"El embargo debe seguir": disidentes cubanos en el congreso de EE.UU.

A pesar de las críticas que se escuchan de opositores cubanos al restablecimiento de relaciones entre la isla y Washington, la mayoría reconoce que es un paso positivo.

 La nueva relación entre Estados Unidos y Cuba, luego del anuncio de diciembre del restablecimiento de relaciones diplomáticas, ha sido objeto de intenso debate en ambos países. Esta semana, el Congreso estadounidense realizó una serie de audiencias analizando los pasos de la administración de Barack Obama en su acercamiento al gobierno de Raúl Castro. Para ello, la subsecretaria de Estado para América Latina, Roberta Jacobson, compareció ante un comité de legisladores tratando de explicar que EE.UU. no hizo concesiones a Cuba para iniciar la nueva etapa.

“Es crucial entender que realmente no hubo concesiones por parte de la administración (del presidente Barack) Obama”, dijo la funcionaria. “Avanzar en el establecimiento de relaciones diplomáticas no es un regalo o una concesión a los gobiernos, es un canal de comunicación”, añadió la diplomática ante la comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes. Y es que aunque la medida ha sido calificada como positiva por el 45% de los estadounidenses, según un sondeo de Associated Press-GfK, realizado el pasado 2 de febrero. Solo el 15% desaprueba la histórica decisión de Barack Obama. El apoyo crece a la hora de hablar del embargo, pues el 60% de los consultados coincide en que es hora de levantarlo.

Según le dijo a este diario el experto en Cuba Eduardo Gamarra, profesor de la Universidad Internacional de la Florida (FIU), incluso dentro de los partidos Demócrata y Republicano hay una división. Hay demócratas que no apoyan la medida (una minoría) y un grupo de republicanos que tampoco lo hacen. “Pero instituciones dentro del partido como Rand Paul, excandidato presidencial republicano, celebran el acercamiento y apoyan la idea del mandatario estadounidense de que es hora de un cambio.

En el Congreso, el presidente de la comisión, el republicano Ed Royce, denunció que las medidas de viajes y comercio son un "salvavidas" que aumentan el flujo de dinero para el "régimen" del presidente Raúl Castro. Pero Jacobson reiteró que no hubo concesiones y negó que Washington contemple la devolución de la base militar de Guantánamo o el cierre de las emisoras TV y Radio Martí, dos temas sensibles para La Habana. Según explicó Jacobson, el gobierno cubano ha planteado en las conversaciones la situación de las emisoras como "cosas que objeta" pero "no tenemos planes de cerrarlas". Radio y TV Martí fueron creadas a través de una ley en 1983 bajo la presidencia de Ronald Reagan.

Los disidentes

El turno de este jueves fue para los disidentes . Jorge Luis García Pérez, conocido como “Antúnez” dijo ante el pleno que gran parte de la disidencia considera el acuerdo como “una traición”. que atenta contra las aspiraciones de libertad del pueblo cubano. Desde que se hizo el anuncio, el 17 de diciembre, y el pasado 21 de enero, día de la primera cita entre los dos países luego de más de 50 años sin relaciones, la presidenta de las Damas de Blanco y otra parte de la oposición política de la isla se negó a reunirse con Jacobson como protesta.

En el Subcomité de Derechos Humanos de la Cámara baja estadounidense, Antúnez insistió en que Washington no puede decidir ni interferir de manera unilateral en las condiciones para lograr la libertad de los ciudadanos de la isla. "Estos acuerdos son considerados por un segmento vital de la resistencia Cubana como una traición a la aspiración de libertad del pueblo cubano. Son inaceptables para nosotros. Los principios y el derecho a la libertad de un país no son propiedad de ningún Gobierno, por poderoso o influyente que sea", insistió el activista.

Antúnez reiteró ante los legisladores que el esfuerzo internacional anunciado por los dos países para "dotar de algún tipo de evolución" al régimen de Raúl Castro, solo contribuye a respaldar un "fraude". "Esta idea es simplemente una farsa promovida por el régimen de Castro con el fin de perpetuarse en el poder. La dictadura de Castro no puede ser reformada, está basada en el rechazo a los valores democráticos y a todo lo que éstos representan", agregó.

No obstante, más allá del restablecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, el disidente cubano, que estuvo preso 17 años seguidos por su oposición al régimen, reconoció que el cambio en la isla puede estar "cerca".

Esta fue la tercera de las audiencias que ha celebrado el Congreso de EE.UU. Se espera que en los próximos días el debate continúe, pues figuras prominentes como Sara Fonseca, integrante de las Damas de Blanco aseguró que “levantar el embargo significa legitimar la dictadura, darle oxígeno para que continúen en el poder reprimiendo, encarcelando y asesinando”.
“La familia Castro es dueña de Cuba”, agregó.

Por su parte, la presidenta de las Damas de Blanco, Berta Soler, advirtió a los legisladores estadounidenses que cualquier concesión a Cuba debe ocurrir solo si hay cambios en la isla, como la legalización de partidos independientes y la celebración de "elecciones democráticas"

Firmeza desde la isla

Gamarra le explicó a El Espectador que esta no es la primera vez que los dos países se acercan y que depende de los Castro que todo funcione. Algo que hoy es todavía incierto. Opiniones como el diario oficial Granma hacen pensar a muchos hasta dónde está dispuesto a llegar el gobierno cubano para normalizar las relaciones. El periódico instó a los cubanos a no “ser ingenuos” ante EE.UU. y mantener la "firmeza" ideológica. "Ahora, sencillamente, cambia el escenario y son otros los matices, lo cual exigirá serenidad y reflexión de nuestro pueblo, pero a la vez mantener, ante el nuevo proceso que se inicia, la firmeza que nos ha caracterizado siempre", dijo el periódico del gobernante Partido Comunista (único).

"No podemos permitirnos ser ingenuos frente a los actuales retos que tenemos por delante e ignorar la naturaleza que ha distinguido las relaciones entre los dos gobiernos; mucho menos obviar el hecho de que se pretende, desde territorio norteamericano, erosionar la institucionalidad revolucionaria a través de métodos diferentes, cuyas bases fundamentales están ahora en los terrenos ideológico y cultural, sin abandonar el afán de conducirnos al colapso económico", indicó Granma.

Aunque la Asamblea Nacional de Cuba (Parlamento) apoyó las medidas, existen sectores que tampoco le apuestan a que las relaciones se restablezcan pronto. De hecho voceros en Estados Unidos, congresistas como el demócrata Patrick Leahy, han pedido paciencia. Aseguran que más de 50 años de pésimas relaciones no se solucionarán en un mes. Gamarra apunta en el mismo sentido diciendo que “Obama no podrá hacer mucho en los dos años que le quedan de la presidencia, cosas como levantar el embargo pueden demorar mucho tiempo, pues depende del Congreso (de mayoría republicana) pero sí tomará medidas que aliviarán la situación de miles de cubanos.
Algo que ya pasó. El pasado 15 de enero, la Casa Blanca emitió un marco normativo que reduce las restricciones para viajes a Cuba: aumenta los límites de las remesas, permite a los bancos estadounidenses establecer cuentas en instituciones cubanas, facilita los servicios de telecomunicaciones con la isla y permite la exportación de teléfonos celulares y otros equipos.

“Estos cambios permitirán inmediatamente a los estadounidenses ofrecer medios para impulsar a la población cubana a volverse menos dependiente de la economía estatal y ayudar a facilitar nuestra creciente relación con el pueblo cubano”, señaló el portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest.

Pie de foto: Desde la izquierda, los disidentes cubanos Jorge García Pérez "Antunez", Berta Soler y Sara Fonseca, durante la audiencia en el Subcomité de Derechos Humanos de la Cámara baja estadounidense, en Washington.

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