El final del “culebrón” de los debates entre Clinton y Trump

Que el 8 de noviembre se van a robar las elecciones, se ha convertido en el nuevo mantra del candidato republicano, Donald Trump.

Hillary Clinton y Donald Trump durante su tercer y último debate en Las Vegas (Nevada). / AFP

La estrategia es vieja: decir que va a haber fraude cuando las encuestas ya lo dan a uno como perdedor. Y eso es precisamente lo que el candidato republicano Donald Trump ha venido haciendo, sobre todo desde hace un par de semanas, cuando empezó a caer en las encuestas por sus recientes escándalos. (Vea acá el especial ELECCIONES EN ESTADOS UNIDOS 2016)

“De importancia crítica”, “claves para el futuro del país”, “momentos decisivos para la campaña”... Así describían los analistas y expertos políticos los debates entre los candidatos a la Presidencia de Estados Unidos, porque explicaban, “podrán exponer sus planes de gobierno y dejar de lado los ataques bajos que han caracterizado esta atípica carrera”. (Lea: Lo que dejó el tercer debate entre Clinton y Trump)

Eso decían hasta el primer cara a cara entre la demócrata Hillary Clinton y el republicano Donald Trump, que terminó con una lluvia de acusaciones y sin ninguna exposición de temas claves. Después del encuentro del 26 de septiembre, en la Universidad de Hofstra (Nueva York), que batió récords de audiencia, los debates presidenciales se convirtieron en un reality-show.

Muchos votantes, a través de redes sociales, catalogaron estas transmisiones televisadas como “un culebrón”, “una telenovela”, pues para lo único que sirvieron fue para conocer los secretos sexuales de los candidatos y, de paso, de sus parejas. Los ingredientes, de acuerdo con los tuiteros, para un culebrón de alto rating, pero de nulo contenido. “Un evento que hasta hace cuatro años era de interés para toda la familia, tuvo que ser limitado por los padres a sus hijos, pues sólo tienen sexo, mentiras y videos”, explicaba a la prensa Wallace Daniels, analista de medios.

Algo grave en el país que más ve televisión y en el que los debates tenían trascendencia. Basta recordar tres encuentros que lograron cambiar el resultado final de una elección: en 1960 el dominio telegénico de John F. Kennedy sobre Richard Nixon le ayudó a ganar la Presidencia. Quienes oyeron el debate por radio, le dieron su voto a Nixon. En 1980 Ronald Reagan —quien llegó al debate frente a Jimmy Carter rezagado en las encuestas— terminó ganando por sus respuestas serenas. Y en 2000 Al Gore, el más seguro ganador hasta ese día, se mostró en la transmisión soberbio y molesto. Eso le hizo perder su ventaja frente a George W. Bush, quien terminó derrotándolo en las urnas.

El tercer encuentro Clinton-Trump, anoche en Las Vegas (Nevada), comenzó como el primer debate serio en el que los candidatos tocaron temas serios como el aborto, la migración, las armas, la seguridad, entre otros. Trump mantuvo su discurso contra los migrantes, los tachó de delincuentes y ratificó que construirá el muro. Hillary fue clara en que defiende el aborto y la Segunda Enmienda, pero aclaró que debe haber un control sobre quienes poseen las armas.

Sin embargo, se confirmó que el límite de la paciencia y el buen comportamiento de Trump es media hora: después de ese tiempo comenzó a atacar a Clinton con los mantras que ha repetido hasta la saciedad durante la campaña: “Ella es una mentirosa”, “no ha hecho nada en 30 años que lleva en lo mismo”, “es la persona más corrupta”, etc.

El tema que puso en problemas la campaña de Trump en las últimas dos semanas, las acusaciones de acoso sexual, salió en el debate, al igual que su evasión de impuestos y sus comentarios desafortunados sobre las mujeres.

Sobre las quejas de Trump, que durante los últimos días ha insistido en que las elecciones están “manipuladas”, el moderador Chris Wallace, de Fox News, le preguntó si aceptaría el resultado del 8 de noviembre. “Lo miraré en su momento”, respondió. Y acusó a Clinton de estar detrás de los ataques en su contra en lo que llamó “una campaña sucia”.

¿La campaña más baja de la historia estadounidense?, como reconoció Trump. Analistas coinciden en ello. Los dos aspirantes son los candidatos más impopulares de tiempos recientes y llevaron su enfrentamiento a las cloacas. “Nunca hemos visto algo como esto”, dijo Allan Lichtman, profesor e historiador de la American University a la AFP.

“Nos hemos habituado a todo esto”, escribió Richard Cohen en su columna en el diario The Washington Post. “Las mentiras, las volubles definiciones del sexo... el mal gusto de todo, la desaparición de la línea entre lo privado y lo público”, agregó.

Trump, sin embargo, sorprendió porque no reaccionó a todas las provocaciones de Clinton. Guardó silencio cuando ella le dijo que “Donald sería el peor presidente de la historia”.

Trump aseguró que la Rusia de Putin, la Siria de Al-Asad e Irán están ganándole la mano a Estados Unidos por el “estúpido” liderazgo que hay en Washington, en el que incluyó a Clinton.

Las encuestas no se atreven a pronosticar el final del reality en el que se convirtió la campaña, aunque sondeos on-line señalaban anoche un triunfo de Hillary Clinton en el tercer debate. “Pero todos sabemos cuántas veces Trump fue considerado una pieza descartada, sólo para ver luego su retorno”, señaló a la AFP el analista Larry Sabato, de la Universidad de Virginia.

 

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