El "golpe" de la antipolítica

Se agitan las ya turbias aguas de la política venezolana. Hay varios hechos a tomar en cuenta en esta historia de supuestos golpes y contragolpes.

La esposa de Antonio Ledezma, Mitzy Capriles (izq.), acompañada de la esposa de Leopoldo López, Lilian Tintori (cen.), y María Corina Machado. Foto: EFE

Los políticos venezolanos Antonio Ledezma, alcalde metropolitano de Caracas; María Corina Machado, exdiputada, y Leopoldo López, coordinador nacional del partido Voluntad Popular, propusieron a inicios del año pasado “La Salida” como lema y estrategia política para convocar a protestas en las principales ciudades del país. Su intención, dicho por ellos, era lograr un cambio de gobierno a corto plazo. Hoy, López está recluido en una prisión militar, Machado fue destituida de su cargo de diputada y Ledezma detenido y trasladado a la sede del Helicoide, una edificación adscrita al Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin).

El saldo final después de semanas de protestas en 2014 fue 43 muertes violentas, según el Ministerio Público de Venezuela. Hubo estudiantes y civiles asesinados por efectivos militares. Hubo efectivos policiales y militares asesinados con disparos entre el cuello y la frente. Y hubo civiles y militares que fallecieron producto de las barricadas de los manifestantes. Más de un año después, por todos esos crímenes existe apenas una sentencia definitiva.

No cesaron las acusaciones contra el gobierno de violentar derechos humanos, algo que llegó hasta la Casa Blanca, cuando en diciembre del año pasado Barack Obama firmó una la ley aprobada por el Congreso de su país, que suspende visas y congela activos en territorio estadounidense pertenecientes a funcionarios venezolanos considerados responsables de dichas violaciones. El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, había denunciado previamente que las acciones violentas de miles de manifestantes representaban un golpe de Estado continuado que, según sus palabras, estaba orquestado por los círculos de poder en EE.UU.

“No es una campaña más de conspiración ni una jornada más de ‘guarimba’, es un golpe de Estado continuado, conjurado con las cúpulas empresariales de Venezuela y dirigido y conducido en la calle por un sector de la extrema derecha venezolana”, dijo en marzo al canal de noticias Telesur. Diez meses más tarde volvió a reiterar su denuncia, tras regresar de la III Cumbre Presidencial de los Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), en Costa Rica, donde, según afirmó, algunos mandatarios le informaron que se estaba preparando una conspiración.

Las tres cabezas en Venezuela

La encarcelación de Leopoldo López se dio el mismo 18 de febrero de 2014, luego de una entrega voluntaria que dejó en el aire un pacto entre él y sus familiares con el presidente de la Asamblea Nacional en Venezuela, Diosdado Cabello, para “proteger su integridad”, según las declaraciones que diera la noche siguiente la esposa de López, Lilian Tintori, a la cadena CNN en español. Se refería a una pretendida posibilidad de que López fuera asesinado por sectores opositores. El dirigente político enfrenta actualmente un juicio por los cargos de instigación pública, daños a la propiedad, determinador en el delito de incendio intencional y asociación para delinquir.

Semanas más tarde de la entrega de López, Machado aceptó ejercer el derecho de palabra como embajadora alterna de Panamá ante la Organización de Estados Americanos (OEA), y fue destituida de su cargo de diputada, con lo cual perdió su inmunidad parlamentaria. Ambos dirigentes junto al alcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma, firmaron un comunicado el pasado 14 de enero para convocar a nuevas protestas de calle y para afirmar que era necesario un cambio en el gobierno; y el 11 de febrero propusieron un “Acuerdo Nacional para la Transición”, que volvió a agitar las ya turbias aguas de la política en Venezuela.

No pasó un día cuando Nicolás Maduro, por un lado, y Diosdado Cabello junto al alcalde del municipio Libertador de Caracas, Jorge Rodríguez, anunciaran otro supuesto intento de golpe de Estado frustrado, en el cual estarían involucrados algunos líderes de la oposición, entre ellos el propio Ledezma. Cabello afirmó que por ese hecho fueron capturados seis militares (publicaron nombres y apellidos) y se solicitó la captura de otros once, todos de rangos medios y pertenecientes a la Fuerza Aérea. El plan estimaba, dijo Cabello, el uso de un avión Embraer EMB 312 Tucano para atentar contra la vida del presidente, al tiempo que recordó la existencia de un supuesto plan para matar a López en febrero del año pasado. Acusó a Ledezma como uno de los responsables.

Maduro afirmó —otra vez— que Washington estaba involucrado. Ledezma rechazó los señalamientos y afirmó que “en lo que va de régimen de Maduro ya van 12 supuestos golpes de Estado. Los que tienen el golpismo en los tuétanos son estos señores del gobierno”. Y la portavoz del Departamento de Estado, Jen Psaki, respondió diciendo que “estas últimas acusaciones, como otras anteriores similares, son ridículas”.

Ledezma fue detenido en la sede de su partido luego de un allanamiento efectuado por efectivos del Sebin fuertemente armados, la noche del pasado jueves. “Ellos dijeron que lo golpearon, que no existe orden de captura y que se le impidió el acceso a su equipo legal, todo eso es falso, durante todo el procedimiento se cumplieron los límites legales”, comentó el alcalde Rodríguez. “Ellos andan buscando una ‘transición’ y para lograrlo buscan generar una situación insostenible de violencia en el país (...) Existen pruebas que muestran sus planes”. Y Capriles se preguntó: “¿Dónde están las pruebas del supuesto plan de golpe donde estaría participando Ledezma?... ¿Dónde están las fotos del supuesto Tucán o tucana?”.
Por si fuera poco, Maduro trazó una triángulo escaleno en forma de denuncia: “Existe una campaña contra Venezuela, es un eje de conspiración: Bogotá, Madrid y Miami”, señaló. El detonante fue el comunicado titulado “Acuerdo Nacional para la Transición”, a juicio de Rodríguez, para quien se trata de algo “exactamente igual a lo que en su momento dijo Pedro Carmona”, durante el golpe de Estado de 2002.

La coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) devolvió el golpe con otra acusación como si fuera un juego de espejos. Dijo su secretario ejecutivo, Jesús Torrealba, que “estamos frente a un golpe de Estado perpetrado desde el Estado, desde el Gobierno (…) Esto no es simplemente una maniobra de distracción, un trapo rojo, es una maniobra orientada a ilegalizar a la oposición y conducirla hacia la violencia”.

Hay dos hechos a tomar en cuenta en esta historia de supuestos golpes y contragolpes. El primero, que cuando el presidente denunció un plan desestabilizador en febrero de 2014, tomó como pruebas las muertes causadas en la marcha del 12 de febrero, una convocatoria, en efecto, promovida por López, Machado y Ledezma. Entonces no había claridad sobre los asesinatos, pero hoy es público que los responsables del primer homicidio fueron funcionarios del Sebin y la Guardia Nacional Bolivariana. De hecho, el 18 de febrero, seis días más tarde y antes de que Leopoldo López se entregara, la Gaceta Oficial publicaba que el director del Sebin, el general de Brigada Manuel Gregorio Bernal Martínez, quedaba destituido.

El segundo hecho es más reciente. Pese a los señalamientos de Rodríguez, Cabello y Maduro, la detención de Ledezma no se debe al supuesto golpe frustrado del 12 de febrero de 2015, al menos según la nota de prensa publicada por el propio Ministerio Público de Venezuela, en la cual se afirma que esa captura “tiene vinculación con el caso de Lorent Gómez Saleh, Gabriel Valles, Ronny Navarro, Gerardo Carrero y Renzo Prieto”, algunos de ellos detenidos en Colombia a finales del año pasado y hoy en manos de la justicia de Venezuela.