El enemigo de ‘la casta’

Pablo Iglesias, secretario general del movimiento Podemos, renueva su protagonismo ante la posibilidad de que sus aspiraciones políticas tomen tintes de realidad.

Pablo Iglesias tiene una larga tradición en movimientos de izquierda. / AFP

Desde todos los frentes lo han tildado de antisistema: los políticos de los partidos tradicionales, los analistas de derecha, centro e izquierda, los periodistas de los grandes medios... Para cierto sector de la sociedad española, Pablo Iglesias tiene desde ya el potencial de la debacle que acarrea cualquier cambio político profundo, la posibilidad de que si su movimiento, Podemos, sigue ganando adeptos sea el culpable de todas las desgracias: desde una profundización definitiva de la crisis hasta una nueva eliminación en primera ronda de la selección de fútbol en el Mundial de Rusia 2018.

El diario El País le preguntó al respecto. “Llamarle a uno antisistema es poco menos que decir: tú eres un delincuente que quema cajeros automáticos. No, nosotros no lo hacemos. El delincuente es el que privatiza la sanidad y cierra escuelas”. Así respondió Iglesias, el secretario general de Podemos, el eurodiputado y hoy, con poca cabida a las dudas, el profesor de ciencias políticas más célebre de la Universidad Complutense de Madrid. Entonces, dice, “la crisis terminará cuando el miedo cambie de bando”.

¿Qué es el miedo? No se trata aquí del cuestionamiento de un viejo maestro de la guerra a un joven aprendiz de infantería. No, desde hace más de cuatro años, en España, el miedo se define en cifras: más de 8 millones de parados (gente sin trabajo), una tasa de desempleo juvenil (menores de 25 años) que llega al 53%, una deuda pública que el último año se estableció en el 96% del PIB y los miles de desahuciados que entraron con los ojos vendados a una burbuja de especulación inmobiliaria que tarde o temprano tenía que reventar. El miedo hoy se posa sobre esa gran masa de españoles que son el alma del territorio. Por eso Iglesias no se guarda nada: “Hemos tenido la campaña electoral más eficaz. Algunos confunden burocracia y eficacia. Confunden que manden más los banqueros que se reúnen con Rajoy (el presidente) que los ciudadanos”. “Hay que arrebatar el término patriotismo a los patriotas de pulserita rojigualda que luego venden la soberanía y cierran escuelas y hospitales”. Y para no dejarlos por fuera, un saludo a los conservadores: “Me sorprende la derecha española, que el domingo va a misa después de haber ido de putas el sábado”. También le dicen populista.

En abril de 2013, Pablo Iglesias entró a las “grandes ligas” de la política, es decir, a la televisión. Desde sus redes sociales era un asiduo comentarista de los programas de opinión que transmitían las cadenas nacionales. Comentarios certeros, mordaces, claros, brillantes, ingeniosos. Hasta que a fuerza de tuits y posts, evidencias de una rigurosa preparación académica claramente inclinada hacia la izquierda, por fin fue invitado a uno. Fue tertuliano de El gato al agua, de la cadena Intereconomía, y después las demás cadenas y los demás programas quisieron tenerlo allí sentado. Un profesor de estilo descomplicado y pelo largo, abogado y doctor en ciencias políticas, buena y pedagógica retórica, buenos argumentos, buen contradictor, buen rating.

Con su imagen arriba y con un grupo de académicos de la política de izquierda, por fin el movimiento Podemos vería la luz y un ascenso meteórico les entregaría cinco escaños en el Parlamento Europeo en las legislativas continentales de 2014. El movimiento organizó la mesa que habían dejado servida los indignados del 15-M (2011) y capitalizó sus postulados atacando la dependencia de España de las políticas económicas de la Eurozona, mayormente dictadas por Alemania, y sus planes para salir de la crisis con la austeridad: esa estrategia que toca a pequeños y medianos pero apenas roza a los grandes. Y a los grandes y políticos del Partido Popular y el Partido Socialista Español, Iglesias comenzó a llamarlos “la casta”. A su favor cuentan el 22% ascendente de intención de voto para las elecciones generales de este año.

Su imagen es la de un ciudadano de la clase media, del “mileurista” que dona casi el 70% de su sueldo como diputado a su movimiento, que critica a quien lo merezca porque no tiene deudas burocráticas y que aparentemente sabe interpretar los tiempos de la política: en la víspera de la victoria de la coalición de izquierda Syriza en Grecia, Iglesias apareció en Atenas para levantar lo brazos junto a Alexis Tsipras. Hoy Tsipras es primer ministro y los analistas en España se plantean si Podemos alcanzará tal punto. ¿Podrán?

 

 

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