El manual de tortura de la CIA

Tras cinco años de investigación, un comité del Senado de EE.UU. reveló las brutales técnicas aplicadas a supuestos miembros de Al Qaeda detenidos en prisiones secretas.

Dianne Feinstein, presidenta demócrata de la comisión que investigó las torturas de la CIA. / AFP

Acostado boca arriba sobre una tabla, con los pies más altos que la cabeza, con una toalla que le cubra la boca, al detenido se le echa agua desde una altura de 30 centímetros durante treinta o cuarenta segundos. “La sensación de ahogamiento es inmediata cuando se retira el trapo”, explica uno de los manuales la Agencia Central de Inteligencia (CIA) diseñado por los arquitectos de la doctrina contra el terror. Esos mismos que sabían que era ilegal lo que hacían y por eso diseñaban técnicas de interrogación que bordeaban lo que se consideraba un trato cruel e inhumano, prohibido por la octava enmienda de la Constitución de Estados Unidos.

Recomienda el manual que el proceso sea repetido cuantas veces sea necesario y que es mucho más efectivo si se aplica junto a la privación de sueño o la manipulación en la dieta. Como algo brutal y despiadado, fueron calificadas las técnicas de interrogatorio, investigadas durante más de cinco años por miembros del Comité de Inteligencia del Senado de EE.UU., y cuyas conclusiones fueron hechas públicas ayer.

El informe se centra en el uso de polémicos procesos de interrogatorio a sospechosos y miembros de Al Qaeda retenidos en instalaciones secretas en Europa y Asia en los ocho años posteriores a los atentados del 11 de septiembre de 2001 (11-S). Según indica la investigación, los detenidos tras los atentados de las Torres Gemelas de Nueva York, sufrieron prácticas mucho peores de lo que se había reconocido públicamente. Y lo más grave: “Los brutales métodos de interrogatorio no fueron una forma eficiente de adquirir información precisa u obtener la cooperación de detenidos”.

La publicación de estos hechos generó una gran polémica. El secretario de Estado, John Kerry, advirtió sobre el impacto negativo que podría tener para los intereses estadounidenses en el mundo. Interrogada sobre el objetivo de la divulgación, Dianne Feinstein, presidenta demócrata de la comisión, opinó que es saludable para “una sociedad justa que se basa en el derecho”.

Dirigentes del opositor Partido Republicano han cuestionado la conveniencia de la divulgación y el costo excesivo del informe (40 millones de dólares) para los contribuyentes estadounidenses. El presidente del comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, Mike Rogers, dijo que la divulgación fue “una pésima idea (...) nuestros aliados dicen que provocará violencia y muertes”.

Por su parte, la directiva de Human Rights Watch, Laura Pitter, defendió la decisión de divulgar el informe. “Dos administraciones ocultaron durante demasiado tiempo la extensión de los abusos del programa de la CIA a la opinión pública estadounidense”.

Uno de los países que podría quedar malparado tras las revelaciones de este martes es Polonia, país que nunca admitió oficialmente la existencia de cárceles secretas de la CIA en su territorio, donde estaban detenidos presuntos terroristas de Al Qaeda capturados por Estados Unidos. Un informe del Parlamento Europeo de 2007 acusa sobre todo a Polonia y a Rumania de haber albergado, entre 2003 y 2005, centros secretos de detención.

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