¿Por qué el Estado Islámico asume la matanza de Orlando?

Hasta ahora los investigadores no han encontrado lazos entre los extremistas y el asesino Omar Mateen. Una nueva forma de reclutas del terror.

Asistentes a una vigilia en honor a las víctimas de la masacre. / EFE
Asistentes a una vigilia en honor a las víctimas de la masacre. / EFE

Dice el filósofo francés Philippe-Joseph Salazar, en un ensayo excepcional sobre yihadismo (Palabras armadas, Anagrama) que “los videos y textos que el califato lanza a la red no tienen el objetivo de hacer propaganda a gran escala (...), de persuadir masivamente”. ¿Cómo funciona ese material?, se pregunta Salazar. “Es una cuestión de estética”. Esto es, influir con sensaciones fuertes que lleven a oír, ver y obedecer. Sepa uno árabe o no entienda ni una palabra —hay versiones en muchos idiomas—.

Con la información hasta el momento disponible sobre Omar Mateen, de 29 años, el autor de la matanza en Orlando, el patrón terrorista seguido pertenece más al mundo de la estética, de la imitación inspirada en el grupo terrorista que gobierna actualmente el yihadismo global, el Estado Islámico o Isis. ¿Por qué asume esta organización la autoría? De nuevo, por inyectar a sus acólitos sensación, impacto. Y aprovechar la oportunidad para sumar una nueva matanza.

Dista un gran mundo entre el nivel de entrenamiento y organización de la célula que atentó en París y Bruselas y la naturaleza del ataque perpetrado por Mateen. Que se sepa, los hombres de Abdelhamid Abaoud fueron reclutados, entrenados y enviados desde Siria a atacar la tierra europea del “infiel”. Salvo excepciones, como los hermanos El Bakraoui, que atentaron en la capital belga sin poner un pie en el autoproclamado califato, la mayoría de los asaltantes a las órdenes de Abaoud pasaron tiempo en Mesopotamia. Como mostraron las imágenes difundidas por el EI, llegaron a estrenarse incluso en la decapitación de rehenes. Formaban parte de lo que los expertos en el fenómeno yihadista llaman unidad de operaciones en el exterior del EI. Recibieron órdenes. También los hubo que pasaron por Siria, pero atentaron en el exterior. Es el caso de Mehdi Nemmouche, autor del ataque en el Museo Judío de Bruselas, en mayo de 2014.

El asaltante del club gay de Orlando pertenecería a una tercera categoría, la de los que simplemente se inspiran en el modus operandi de Isis y, tras expresar su bayah o juramento de lealtad en el primer sitio que encuentran —Mateen lo hizo llamando al 911—, cometen una matanza. Un patrón muy similar al seguido por los terroristas de San Bernardino (California). Base teórica hay bajo el sello Isis: en una de las primeras muestras del esfuerzo de internacionalización del grupo, en septiembre de 2014, su portavoz, el sirio Abu Mohamed al Adnani, llamó a matar donde fuera a ciudadanos de los países que formaran parte de la coalición organizada en su contra con EE. UU. a la cabeza. Recientemente incitó a hacer lo mismo aprovechando el Ramadán. El grupo ha consolidado una suerte de pasarela del terror, del asesinato indiscriminado. Basta jurar lealtad para convertirse en miembro y ver cómo el impacto se multiplica.

Aymenn al Tamimi, uno de los mayores expertos en el EI, con acceso a cientos de documentos filtrados de la organización, menciona la figura del lobo solitario, informa Ángeles Espinosa: “Parece más probable que sea obra de alguien que juró lealtad al Estado Islámico como parte del ataque; mientras el ataque tenga éxito en alguna medida y la persona proclame fidelidad, el Isis puede atribuírselo”.

Mateen no era, sin embargo, un extraño para el FBI. Fue investigado en 2013 por amenazar a sus compañeros de trabajo, ante los que defendió que pertenecía a una organización terrorista. Un año después también se siguió la pista de sus vínculos con Moner Mohamed Abu Salha, alias Abu Hurayra al Amriki (“el Americano”), terrorista nacido en Florida que murió en atentado suicida en Siria en mayo de 2014. El buró tuvo constancia de algún contacto entre ambos, pero no sustancial.

Abu Salha, eso sí, fue uno de los primeros norteamericanos que prestaron su rostro para hacer propaganda yihadista desde Siria. Llamó a la adhesión de compatriotas para la causa a través de videos y fotografías en las que aparecía sonriente. Entonces, aún no proclamado el califato, su afiliación era para la rama siria de Al Qaeda, el Frente Al Nusra.

Ya son dos los órganos de propaganda del Isis que han asumido el ataque en Orlando. Primero fue la agencia Amaq, brazo mediático que informa a través de las redes casi en tiempo real de lo que pasa en el califato y sus provincias. En uno de sus mensajes más pobres en detalles afirmó estar detrás del ataque al club gay. Como en otras ocasiones en las que el Isis se quiere apuntar el tanto, la agencia recoge información general en la prensa y la sintetiza en un mensaje breve, con gran efecto multiplicador entre sus acólitos en la red. Luego, el boletín periódico del grupo terrorista, Al Bayan, se pronunció en el mismo sentido.

La red es, como analizaba el think-tank estadounidense The Soufan Group, el principal foro de reclutamiento entre los radicales norteamericanos y, probablemente, el que movió a Mateen. De acuerdo con The Soufan Group, la mayoría de los cerca de 250 ciudadanos con nacionalidad estadounidense que han viajado a hacer la yihad a Oriente Próximo en los últimos meses se han servido de las redes sociales, a diferencia de los europeos, más proclives al cara a cara con reclutadores y proselitistas.

La excepción en EE. UU., que ha alertado a las autoridades, es la célula de Minnesota, de la que fueron condenados el 3 de junio tres norteamericanos de origen somalí. Estaban acusados de apoyo a organización terrorista y conspiración para cometer atentado. El cabecilla, Abdi Nur, logró viajar a Siria en junio de 2014. Parece que Omar Mateen, el asaltante de Orlando, tampoco siguió esta estela yihadista.