El lugar donde los universitarios dejan los libros por las armas

Libia termina un año en el que a la abundancia de los ataques de milicias responden nuevas milicias de autodefensa, y el ciclo de armas, combates y violencia no termina.

EFE

 El caos que se adueña de Libia ha hecho que incluso jóvenes universitarios hayan abandonado sus estudios y empuñado las armas para supuestamente defender a sus paisanos del terror impuesto por milicianos de distintos signos.

Sabrata es un ejemplo: en esta ciudad vecina de Zintán, los ciudadanos han creado su propia milicia en la que abundan los universitarios, como cuenta su espontáneo "portavoz", Adel Banuir, al explicar que llegaron al el hartazgo cuando el fin de semana pasado hombres armados mataron a dos policías y secuestraron a varios más.

Los milicianos del llamado "ejército de las tribus", aliados circunstanciales de las "milicias de Zintán", tienen aterrorizados a a los habitantes de Sabrata, un punto clave para sus suministros o para llegar a la refinería de petróleo de la ciudad costera de Melita.

"Estamos bien situados en esta zona con el fin de impedir y obstaculizar a las fuerzas de Zintán en su intento de acercarse y entrar a nuestra ciudad", dijo a Efe Banuir, que se confiesa islamista, como tantos otros milicianos en Libia.

El problema en Libia es que a la profusión de los ataques de milicias responden nuevas milicias de autodefensa, y el ciclo de armas, combates y violencia no termina.

En Sabrata, un jeque religioso, Salehedín Kernaf, ha presentado una propuesta de alto el fuego a las partes en conflicto, bien acogida por los islamistas, pero rechazada por las fuerzas de Zintán.

"Mi iniciativa consistía en poner fin a los combates y abrir pasillos de seguridad para proporcionar ayuda humanitaria, así como la entrega de todos los detenidos (por las distintas milicias) a sus familiares", dejo Kernaf, un hombre con prestigio religioso en toda la región del oeste.

Kernaf dice que, una vez fracasada la iniciativa, toca a cada municipio proporcionar seguridad a las carreteras en sus inmediaciones dentro de las fronteras administrativas, y propuso que las milicias dejen de practicar detenciones salvo que exista una orden de la Fiscalía General.

Libia vive una ruptura territorial entre la capital, Trípoli, y Bengasi, segunda ciudad del país, debido a los combates iniciados desde esta ciudad oriental por el general sublevado Jalifa Hafter, que cuenta con el apoyo de varias unidades del extinto Ejército de Gadafi.

Hafter no ha limitado sus ataques solamente al este libio, sino que los ha llevado también hacia las ciudades occidentales, donde bombardeó hace dos días la localidad de Misrata, controlada por milicias islamistas.

A mediados de octubre pasado, Hafter comenzó una cruenta lucha contra las milicias islamistas, en la que ha estado apoyado supuestamente por Egipto y los Emiratos Árabes, según el Gobierno de Trípoli.

El país está prácticamente dividido en dos, con estructuras paralelas de gobierno y parlamento en Trípoli, en el oeste, y Tobruk, en el extremo este, que compiten por el poder en Libia aunque a duras penas consiguen garantizar el orden y el suministro de servicios en sus respectivos territorios.

La crisis libia se inició con la caída del régimen del coronel Muamar al Gadafi, en octubre de 2011, y desde entonces el país está en una espiral de violencia en la que la verdadera autoridad la ejercen las milicias de todo signo.