El deseo de integración de los mandatarios de Unasur

La agenda de la cumbre de mandatarios de la región trató temas de movilidad de personas, proyectos energéticos, creación de un Tribunal de Justicia y del banco del sur.

/EFE

En un acto histórico, los presidentes de los países sudamericanos se reunieron en Quito para inaugurar el edificio que será la sede permanente de Unasur. Los expresidentes Chávez, Kirchner, Lula y el actual presidente de Ecuador, Rafael Correa, fueron los arquitectos de este sueño de libertad y de este nuevo eje geopolítico.

Conscientes de sus desafíos como el tema de “decisiones por unanimidad”, su agenda muestra un fuerte deseo de integración: la movilidad de personas, proyectos energéticos, la creación de un Tribunal de Justicia y del Banco del Sur, homologación de leyes que permitan a los ciudadanos del continente estudiar y trabajar.
En 2008, en Brasil se constituye la Unión de Naciones Suramericanas, representada por 12 Estados: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador. Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela. En esta ocasión, se previó la creación de una Secretaría General y una Sede Permanente.

Después de 60 años de la entrada en vigor del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), en 1948, en Río de Janeiro, Brasil propuso crear un Consejo de Defensa Sudamericano. El Presidente Lula lanzó esta propuesta el 4 de marzo de 2008, en plena crisis diplomática entre Colombia y Ecuador, provocada por la incursión militar de Colombia en este país. Según Susanne Gratius “aunque el conflicto bilateral fue una mala noticia para una región pacifica desde hace décadas, el ataque de militares colombianos contra las Farc en territorio ecuatoriano tuvo un efecto positivo: reactivó la capacidad regional de resolver sus propios conflictos. Por un lado, resucitó al Grupo de Río que facilitó una reconciliación entre las partes. Por el otro, el conflicto reforzó la necesidad de crear un órgano común de defensa y seguridad sudamericano.”

Es importante recordar que los dos instrumentos de defensa suscritos en la región: el TIAR “acuerdo de ayuda mutua en el caso de amenazas extrarregionales” y el Pacto de Bogotá de 1948 “soluciones pacíficas a conflictos en el hemisferio americano” han perdido peso y legitimidad.

A pesar de que Suramérica es considerada una zona de paz, este Consejo tiende a largo plazo disminuir la influencia militar de Estados Unidos en la región, detener la llegada de nuevas bases militares a la región y mayor transparencia en gastos militares.

La creación de un edificio inteligente de Unasur en la ciudadela de la mitad del mundo, envía el mensaje de que la región empieza a encontrar su sitio en la geopolítica mundial. En este día tan simbólico, se siente nostalgia de México -a pesar de no ser sudamericano- ¿quién podrá olvidar ese referente latinoamericano, por ahora involucrado en su mayor crisis institucional y muy lejos de UNASUR? México se retiró de la Asociación Latinoamericana de Integración -ALADI y además es la punta estratégica de la ASPAN- La Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte, lo que consagra la norteamericanización de su política exterior, iniciada desde la firma del TLC en 1994.

Un día inolvidable para América del Sur, aunque así como en los tiempos de Bolívar no todos los que están sentados en esta mesa, creen en UNASUR. Por esta razón, el esquema de decisiones por unanimidad puede ser más un instrumento de fragmentación que de unidad.

 

 

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