El drama de los que hacen nuestra ropa

Esta semana se cumplen dos años del colapso de un edificio en Bangladesh donde trabajan miles de personas en una fábrica textil. ¿Por qué no importa quién hace la ropa que usamos? Secretos sucios de una poderosa industria que mueve miles de millones de dólares al año.

En el delta del río de las Perlas, en China, se pueden encontrar 40.000 dedos mutilados cada año, producto de accidentes laborales, según lo cuenta la autora del libro ‘Stitched up’ Tansy Hoskin. En Bangladesh la situación es similar; esta semana se conmemoran dos años desde que un edificio en donde funcionaba una fábrica textil se derrumbara, dejando un saldo de 1.133 personas muertas y 2.500 heridas.

“El caso de Bangladesh llegó a los titulares de todo el mundo por su magnitud. Pero la realidad es que trabajadores están muriendo cada día en el proceso de hacer la ropa que está usted usando mientras lee este artículo”, explica la periodista Caroline Criado, en un texto publicado por el portal británico The Newstatesmen, en el que se pregunta por qué al mundo no le importa quién hace la ropa que todos usamos.

Criado trae a colación el informe “Sin aire por los jeans: los riesgos en salud que se corren en las fábricas chinas”, el cual publicó en 2013 un conjunto de ONG internacionales. En este documento, se citan testimonios de trabajadores que cuentan, entre otras cosas, lo difícil que es respirar en este tipo de empresas. El polvo de que se llenan sus instalaciones viene de trabajar la tela con arena para lograr en ésta el aspecto de usado. La práctica está prohibida, dice Criado, pero continúa realizándose a puerta cerrada y los trabajadores siguen muriendo de enfermedades respiratorias.

En Bangladesh también se han hecho estudios que han concluido que trabajadores textiles sufren de desórdenes en los músculos, en los huesos, o de hepatitis por beber agua no potable. La periodista recuerda, además, que días antes del colapso del edificio en ese país los trabajadores habían sido evacuados porque se habían hecho unas inspecciones, pero que al día siguiente llegó un grupo de gente a golpear a los trabajadores que se rehusaban volver a entrar al edificio.

Puede que algunos quieran esconder esta realidad detrás del costo de su ropa, explica la periodista, pero existe un debate en esta posición. Para resolver o minimizar esta situación, Criado resalta las opciones que existen para lograrlo. Si bien los códigos de ética de la moda solo hacen parte del 1% de las empresas, la atención debe estar enfocada en cómo se lidia con ese 99% restante.

“No existe duda alguna de que la regulación es crucial para cambiar las vidas de los trabajadores en Asia”, escribe Criado. Además de esta opción, existen organizaciones como ‘Who Made Your Pants’ (Quién hizo sus pantalones) que trabajan en pro de tener mejores condiciones laborales y de vida para los trabajadores de la industria textil.

Para Becky John, fundadora de esta organización que trabaja con mujeres refugiadas, el objetivo a largo plazo es cambiar la situación de toda la industria, mejorando su condición laboral. “Pero por ahora, lo que podemos hacer es poner el dinero en los bolsillos de las mujeres que no tienen mucho, darles trabajo para que puedan sostenerse. Eso también es importante”, añade John.

(Lea el artículo completo del portal británico The Newstatesmen) 

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