"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 3 horas

El oscuro panorama en St. Louis

La policía de esta ciudad sería relevada de sus labores en la contención de las manifestaciones por el asesinato de un joven afroamericano a manos de un agente, las cuales han hecho crecer las tensiones raciales.

La Policía vigila una protesta en el suburbio de Ferguson, en Saint Louis, Estados Unidos. / AFP

El colectivo de hackers Anonymous publicó el nombre de una persona que, según dice, corresponde al del oficial de la Policía de Ferguson, EE.UU., que el sábado pasado mató a Michael Brown, un joven afroamericano de 18 años que iba desarmado por las calles de este suburbio de la ciudad de Saint Louis. El asesinato de Brown ha desatado una ola de protestas de varios días que han revivido los fantasmas de la discriminación racial y el exceso de fuerza en Estados Unidos.

El Departamento de Policía de Ferguson aseguró rápidamente que el nombre divulgado por Anonymous no corresponde a ningún empleado de la institución, que hasta el jueves continuaba sin hacer pública la identidad del responsable de la muerte de Brown, una polémica que va al fondo de la relación entre las fuerzas del orden y la ciudadanía, más aún en un lugar con una población mayoritariamente afroamericana (14.000 de 20.000 habitantes) vigilada por una policía principalmente blanca.

Un denso velo de silencio ha cubierto la investigación del asesinato de Brown, un hecho que parece alimentar la protesta ciudadana, pacífica en su mayoría, aunque con algunos tintes de violencia que ha sido reprimida con un exceso de fuerza tal que puso en alerta al gobernador del estado de Missouri, Jay Nixon, y al presidente, Barack Obama. Además del nombre del oficial que disparó, se desconocen el informe preliminar de la autopsia (un documento más completo tardará un par de semanas en ser finalizado) y el reporte policial de los hechos, que podría aclarar varias dudas, especialmente una: si Brown intentó asaltar al agente (la versión oficial) o si recibió disparos (el número exacto tampoco se sabe) luego de haberse rendido al policía con las manos en alto (la versión de un testigo).

El jefe de la Policía de Ferguson, Thomas Jackson, aseguró que el oficial involucrado tiene una herida en el rostro, producto de su supuesto enfrentamiento con Brown, aunque no ofreció evidencia para apoyar esta declaración (datos que, quizá, podrían encontrarse en el reporte policial de los hechos).

Jackson y su departamento han defendido el anonimato del agente como una medida de seguridad para el funcionario, y los datos que aún están ocultos han sido cobijados con el argumento de que hacen parte de una investigación en curso. Ambos argumentos quizá son válidos, pero tal vez algo débiles ante la necesidad de toda una comunidad que pide respuestas y aclaraciones sobre un hecho que dista mucho de ser transparente, al menos ante la opinión pública. La incertidumbre sólo ha alimentado la ira colectiva en un lugar golpeado por la despoblación, la violencia y el estancamiento en la economía, elementos que traen de nuevo los malos recuerdos de la segregación racial y el uso excesivo de la fuerza por parte del establecimiento.

Para 2011, Saint Louis era una de las tres ciudades más violentas de Estados Unidos, con una tasa de homicidios de 35 asesinatos por cada 100.000 habitantes. Esto se sumó a una constante despoblación, que cambió la pirámide de ocupación del lugar: el centro y los suburbios del Norte pasaron a ser habitados mayoritariamente por afroamericanos, mientras los blancos se reubicaron en las afueras. El año pasado, el número de conductores afroamericanos detenidos y arrestados por la policía fue el doble que el de personas blancas.

Un residente de Ferguson le dijo al diario The New York Times: “Entiendo por qué quieren protegerlo, pero la gente busca respuestas. Cuando tengamos respuestas las cosas se calmarán”. Otro participante en las protestas preguntó, en declaraciones a una estación de televisión local: “Deben proteger al agente involucrado. Es la Policía. ¿No publican su nombre porque no pueden garantizar su protección, pero sí tienen la fuerza suficiente para reprimir a toda una comunidad?”.

El gobernador Nixon aseguró que la conducta de la Policía será distinta de ahora en adelante y que, si bien hay que proteger el imperio de la ley, también se debe salvaguardar el derecho a la protesta. La fuerza policial de Saint Louis sería relevada de las tareas de contención de las manifestaciones, por orden del gobernador.

La respuesta policial, además de la retención de datos, dista mucho de ser óptima. Ante una comunidad dolida, las autoridades han desplegado hombres mejor armados que soldados en zonas de combate como Irak o Afganistán, según dijeron veteranos de guerra que han participado en las protestas. La imagen de un agente de Policía apuntando con un rifle de alto poder a una multitud manifestándose pacíficamente parece salida de los disturbios raciales de hace varias décadas. El peligro de todo es que el exceso de fuerza tiene el poder de devolver el tiempo en una zona que busca repoblarse para crecer de nuevo.

 

 

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@troskiller

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