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hace 2 horas

El hombre que manda esta semana en Brasil

Debido a la asistencia del ahora presidente titular de Brasil, Michel Temer, a la cumbre del G-20 en China, el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, va a estar de presidente hasta que Temer regrese.

El presidente interino de Brasil, Rodrigo Maia. AFP

En menos de tres meses, Rodrigo Maia, de 46 años de edad, pasó de diputado a presidente de la Cámara de Diputados y, ahora, a presidente interino de Brasil. Todo debido a que el ahora presidente titular de Brasil, Michel Temer, se va de viaje para China a la cumbre del G-20. Mientras regrese, el país, que pasa por una de sus mayores políticas desde que regresó a la democracia, en 1985, quedará en manos de Maia, un hombre cercano a Temer y que le permitirá viajar tranquilo a China, sin el temor de correr la misma suerte de la que hasta hace poco era su jefe. 

El próximo presidente de Brasil nació en 1970 en Santiago de Chile, debido a que su padre, el exalcalde de Río de Janeiro, Cesar Maia, se encontraba exiliado allí. Economista de la Universidad Candido Mendes, Maia trabajó en el los bancos BMG e Icatu, antes de ingresar a la política en 1996, cuando fue designado secretario de Gobierno de la Prefectura de Río de Janeiro. Estuvo en ese cargo hasta 1998, cuando dio el salto a la Cámara de Diputados, al convertirse en diputado a los 28 años, con 96.385 votos. 

Sus votaciones mejoraron y fue reelegido cuatro veces. Hasta que este año se le dio la oportunidad de su vida. En julio pasado, el entonces presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, renunció a su cargo debido a un proceso por corrupción en su contra. Maia fue incluido en la baraja para reemplazarlo y, en una primera votación, obtuvo la mayoría, entre 13 candidatos. En una segunda votación, Maia, del Partido Demócratas, se impuso con 285 votos de 512 posibles. Su mayor contricante, Rogério Rosso, del Partido Social Demócratico, sacó 170 votos. 

"Vamos a gobernar esta Cámara juntos. Vamos a devolver al plenario su soberanía y acabar con el imperio de los líderes. Ellos no pueden ser los únicos en tener la palabra", dijo Maia, antes de ser elegido. Y ya confirmado en el cargo, no ocultó su emoción: "Vamos, a partir de mañana, a gobernar con simplicidad. Tenemos mucho trabajo que hacer, tenemos que dialogar". Pero a Maia le faltaba otra sorpresa, una mayor: mientras la Cámara elegía presidente, en el Senado de Brasil se cocinaba la salida de Dilma Roussef. Era un retiro cantado, cuestión de tiempo. Y el tiempo, precisamente, le sonrió a Maia. 

Todo se dio para que el senado votara hoy la suspensión de Rousseff y confirmara a Temer. Y para que esta decisión histórica concordara con una cita inaplazable para el exvicepresidente y ahora presidente titular: la cumbre del G-20, la posibilidad de presentarse como la cabeza de un Brasil en crisis ante las principales economías del mundo. En la noche de hoy, y casi corriendo, antes de irse directo a Shangai, Temer le entregó su poder, recien adquirido, a Maia. Y de esta forma, Maia se convirtió en uno de los presidentes más jóvenes en la historia de Brasil y quizás uno de los que menos vaya a durar.