El limbo luego del Mediterráneo

El mar se ha tragado este año a 1.700 inmigrantes, la mayoría africanos que huían del hambre y de la guerra. Los que lograron llegar a un país europeo siguen buscando el sueño por el que arriesgaron sus vidas.

Aboubakar Soumahoro es activista de los derechos de los migrantes de Costa de Marfil. Llora durante una manifestación en Roma. / AFP

El contrabando de personas es un negocio bien montado y muy lucrativo. Las autoridades calculan que, en promedio, las mafias ganan hasta US$500.000 por viaje. Los dueños de las mafias están en Libia, pero todo comienza a miles de kilómetros con redes de traficantes en países africanos golpeados por la violencia y la falta de oportunidades. Ellos hacen el trayecto hasta Libia, la ruta favorita por la falta de controles migratorios. Un africano paga, en promedio, hasta US$2.000 por arriesgar su vida en el mar. Diariamente, según autoridades italianas, zarpan 10 barcos cargados con 400 inmigrantes cada uno.

Este año cerca de 1.700 se han ahogado buscando el sueño europeo. Casi 100 veces más que el año pasado en el mismo período. Los contrabandistas los abandonan en alta mar a bordo de destartaladas barcazas que no aguantan el viaje. Cerca de 13.000 personas han sido rescatadas en los últimos diez días, una “emergencia humanitaria nunca vista”.

A pesar de las imágenes de cuerpos sin vida arrastrados hasta las playas y barcos abandonados en alta mar, la marea humana continuará. Eso temen los organismos humanitarios que sólo esperan que la decisión de la Unión Europea de triplicar la capacidad de su operación naval en el Mediterráneo ayude. Son pesimistas. El Espectador habló con migrantes que lograron salvarse de morir ahogados en el Mediterráneo, pero que hoy viven otras pesadillas en España y París.

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