El impacto del No en Latinoamérica

En las sumas y restas de los últimos días en Colombia se esperaba una victoria estrecha del Sí en el plebiscito, pero jamás un brexit —aunque temporal— en la posibilidad de la paz.

Colombianos lamentan el resultado del plebiscito. / AFP
Colombianos lamentan el resultado del plebiscito. / AFP

Venció el No, con el 50,2 % de los votos y una tasa de abstención que superó el 63 %, fomentado por los dueños del poder tradicional y emergente que han gobernado el país en las últimas décadas. Nadie subestimó el poder del Centro Democrático —liderado por el expresidente Uribe y sus seguidores que siguen creyendo que la derrota de las Farc debería ser militar—, pero se creía que la sensatez de la mayoría se sobrepondría al resentimiento histórico.

El resultado evidenció una ecuación dolorosa: existe una Colombia que apoya y que financia la guerra y la otra que casi invisiblemente la padece. En el mapa de las votaciones, en los lugares en donde ha habido más víctimas directas de la guerra, el Sí triunfó.

El No, visto en el contexto latinoamericano, es compatible con lo que está ocurriendo en la región. Aunque el plebiscito era para que el pueblo colombiano legitimara el fin del conflicto militar más antiguo del continente, demostró la misma fractura de la mayoría de los países latinoamericanos en sus últimas elecciones: sociedades divididas y polarizadas entre los que pretenden el cambio y los que luchan para mantenerlas como siempre han estado.

En toda América Latina, lo que ha ocurrido no es una sencilla lucha entre proyectos antagónicos y caminos entrecortados por innumerables sobresaltos que no dejan de sorprender. Es la demostración de la fuerza de un bloque homogéneo y disciplinado conformado por las grandes corporaciones nacionales e internacionales, medios y terratenientes que una vez más demostraron que su poder trasciende el del Estado.

El No, aunque temporalmente, debilitará los partidos progresistas y los movimientos sociales de la región, fortalecerá el giro hacia una agenda más económica y más pragmática que reducirá la importancia de temas vitales para América Latina. El resultado desdibuja el sueño de un continente con menos intervención militar, con menos recursos para la guerra y menor número de mercenarios para el mercado mundial.

Parece ser que de Alaska hasta la Patagonia surgen amenazas “Trumpnianas” que ponen en riesgo la paz continental, el relativo bienestar de los pueblos y aplazan posibilidades de días mejores en un mundo difuso. El No golpea fuertemente a Colombia y a América Latina.

Durante algunos meses, Colombia fue la esperanza de un mundo inmerso en guerras sin sentido. Difícil creerlo otra vez, por más que digan que los acuerdos de La Habana y el cese bilateral del fuego siguen vigentes. El presidente Santos recordó su responsabilidad con la estabilidad nacional, afirmó que no se rendirá y seguirá buscando la paz hacia el último día de su mandato. El líder de las Farc reiteró la voluntad de utilizar la palabra como arma de construcción hacia el futuro y los opositores del Acuerdo parecen dispuestos a dialogar.

Con todo, entre el sueño y el deseo de paz habrá un camino más largo de lo que se estimaba, hay que recorrer los terribles escombros de la guerra, no en los campos minados, no alrededor de las potentes bases militares instaladas en Colombia, no en el inmenso dolor de las víctimas, tampoco en los cultivos ilícitos, sino en los muros invisibles construidos en el imaginario colombiano.

 

*Profesora Universidad Externado de Colombia.