solución pacífica, y con otro ingrediente que en el pasado sufrió en carne propia parte de la dirigencia roja rojita: la represión”, advirtió en una columna en El Nacional Vladimir Villegas.

La oposición reacciona, presionada por el chavismo, que le cierra los espacios políticos: Jesús Chúo Torrealba, secretario ejecutivo de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), que convoca a los partidos de oposición, convocó una huelga general para este viernes. Pidió que todos los venezolanos se queden en sus casas como medida de protesta para exigir la restitución del hilo constitucional.

Por su parte, Henry Ramos Allup, presidente de la Asamblea Nacional, informó que se “declarará al presidente Nicolás Maduro en abandono del cargo” y, para notificarlo, marcharán el próximo 3 de noviembre hasta el Palacio de Miraflores.

Decisiones que escalan la tensión. Desde las trincheras del chavismo, Maduro convocó al Consejo de Defensa de la Nación, en donde denunció, otra vez, el “golpe parlamentario”, en referencia a un proceso de responsabilidad política que la Asamblea acordó iniciar en su contra. Algo que en la práctica no tendría por qué preocuparlo, pues fue él quien dejó a la AN sin poder.

Salamanca sostiene que en Venezuela “la cuerda se ha tensado, con riesgo de romperse. Es vital evitar que la confrontación escale a una confrontación con sangre. Si para algo puede servir el diálogo es para evitar eso”.

Un ingrediente que lejos de aliviar le añade más riesgo a la situación. El gobierno ha usado los intentos de diálogo a su antojo, cada vez que se le acaba el oxígeno, y la oposición no parece dispuesta a continuar con el “circo”, como lo llaman. Ayer confimaron que no irán a la Isla Margarita, en donde con la mediación del Vaticano se establecerían las condiciones de las conversaciones.

En medio de este panorama, la movilización popular y la desobediencia civil se perfilan como la única salida. Con todos los riesgos que esto implica.