“El país estaba en alerta y no se veía control en el aeropuerto”: colombiana en Bruselas

Mónica Roppero relata que las medidas de seguridad eran mínimas. Aunque ya se ha restablecido el transporte público, la gente no se atreve a usarlo. No hay nadie en la calle y los taxis no dan abasto.

Imagen de Bruselas, tras el ataque terrorista de este martes. / AFP

Hoy no se oye nada en Bruselas. Sólo se escucha el ruido de helicópteros que sobrevuelan el cielo y el eco de sirenas de ambulancias que corren por las avenidas. Sólo se ve al ejército de policías y militares que de negro caminan por las calles. Los supermercados han cerrado sus puertas y durante más de cinco horas, la capital europea se ha paralizado. El transporte público dejó de funcionar. Las escuelas, universidades, los centros comerciales y supermercados cerraron sus puertas. Y la gente, en estado de shock, ha permanecido encerrada en sus lugares de trabajo o ha preferido quedarse en casa por miedo a salir.

Mónica Roppero es una colombiana de 26 años y vive en Bruselas desde el 2012 con su familia. Cuenta que se enteró de los ataques cuando iba de camino a su trabajo. “Mi hermano me llamó a contarme que habían puesto una bomba en el aeropuerto. Luego veo que empiezan a circular policías y bomberos. Cuando iba a coger el metro no pude entrar porque estaban bloqueadas las entradas, ahí supe que había ocurrido otra explosión”.

Entonces, la policía comenzó a bloquear las calles, se aseguraron de que la gente saliera de los túneles, evacuaron algunos edificios y se dio la orden de que los niños permanecieran en el colegio hasta nuevo aviso. “Fueron momentos de mucha angustia, veía a mujeres llorando en la calle. Nos pidieron no usar tanto el celular porque la comunicación se estaba bloqueando”, relata.

Para Laurent Verbist, belga de 28 años y originario de la capital europea, la situación no fue muy diferente. Su familia y amigos están bien físicamente, pero están consternados. “Mi familia está bien, pero me duele mucho ver cómo atacaron a mi tierra” dijo. “Estamos en estado de shock, teníamos el presentimiento de que esto iba a suceder”.

Después de los ataques en París, el 13 de noviembre del 2015, en el que 137 personas murieron y otras 415 resultaron heridas, los belgas presentían que la capital europea sería el siguiente objetivo del grupo yihadista. Tras varios meses en alerta cuatro, la máxima alerta de ataque terrorista disminuyó, se recobró la confianza y todo parecía volver a la normalidad. “Esta semana fui justamente al aeropuerto como tres veces y no vi ningún tipo de control ni de seguridad. ¡Estábamos en alerta tres! No se veía control en la entrada, podías entrar con tu maleta y no te preguntaban a dónde ibas ni nada”, agregó Roppero.

Hoy en Bruselas la gente ha despertado consternada. Tres bombas explotaron, 34 personas han muerto y casi 200 más están heridas. Dos bombas más han sido desactivadas y la alerta y el pánico no desvanece. “El ambiente es dramático, ya se ha restablecido el transporte público, pero la gente no se atreve a usarlo. No hay nadie en la calle y los taxis no dan abasto. La Policía está haciendo operativos. Tenemos mucho miedo de que haya más atentados”, manifestó el belga Verbist.

A las cuatro de la tarde, hora local, se abrieron algunas de estaciones del metro, tranvía y bus. Pero la ciudad parecía muerta. Hacía sol, pero no había nadie en la calle, no se veían bicicletas, no se veían carros. Hasta ahora, el aeropuerto permanecerá cerrado hasta mañana y el primer ministro de Bélgica, Charles Michel, ha decretado tres días de luto nacional. Un acontecimiento que ha sido declarado como el peor de la historia en el país belga.

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