El poder, según la familia Ortega

Mientras Estados Unidos sigue en vilo por Donald Trump, en Nicaragua el camino parece estar despejado para un cuarto mandato de Daniel Ortega.

Funcionarios electorales ya tienen todo listo para el proceso del próximo 6 de noviembre.
Funcionarios electorales ya tienen todo listo para el proceso del próximo 6 de noviembre.AFP

Si las elecciones presidenciales en Estados Unidos se convirtieron en un reality show, las que se disputarán en Nicaragua el próximo 6 de noviembre pueden catalogarse como una novela de la que todos ya sabían el final.

Daniel Ortega, presidente nicaragüense desde 2007, está a punto de materializar su cuarto mandato y tercero consecutivo, ahora con su esposa, Rosario Murillo, como vicepresidenta.

De acuerdo con las encuestas, el presidente es imbatible. La intención de voto al día de hoy le otorga más de 55 puntos de ventaja frente a su rival más cercano, el candidato del Partido Liberal Constitucionalista (PLC, de derecha), Maximino Rodríguez, con 8,3 % de apoyo, mientras que los otros aspirantes no superan juntos el 5 %.

Pero no sólo eso. Ortega cuenta además con la simpatía del 74,2 % de los nicaragüenses y su esposa con la del 72,2 %, de acuerdo con el estudio. Algo a lo que sus críticos políticos no le encuentran ningún mérito.

Estos sostienen que, desde 2008, el Consejo Supremo Electoral (CSE) beneficia al oficialismo en cada proceso de elecciones, señalamientos que aumentaron luego de que se suprimieron las misiones de observación de los comicios y se eliminó legalmente al principal grupo opositor, que reclamaba “elecciones libres y transparentes”.

Ortega usó su poder presidencial para impedir que la oposición más fuerte participara en los comicios, a través de un fallo judicial adoptado en junio que los despojó de la representación legal, lo que provocó la desintegración de una alianza electoral opositora.

Semanas después asestó el golpe final, al destituir a 28 diputados del Parlamento. De esa manera, los opositores perdieron el único espacio constitucional con el que contaban. Desde entonces la Organización de Estados Americanos (OEA) ha pedido que se revise el proceso electoral.

No obstante, el presidente Ortega minimizó las críticas y defendió la legitimidad del proceso, que la oposición califica de farsa. Según el mandatario, el Frente Sandinista aceptó en el “pasado sus derrotas electorales a pesar de que los procesos fueron cuestionados y en algún momento se intentaron repetir”.

Ortega hizo esta defensa al anunciar que su tercera esposa, Rosario Murillo, sería su candidata a la Vicepresidencia, porque bajo su administración se pretende dar cabida a las mujeres en la política. “Para continuar con este buen gobierno, no dudamos en que la candidata a vicepresidenta fuera una mujer… ¿y quién mejor que la compañera Rosario? Con una labor puesta a prueba, con mucho sacrificio y sin horario”, sostuvo Ortega.

Sus opositores aprovecharon para delinear la visión de poder de Ortega. De acuerdo con investigaciones de prensa, los hijos del mandatario son los que forman el círculo de poder: uno maneja las inversiones internacionales, otro está a cargo de los negocios locales, el mayor administra el lucrativo negocio de la distribución del petróleo, y otros vástagos más son empresarios de medios de comunicación.

Pero faltaba alguien en política. Según la Constitución, de faltar el presidente será Rosario Murillo quien asuma el poder en Nicaragua. “Los nicaragüenses vivimos una guerra por una dinastía familiar, no nos gustan las dinastías familiares. El Frente Sandinista, y miles de nicaragüenses, precisamente lucharon para desterrar ese tipo de gobierno en Nicaragua y esto es lo que se está viendo ahorita”, dijo al diario El País Luis Callejas, el excandidato presidencial que quedó imposibilitado para participar en las elecciones por el fallo de la Corte Suprema.

La oposición nicaragüense espera que el acercamiento entre el gobierno de Ortega y la OEA, que comenzó esta semana, contribuya a suspender las elecciones del 6 de noviembre para que se puedan organizar nuevos comicios en 2017 con garantías de transparencia y pluralismo. Pero esa posibilidad está descartada.

 

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