El poder detrás del poder

Por primera vez en Estados Unidos, confirma el estudio del Wesleyan Media Project, un candidato a la presidencia recaudará la astronómica suma de un billón de dólares.

En medio de la campaña más cara de la historia, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, evalúa con su equipo los daños que dejó ‘Sandy’. / EFE

Sólo basta mirar las cifras para entender esta insospechada explosión de recursos en comparación con contiendas del pasado. Tan sólo en los últimos cuatro meses se han gastado U$$900.000 millones en publicidad televisiva, US$300.000 millones más que en 2008. Para mediados de octubre eran ya 915.000 cuñas de radio y televisión emitidas, contra 637.000 en 2008. En el último mes de campaña, Obama ha puesto al aire 112.000 pautas publicitarias, contra 97.000 de Romney. Todo para un aumento del 237% en publicidad por parte de las dos campañas, incluyendo radio, televisión, web y prensa.

Sin embargo, y así estas cifras oficiales no dejen de sorprender, añade el estudio del Wesleyan Media Project, es el dinero recaudado a través de los controvertidos comités de acción política lo que según las proyecciones elevará lo invertido en estas elecciones al orden de los seis billones de dólares.

¿La razón? La proliferación de los SuperPacs o comités políticos conformados por corporaciones, sindicatos o personas naturales que, según una sentencia de la Corte Suprema de Justicia en 2010, pueden hacer donaciones ilimitadas de dinero para apoyar u oponerse a cualquier candidatura. Su única prohibición en el papel es que no tengan coordinación alguna con la campaña del candidato que apoyan. El gran problema es que no tienen la obligación de rendir cuentas sobre sus donantes ni el origen de sus recursos, factor que los hace casi imposibles de rastrear.

El más grande de estos comités es Americans for Prosperity, fundado por Charles y David Koch, barones del Partido Republicano y dueños del segundo conglomerado más grande del país, con 234 empresas, y quienes han recaudado US$400 millones para apoyar a Romney. Lo sigue American Crossroads, comité liderado por el antiguo asesor de George W. Bush, Karl Rove, el cual ha recaudado según cifras no oficiales la suma de US$115 millones, al igual que otros US$147 millones por medio de American GPS, comité dedicado exclusivamente a campañas de desprestigio en contra de Obama. Por último está Restore Our Future, fundado por Carl Forti, exasesor de Mitt Romney en su campaña presidencial de 2008, el cual ha recaudado US$130,6 millones. Por parte de los demócratas sobresale Priorities USA, fundado y dirigido por Bill Burton, el cual ha recaudado en los últimos tres meses más de US$77 millones.

Además del hecho de la gran infusión de dinero por parte del sector privado, como consecuencia de la decisión de la Corte Suprema que dio vía libre al aporte electoral de corporaciones por considerarlo un ejercicio de la libre expresión, se suma el ingreso de millonarias donaciones de empresas y multinacionales extranjeras a la actual campaña electoral a pesar de su ilegalidad, señala otro informe del Center for Responsive Politics, entidad sin filiación partidaria con sede en Washington.

Bancos, empresa de licores, defensa militar, telecomunicaciones, entre otras empresas extranjeras, han aportado hasta el momento US$12,8 millones a través de los distintos SuperPacs. La cervecera Anheuser-Busch, de propiedad de la belga InBev, ha donado US$327.000 a los demócratas y US$314.000 a los republicanos. BAE Systems, contratista de defensa británico, entregó US$237.000 a los demócratas y US$372.000 a los republicanos.

Compass Bancshares, subsidiaria del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA), ha donado US$61.000 a los SuperPacs demócratas y US$141.000 a los republicanos. DRS Technologies, contratista de defensa militar italiana, ha entregado US$141.000 a los demócratas y US$206.000 a los republicanos. De igual forma, Oldcastle, contratista de construcción irlandesa, ha aportado US$62.000 a los SuperPac que apoyan a Obama y US$83.000 a los de Romney. Sony Entertainment, empresa japonesa, ha hecho lo suyo con US$98.000 y US$72.000 dólares respectivamente, concluye el informe.

Este panorama hace temer a muchos sobre el futuro del sistema político en EE.UU., dice Fred Wertheimer, presidente de Democracy 21, grupo que lucha por la reforma del sistema de financiación de campañas. “Es imposible esperar que, una vez suban al poder, los candidatos no respondan a los intereses de quienes los subieron allí. Espero equivocarme, pero todo indica que nuestra democracia ha sido secuestrada por los intereses de los grandes capitales”.