¿Por qué el gobierno francés está en crisis?

La política de austeridad europea auspicida por la canciller alemana, Angela Merkel, por la Comisión Europea y por el Banco Central Europeo está causando graves estragos en Francia.

Angela Merkel. /EFE

Todo comenzó en abril de este año, cuando el gobierno del presidente francés, François Hollande, presionado por Bruselas y por Berlín, anunció el endurecimiento de las políticas de austeridad para reducir el déficit. El mandatario francés había nombrado hacía casi un mes a su nuevo primer ministro, Manuel Valls, con la intención de que el político anunciara las polémicas medidas que pretendían ahorrar 50.000 millones de euros en tres años.

La situación tenía al socialismo en uno de sus momentos más difíciles con bajos históricos en las encuestas. Sin embargo, Valls hizo los anuncios y le dio un giro radical a la política social para atajar el déficit público. En 2012 Hollande subió los impuestos para proteger el gasto social, pero ahora el 40% de los recortes son en ese campo: el gobierno francés congeló el sueldo de los empresarios, no revalorizó las pensiones y prestaciones, entre otras medidas.
Cuatro meses después, la política de austeridad causa una grave crisis en el seno del gobierno francés. El ministro de Economía, Arnaud Montebourg, desató la crisis al endurecer sus críticas contra las medidas de su propio Ejecutivo y contra la política europea auspiciada por Merkel, por la Comisión Europea y por el Banco Central Europeo.

En una entrevista publicada el sábado por el diario Le Monde, Montebourg criticó la línea económica de Valls y Hollande, ambos socialistas como él. "Alemania ha caído en la trampa de la política de austeridad que ha impuesto a toda Europa", declaró. "Francia no tiene vocación de alinearse con los axiomas ideológicos de la derecha alemana", dijo Montebourg. "No podemos permitirnos ceder más", aseguró el ministro, conocido por sus críticas, que más de una vez han puesto en un aprieto al gobierno y que pidió "alzar el tono" frente a Alemania.

Sus declaraciones llegaron tras la oposición de Berlín a la petición de Hollande de reorientar las políticas europeas a favor del crecimiento y el empleo. El crecimiento económico de Francia está estancado y a fines de junio la segunda economía del euro alcanzó un nuevo máximo histórico de desempleo con 3,398 millones de parados, casi un 11% de la población activa.
Esas palabras le costaron a Montebourg su cargo, al igual que a otros tres ministros que respaldaron sus comentarios. El jefe de Gobierno, Manuel Valls, le presentó a Hollande la dimisión en bloque de su ejecutivo, que tiene que reconformar en ocho días, según un comunicado de la presidencia francesa, “tiene que formar un equipo coherente con las orientaciones definidas por Hollande”. La otra damnificada fue la ministra de cultura, Aurélie Filipetti.

El ministro francés de Educación, Benoît Hamon, otro de los que sale del gobierno, aseguró que "al igual que mis otros dos colegas, no estoy de acuerdo con la política de austeridad porque sin un cambio se corre el riesgo de que llegue el poder el ultraderechista Frente Nacional (FN)".

El ministro de Educación en funciones aseguró que "sobre todas las cosas" quiere "evitar" la hipótesis de que la ultraderecha tome las riendas del país, y consideró que para evitarlo hay que dar un giro. "Fuimos elegidos hace dos años y medio para mejorar la situación de nuestros compatriotas" pero "la política de rigor impuesta en parte por Bruselas, no nos permite cumplir con esos objetivos", argumentó.

Añadió que ahora que la canciller alemana, Angela Merkel, es "minoritaria en Europa", se abría la posibilidad de cambiar la situación y poner en marcha medidas de estímulo de la demanda, pero "el presidente de la República no ha querido hacerlo". Por eso, "sería incoherente que me quedara en el Gobierno aun manifestando un desacuerdo importante", comentó el titular de Educación, que no obstante puntualizó que no va a hacer oposición al nuevo gabinete que debe presentar mañana Valls.

Las críticas contra Hollande crecen. Una parte del Partido Socialista es cada vez más crítica con la política económica de austeridad del gobierno, que la considera contraria a las promesas electorales realizadas durante la presidencial de 2012.
El experto constitucional Dominique Rousseau, le explicó a The Guardian, "la crisis no ha acabado, sólo está empezando".
 

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