El poder del mensaje de Obama

A diez días de entregarle el poder al magnate republicano Donald Trump, el presidente Barack Obama se despide de la presidencia en Chicago, la ciudad en donde inició su historia política.

Uno de los discursos más emblemáticos de Obama, en Chicago, Illinois, el 5 de noviembre de 2008.
Uno de los discursos más emblemáticos de Obama, en Chicago, Illinois, el 5 de noviembre de 2008. AFP

A diez días de entregar el poder al presidente electo, Donald Trump —quien entre otras cosas prometió borrar su legado—, Barack Obama cerró el libro de sus ocho años de mandato con un emotivo discurso en el centro de Convenciones McCormick en Chicago, la ciudad donde comenzó su carrera y en la que cerró la lucha política de los últimos ocho años.

Fue allí donde el mandatario pronunció su discurso triunfal al ser elegido como la primera persona de raza negra para ocupar el máximo cargo del país. “El cambio llegó a Estados Unidos”, dijo en 2008 el senador afroamericano de 47 años ante cientos de miles de seguidores en el céntrico Grant Park de Chicago.

En ese primer discurso como presidente electo, Obama enumeró los desafíos de su gobierno: “Los mayores de una vida entera, dos guerras, un planeta en peligro, la peor crisis financiera en un siglo”. Entonces, los demócratas habían ganado no sólo la Presidencia sino que retuvieron y ampliaron sus mayorías en las cámaras legislativas, lo que le entregaba al nuevo presidente una capacidad de maniobra que no se veía desde 1994. Pero, a pesar de las buenas circunstancias, las cosas no le fueron fáciles al mandatario, que tuvo que enfrentar el obstruccionismo de los republicanos y gobernar a través de órdenes ejecutivas.

Analistas dicen que Obama deja un país profundamente dividido y varios fracasos en política exterior, aunque reconocen que se va con logros como el deshielo con Cuba y el acuerdo con Irán. Quedan en la incertidumbre el Obamacare, la reforma sanitaria que permitió que más de diez millones de personas tuvieran seguro médico, así como la protección del clima y la igualdad de derechos, dos de sus luchas más importantes.

Pero, experto como ningún otro en oratoria —son más de diez sus discursos célebres—, su despedida fue más un mensaje de esperanza que un balance de sus ocho años de gobierno.

“Estaré pensando en mis días de joven, cuando era un activista comunitario, recién graduado de la universidad, y siento que mi fe en la capacidad de Estados Unidos de evolucionar en nuestra democracia ha sido justificada”, dijo el presidente en un video que preparó como prólogo a su discurso final.

El mandatario señaló ante miles de estadounidenses que desafiaron el gélido invierno de Chicago para recoger las entradas gratuitas (que a última hora se vendieron hasta por US$2.500) que “tras ocho años como presidente aprendí dos lecciones fundamentales: que los estadounidenses son en el fondo buenas personas y que el cambio es posible”, según el mismo video publicado por la Casa Blanca horas antes de su intervención.

Tanto Obama como sus correligionarios demócratas han hablado de la futura presidencia de Trump en tonos sombríos. Es por eso que su tarea, en el ocaso de su carrera presidencial, tuvo que cambiar después del 8 de noviembre de 2016. Tras duras críticas al magnate republicano, Obama se dedicó a explicar cómo su visión del país puede seguir siendo relevante en la época en que Trump es la principal fuerza política de Estados Unidos.

“No fue un discurso anti-Trump ni un discurso agitador ni incendiario. Fueron las palabras de un estadista. Contó una historia”, le dijo a la AFP Cody Keenan, principal redactor del discurso de despedida en Chicago.

Obama, célebre precisamente por su gran talento oratorio, logró conmover a los asistentes, en particular a su vicepresidente, Joe Biden y a su esposa, a quienes les dedicó palabras muy especiales, al igual que a su esposa, la primera dama Michelle Obama. Más allá del tema político Obama les habló a todos los estadounidenses, incluídos a quienes votaron por Trump. 

En una reciente entrevista a The New Yorker, Obama aseguró que no cree en el apocalipsis hasta que éste llegue, que la gente olvida que su discurso más famoso, el del “Sí, podemos”, lo dio después de una derrota, y que en la historia es común que se den pasos hacia atrás después de algún progreso. “Juntos escribiremos el próximo capítulo de la historia de Estados Unidos con estas palabras que sonarán de costa a costa: Sí, podemos”, afirmó el 8 de enero de 2008 en New Hampshire. Anoche insistió en que ese cambio puede ocurrir.

Desde George Washington, los presidentes siempre han enviado mensajes en sus discursos de despedida. El mensaje final de Washington, de 7.641 palabras, que sigue siendo leído en el Senado una vez al año por tradición, incluía advertencias sobre facciones e interferencias de los poderes extranjeros que extrañamente hoy se ven como proféticas.

Obama entregará el poder el 20 de enero y poco después de la investidura presidencial se irá de Washington con su familia. “Tengo fe en el futuro de este país”, concluyó anoche en Chicago.