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hace 45 mins

El guiño de Colombia a la OTAN

¿Qué busca el gobierno colombiano con esa declaración?

 El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, posa al lado de un grupo de soldados en la región de La Macarena.  / EFE
El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, posa al lado de un grupo de soldados en la región de La Macarena. / EFE

Colombia nunca ingresará a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), por una razón muy sencilla: geográficamente esta organización está abierta a todos aquellos Estados euroatlánticos que se encuentren al norte del trópico de Cáncer, tal como se desprende del art. 6 del Tratado de Washington de 1949, que le dio vida. En ese sentido, la organización une los intereses de seguridad y defensa de Estados Unidos, Canadá y 26 países europeos en materia de seguridad y defensa (Finlandia o Suecia, por ejemplo, no hacen parte).

Desde sus inicios y hasta el día de hoy, la OTAN ha cumplido dos objetivos básicos: ofrecer defensa colectiva a sus miembros y erigirse en un foro multilateral de consultas políticas. La primera de las misiones la ha cumplido con gran éxito, pues tan sólo después de los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos invocó la cláusula de defensa colectiva (nunca en tiempos de Guerra Fría), que ese país rechazó, decidiendo intervenir unilateralmente en Afganistán e Irak, pero después la Alianza Atlántica tomó un papel significativo en la reconstrucción de esos países, misiones que actualmente continúa desarrollando.

El segundo objetivo también se ha venido cumpliendo, en la medida en que la OTAN ha servido para compartir información (inteligencia), procedimientos de consultas y actuación y prácticas o maniobras de seguridad. Hay que tener presente que la presencia estadounidense ha sido un elemento que une pero al mismo tiempo divide a la organización.

Tal vez la presencia estadounidense ha facilitado la actuación en diversos conflictos, pero al mismo tiempo en misiones para las cuales no fue creada, lo que ha generado un fuerte e intenso debate acerca de su conveniencia en el siglo XXI, especialmente en momentos como el actual, en el que la crisis económica y financiera ejercen una fuerte presión sobre los presupuestos nacionales de los países miembros.

Las reformas llevadas a cabo durante los años noventa y a lo largo del presente siglo determinaron una serie de cambios en el número de miembros y en los propósitos que desempeñaría. La OTAN pasó de tener 12 miembros fundadores, a 16 antes de finalizar la Guerra Fría, hasta los actuales 28 que la componen. Ha firmado una serie de acuerdos como la asociación para la paz, el diálogo mediterráneo o la iniciativa de cooperación de Estambul, para permitir que otros Estados y organizaciones multilaterales aprendan de las prácticas, procedimientos y formas de actuación que ha desarrollado en sus 64 años de existencia.

Teniendo en cuenta la ventajas comparativas que las Fuerzas Militares de Colombia han adquirido, el Gobierno posiblemente esté jugando una carta que, como el ingreso a la OCDE, busca acercar al país a un “club de buenas prácticas en materia de seguridad y defensa”. Hay que tener presente que la OTAN jugó un papel significativo en las reformas a las Fuerzas Militares, el respeto del Estado de derecho y la construcción de regímenes democráticos en los países de Europa del este después de la caída del comunismo, que permitió el ingreso de aquellos a la OTAN y posteriormente a la Unión Europea. Asimismo, dentro de las muchas misiones que desarrolla dicha organización, están las operaciones de manejo de crisis y mantenimiento de la paz que despliega en diversas zonas geográficas, como el cuerno de África, los Balcanes o el mar Mediterráneo.

Pareciera que la apuesta del gobierno colombiano es jugar por una transformación y mayor modernización de las Fuerzas Militares en un escenario de posconflicto. Si es así, aunque loable, explicar esa situación en el vecindario, caracterizado por una fuerte desconfianza, parece una tarea bastante complicada.

Tres elementos vale la pena mencionar al respecto: en primer lugar, el trabajo conjunto entre la Cancillería y el Ministerio de Defensa es indispensable para evitar que los vecinos vean una preocupación o amenaza en las acciones que quiere adelantar Colombia. Además, tarde o temprano el gobierno colombiano debe dejar muy claro qué tipo de cooperación va a llevar a cabo, bajo qué instrumentos y cuál será el alcance. Decir qué quiere Colombia de la OTAN no debe ser interpretado en el vecindario como algo negativo. Finalmente, a pesar de que la proposición del gobierno colombiano generará mucha cautela en los pesos pesados en materia de seguridad y defensa en la región (Brasil, Venezuela, Argentina, Chile), Colombia debe manifestar que su intención no es poner en riesgo la paz y la seguridad regional, sino potenciar las capacidades de sus fuerzas regionales para beneficio de la Comunidad Suramericana.

* Docente Universidad Externado de Colombia.

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