El escape del contorsionista

Semidesnudo, descalzo y con la cabeza entre las rodillas estaba Gavinson García dentro de una maleta con ruedas.

Así, el homicida con habilidades de contorsionista pretendía escapar del complejo penitenciario Yare II de Caracas, Venezuela.

Susana Blanco, de 22 años, fue quien durante una visita le ayudó a García —su novio— a meterse en la maleta para ir de vuelta a casa.

El teniente coronel Rafael Rodríguez, de la Guardia Nacional Bolivariana, encargado de la custodia del penal, dijo que la mujer recibió de García 7.000 bolívares (US$1.100) por sacarlo de la prisión y que pagó 20.000 más (US$3.175) a otros presos “para que facilitaran la fuga”.

En un escalón del área de prevención de Yare I, cuando ya se aproximaban a la salida, uno de los guardias vio el esfuerzo físico que hacía Blanco para subir la maleta y la obligó a que la abriera para revisarla. Fue entonces cuando apareció García, doblando sus 1,60 metros de estatura, y su hazaña se frustró.

A partir del hecho, el Ministerio de Servicios Penitenciarios de Venezuela prohibió el ingreso de visitantes con maletas a las prisiones.

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