El monólogo venezolano

Lo que ha ocurrido en Venezuela desde que se anunció que hoy, domingo 30 de octubre, se instalaría una mesa de diálogo en Isla Margarita, es el reflejo de las profundas diferencias que separan a quienes están en el poder y aquellos que le hacen oposición.

 El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha aumentado el salario mínimo once veces en tres años.
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha aumentado el salario mínimo once veces en tres años.EFE

El anuncio del diálogo, con mediación del Vaticano, llevó al país a un nivel de confrontación aún mayor. La oposición —con sobradas razones para dudar de las buenas intenciones del oficialismo, que en otras oportunidades ha usado esta herramienta para ganar tiempo— rechazó la iniciativa. Según dijeron, porque no estaban dadas las condiciones. (Lea: Expectativa por diálogo entre gobierno y oposición en Venezuela)

La suspensión del referendo revocatorio, a través de dudosas decisiones judiciales, además del robo de poderes a la Asamblea Nacional (AN) a través del Tribunal Supremo de Justicia, son algunas razones que asisten a la oposición.

Maduro y su círculo de poder están llevando a Venezuela a una ruptura institucional, al cierre de los espacios democráticos, en donde los venezolanos pueden zanjar sus diferencias. ¿Por qué el oficialismo no escucha a esa mayoría que se manifestó en las calles, que espera desde hace tiempo ejercer los mecanismos constitucionales para promover la consulta sobre la pertinencia de que el actual gobierno continúe? Una nueva derrota en las urnas, como lo anticipan las encuestas, parece ser el gran temor que paraliza a quienes hoy tienen el poder. El chavismo, acostumbrado a ganar elecciones y a legitimarse en las urnas, esta vez no podría ganar. No obstante, dentro de las filas oficialistas hay sectores que ven el referendo como una posibilidad incluso para la supervivencia que ha perdido gran parte del apoyo popular. Pero la línea dura del chavismo parece ser la que dicta el libreto. (Lea: El tribunal que manda en Venezuela)

De dientes para afuera

El oficialismo —con el agua al cuello por la grave crisis económica que se traduce en escasez de alimentos y medicinas y una inflación calculada por el FMI en 475 % para este año— como en otras oportunidades se declaró dispuesto a conversar.

“¿Cuál es la alternativa al diálogo, la guerra? ¿Cuál es la alternativa a la convivencia? ¿El odio y la intolerancia? Para nosotros el diálogo no tiene alternativa”, señaló Maduro.

Disposición que pronto se transformó en declaraciones disonantes en contra de sus críticos políticos, que aceptaron finalmente acudir a la cita de hoy, pero con una agenda electoral debajo del brazo.

“Tenemos la decisión de ir el domingo a decirles al representante del papa y a los representantes del Gobierno la necesidad de retomar de manera urgente la agenda electoral para solventar esta crisis”, afirmó el secretario ejecutivo de la MUD, Jesús Torrealba.

Agregó que en ese potencial diálogo se podría llegar a un acuerdo político para aprobar en el Parlamento, “mediante una enmienda constitucional” que se realicen unas elecciones adelantadas para elegir presidente, gobernadores y alcaldes.

Palabras que no cayeron bien en el Gobierno. Así como tampoco la “Toma de Venezuela” y la convocatoria a una huelga general, el pasado viernes. El chavismo recurrió, de nuevo, a la vieja estrategia: demonizar a la oposición. Denunció intenciones golpistas, recordó el golpe de 2002 contra Hugo Chávez y acusó a los empresarios de gestar la guerra económica que tiene a medio país haciendo fila para conseguir los productos básicos.

De acuerdo con Jerónimo Ríos Sierra, doctor en Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, “el recurso es el de optar por una mayor radicalización y victimismo frente a la oposición “desestabilizadora”, tanto interna como externa, y favorecer la cohesión interna entre los sectores de población afines al chavismo”.

Pero hoy las reacciones del chavismo no sorprenden. Sus buenas intenciones son puestas en duda incluso por sectores ajenos a la oposición. Human Rights Watch, por ejemplo, le pidió en una carta al papa Francisco que el diálogo no sea una distracción.

“Para que haya un diálogo fructífero entre el Gobierno de Venezuela y la oposición que no sea una distracción, debe reconocerse la responsabilidad de las autoridades en la crisis. De lo contrario, solamente ofrecerá una nueva distracción a las autoridades venezolanas para demorar las medidas urgentes que son necesarias para proteger los derechos humanos y restablecer un mínimo orden democrático en Venezuela”, aseguró el director para América de HRW, José Miguel Vivanco.

Veintiocho expresidentes también se manifestaron en el mismo sentido. En una carta a la Organización de Estados Americanos, saludaron la iniciativa de diálogo de la Santa Sede, “al tiempo que se cumpla la Constitución, que cesen los presos políticos, que se respeten los derechos políticos y que se reviertan los actos que impiden que los venezolanos se expresen por medio del voto”.

¿Qué esperar entonces de la cita de hoy en isla Margarita? La Comisión Episcopal Venezolana fue clara: “Allí habrá simplemente un encuentro para poner los puntos importantes sobre la mesa, sobre el tapete, y una vez que se acuerden los puntos, comenzará entonces, lentamente, ese proceso de diálogo”, aseguró monseñor Diego Padrón.

Pero como bien dijo la canciller argentina, Susana Malcorra, “sólo los venezolanos pueden resolver su atolladero”.

“Tenemos que defender el derecho a la paz (...) El próximo domingo, llueva o relampaguee, voy a asistir a la mesa de diálogo. La vía de Venezuela es el diálogo”, aseveró. 

Pero vale recordarle a Maduro que no es de demócratas usar las instituciones a su antojo para impedir la expresión de la voluntad popular. Un buen comienzo para iniciar el diálogo sería reconocerle a millones de venezolanos su derecho a acudir a las urnas para decidir si quieren o no continuar con su gobierno. ¿Continuará el monólogo?