El nuevo blanco del espionaje

Las importantes reservas de petróleo y gas en Suramérica y los gobiernos progresistas que intentan tener una agenda propia son algunos de los móviles de la vigilancia internacional a la región.

Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, canceló una visita a EE.UU. por el espionaje. / EFE

El domingo por la noche Globo, la cadena de televisión más importante de Brasil, hizo nuevas denuncias de espionaje: informó al país que la red de comunicación del Ministerio de Minas y Energía había sido mapeada por la Agencia Canadiense de Seguridad (CSEL) y que los datos encontrados habían sido intercambiados en una reunión del grupo Five Eyes, una red de espionaje internacional conformada por Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Australia y Nueva Zelanda.

Según la información difundida, los documentos que demostraban un espionaje más habían sido entregados por Edward Snowden al periodista estadounidense Glenn Greenwald. Más allá del repudio del gobierno brasileño, manifestado por la presidenta Dilma Rousseff al cancelar la visita de Estado a Washington, de su contundente discurso pronunciado en la tribuna de la ONU en contra de la guerra cibernética y del pedido de explicaciones al gobierno canadiense, la pregunta es: ¿qué hace de Brasil un nuevo blanco del espionaje internacional?

En un mundo en el que la guerra comercial está cada vez más agresiva, el espionaje se está legitimando como un instrumento para que los grandes jugadores protejan los intereses comerciales estratégicos de sus empresas. Se unen el Estado y el capital privado en contra de uno de los derechos más importantes conquistados por la humanidad: la libertad. El espionaje no es en realidad la herramienta esencial justificada por la guerra preventiva declarada por Estados Unidos en contra del terrorismo después del 11 de septiembre, ni por las recurrentes y conocidas razones de seguridad nacional o atentado a la soberanía.

El método está siendo utilizado para garantizar mediante el espionaje tecnológico la seguridad económica de sus grandes compañías multinacionales, desconociendo el régimen de propiedad intelectual de los países intervenidos —cláusula fundamental en los tratados de libre comercio firmados en los último años—, lo cual reafirma la magnitud del poder de esas grandes empresas para poner, financiar, desestabilizar o quitar gobiernos, desplazar capitales y fomentar la mano de obra barata en todos los continentes con el propósito de lograr sus objetivos estratégicos.

En los últimos años, con los descubrimientos de petróleo y gas en el Atlántico sur, se ha configurado la posibilidad del cambio de la geopolítica mundial petrolera. Hace más de 40 años la OPEP hacía temblar al mundo con la decisión de incrementar el precio del petróleo. Por unos días todos fueron sorprendidos por las decisiones provenientes de los países árabes. Actualmente los miembros de la OPEP siguen teniendo su importancia estratégica, pero ya no son los únicos jeques del petróleo. Oriente Medio y sus conflictos históricos y los fabricados por el Departamento de Estado y el Pentágono se han prestado para legitimar intervenciones políticas y militares en la zona, sin mencionar el verdadero motivo del intento de democratizar esa región: el oro negro.

En el Atlántico sur se descubrieron reservas importantes de petróleo y gas. Además, la potencial región petrolera del mundo en el siglo XXI no es una zona de conflicto, abunda en recursos naturales y al sur hay gobiernos progresistas que intentan tener una agenda propia, sin desconocer el orden de prioridad de la agenda mundial.

El espionaje sigue siendo un arma tan poderosa como las armas químicas y merecería la misma atención y rechazo de la comunidad internacional; la diferencia es quién las usa. Las evasivas diplomáticas presentadas por los países espías no conceden a los países espiados la claridad sobre por qué los vigilaron e invadieron cibernéticamente, y tampoco cómo será utilizada esa información en detrimento de sus intereses estratégicos. Estamos ante un impasse mundial, en una guerra sucia en la que aparecerán muchos Snowden. Los amos de la guerra serán los mismos, pero afortunadamente ya no tienen el mundo a sus pies.

 

Las denuncias

2013
Julio
La red de espionaje de Estados Unidos, denunciada por Edward Snowden, se expandió por toda América Latina y se enfocó especialmente en Brasil, México y Colombia, denunció el diario ‘O Globo’. Según el periódico, EE.UU. “no se interesaba sólo en asuntos militares, sino también en secretos comerciales”.
Julio
La posibilidad de que las actividades de espionaje desarrolladas en Brasil hayan incluido el rastreo de llamadas telefónicas o de la actividad de los ciudadanos en internet desató un escándalo política en el gobierno brasileño. Dilma Rousseff anunció que su gobierno denunciaría el caso ante las Naciones Unidas. La Comisión de Relaciones Exteriores del Senado convocó al embajador Thomas Shannon.
Septiembre
La presidenta brasileña canceló el encuentro que tenía programado para el 23 de octubre con su par estadounidense, Barack Obama. Rousseff aseguró que el mandatario no creó las condiciones: “Le dije que Brasil quería, primero, disculpas por lo que pasó, y segundo, el compromiso de que no se repetiría... no se sintió en condiciones para garantizar esto”.
Octubre
El canal de televisión Globo reveló que la Agencia Canadiense de Seguridad en las Comunicaciones tenía un esquema detallado de las comunicaciones del Ministerio de Minas y Energía de Brasil, incluidas llamadas telefónicas, correos electrónicos y navegación en internet.
Octubre
La Cancillería de Brasil convocó el lunes al embajador de Canadá, Jamal Khokhar, para expresarle su indignación y repudio por el presunto espionaje. Según informó el ministro de Relaciones Exteriores, el canciller Luiz Alberto Figueiredo, Brasil “pidió explicaciones y expresó su repudio por los hechos”.