El Estado Islámico vuelve a aterrorizar a Irak

La mayoría de las víctimas son chiítas iraníes que regresaban a su país tras visitar la ciudad santa de Kerbala.

Las víctimas eran en su mayoría chiítas iraníes que visitaban Irak. / AFP
Las víctimas eran en su mayoría chiítas iraníes que visitaban Irak. / AFP

El Estado Islámico volvió a atacar: un camión bomba, ubicado junto a una gasolinera en Al Hala, al sur de Bagdad, estalló, acabando con la vida de por lo menos 75 personas. En un comunicado, ese grupo yihadista se atribuyó el ataque, al que calificó como una “operación de martirio”.

La mayoría de las víctimas eran chiítas iraníes que regresaban a su país tras visitar la ciudad santa de Kerbala, a los que el Estado Islámico se refirió como “visitantes renegados”. La explosión causó también una treintena de heridos y daños considerables a los edificios alrededor de la gasolinera.

Al parecer, el suicida responsable del ataque siguió a la caravana hasta que se detuvieron a tanquear y a hacer compras. Fue entonces que decidió detonar la carga explosiva que llevaba, aprovechando que en el lugar no había vigilancia.

Los peregrinos celebraban el Arbain, fecha que marca el final de los 40 días de luto con los que los chiítas conmemoran la muerte del nieto de Mahoma, el imán Husein, ocurrida en 680, a manos de Yazid I. Un asesinato que divide desde entonces a sunitas —como los del Estado Islámico— y chiítas.

Los primeros apoyaban a Yazid I y estaban en contra de que el legado de Mahoma quedara en manos de sus familiares. Mientras que los chiítas creían que Ali —primo y yerno de Mahoma y, a su vez, padre de Husein— debía ser su sucesor.

Se trata de una disputa de casi 1.300 años y responsable de mucha de la violencia en Medio Oriente. Por ejemplo: de las tensiones entre Irán, de mayoría chiíta, y Arabia Saudita, de mayoría sunita.

Este año, pese a la inseguridad que se vive en Irak, unos 20 millones de musulmanes, muchos de ellos iraníes, decidieron viajar a Kerbala a visitar la tumba de Husein. Y fueron recibidos pronto por EI.

El pasado 14 de noviembre, ocho personas murieron y seis quedaron heridas, tras un ataque suicida en Ain al Tamer, una población cerca de Kerbala que en agosto de este año había sido escenario de otro ataque terrorista, en el que murieron 18 personas y 26 quedaron heridas.

Y el pasado 23 de noviembre la violencia se trasladó a Bagdad, donde siete personas murieron y 18 quedaron heridas por cuenta de varios ataques perpetrados por EI en contra de los “apóstatas”. Se trataba de un sangriento preludio para el ataque de ayer en Al Hala.

Pero no es sólo un ataque a la comunidad chiíta por cuestiones religiosas. Este atentado se produce en momentos en los que las fuerzas iraquíes se encuentran a punto de retomar el control de Mosul, en manos del EI desde 2014. Los yihadistas se encuentran cercados y a punto de perder al que durante dos años fue su bastión en Irak.

En el comunicado en el que se atribuyó el ataque en Al Hala, el EI amenazó a los chíitas, asegurando que las llamas de la batalla de Mosul les “alcanzarán” en Bagdad, Kerbala y Nayaf, ciudad sagrada para los chiítas debido que allí se encuentra la tumba de Ali.

Los chiítas han sido claves en la retoma de Mosul como parte de la coalición contra EI y por ello este grupo yihadista se ha ensañado con ellos. De hecho, el primer ministro iraquí, Haidar al Abadi, se reunió ayer en Mosul con los jefes de las milicias chiítas conocidas como Multitud Popular.

Con ellos discutió sobre cómo expulsar al EI de esta región. Mientras tanto, las fuerzas iraquíes siguen avanzando. La aviación iraquí destruyó ayer entre 35 y 40 cisternas llenas de combustible para EI.

A su vez, las fuerzas iraquíes irrumpieron ayer en el barrio de Al Zuhur, al este de Mosul, y acabaron con la vida de 12 miembros de EI, entre ellos, un combatiente sirio. Así lo informó el subcomandante de las Fuerzas Antiterroristas, Abdel Wahab al Saadi.

De la misma forma, detuvieron a un jefe de EI y derribaron tres aviones que el grupo radical utilizaba para inspeccionar la zona y localizar.

Y, en medio de las operaciones, retomaron el control de 120 edificios del complejo de apartamentos Al Karama, en el barrio de Al Jadraa, al oriente de Mosul.

Al Abadi no se refirió al ataque en Al Hala. Quien sí lo hizo fue su vicepresidente, Osama al Nayifi, quien condenó el atentado en un comunicado en el cual afirmó que “el terrorismo, otra vez, tiene como objetivo a ciudadanos inocentes. Lo que confirma su brutalidad y su lejanía de cualquier valor”.

Al Nayifi calificó el ataque como “cobarde” y dijo que esto “confirma su derrota, por lo que necesita matar a ciudadanos desarmados”.

Por cuenta de los combates, unas 60 mil personas han salido de Mosul, generando una crisis humanitaria, entre otras, por la falta de alimentos. De acuerdo con la ONU, casi la mitad de los desplazados son mujeres y niños “sobrevivientes de abusos sexuales u otras violaciones de sus derechos humanos”.

En un comunicado del pasado 17 de noviembre, varias agencias de la ONU describieron las precarias “condiciones que padecen” estos miles de desplazados, “como la destrucción de infraestructuras civiles básicas, escuelas y hospitales, plantas energéticas y los daños a las redes de suministro de agua potable”.

Ante esta situación, la coordinadora humanitaria en Irak, Lise Grande, sostuvo “que se trabaja a la mayor celeridad junto a las autoridades iraquíes para ayudar a la población”.

Cerca de perder Mosul, y cercado en Siria, el EI ha tratado de responder como mejor lo sabe: a punta de terror. Al igual que Adolfo Hitler, que cuando se vio derrotado, arremetió contra los judíos, de esa misma forma el EI se ha ensañado con los chiítas en respuesta a la contraofensiva en su contra. Ese grupo ha sido atacado ya varias veces este año: en Irak, en Yemen, en Afganistán, en Pakistán.

No se descarta, entonces, que conforme vayan cayendo sus bastiones, el EI arremeta con una mayor violencia: que esto sea apenas el inicio de un nuevo baño de sangre.

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