El pozo de la discordia

El hallazgo de un inmenso yacimiento de gas y petróleo en el Ártico ruso deja a EE.UU. en una posición demasiado incómoda.

El presidente ruso, Vladimir Putin, en la firma de un acuerdo entre Rosneft y ExxonMobil. / EFE

El debilitamiento de las relaciones entre EE.UU. y Rusia empezó desde que Edward Snowden, el exempleado de la CIA que reveló los alcances de los programas de vigilancia estadounidenses, recibió asilo temporal en Moscú. Luego, la anexión de la península (antes ucraniana) de Crimea a la Federación Rusa y la posterior aparición en el este de Ucrania de separatistas prorrusos que amenazan la integridad país, llevaron a Washington y sus aliados de Occidente a impulsar sanciones económicas en contra del Kremlin, enfocadas particularmente en su industria energética.

Antes del debilitamiento en las relaciones, desde 2012 la mayor compañía energética estadounidense, ExxonMobil, y la estatal rusa Rosneft empezaron a trabajar en uno de los proyectos de cooperación ruso-americana más grandes desde el fin de la Guerra Fría: la exploración de petróleo y gas natural en el Ártico ruso. El acuerdo inicial incluía proyectos exploratorios en el mar de Kara, al norte de Siberia, y en el mar Negro, con un precio estimado de US$3.200 millones.

Las ambiciones de rusos y estadounidenses no eran menores. El Servicio Geológico de EE.UU. ha estimado que en el Ártico hay una quinta parte del petróleo y el gas natural no descubierto del planeta, la mayoría en el sector del océano ruso. Sólo en el mar de Kara podría haber 36 mil millones de barriles de reservas recuperables.

Como parte de las sanciones contra Moscú, sin embargo, Exxon y otras compañías de Occidente ya no participarán en el proyecto. EE.UU. y la Unión Europea prohibieron a cualquiera de sus empresas participar en labores conjuntas con compañías energéticas rusas y cortaron la cooperación para la exploración en el Ártico. A partir del 10 de octubre, Exxon ya no podrá participar en la exploración energética en Rusia.

El sábado pasado, Igor Sechin, presidente ejecutivo de Rosneft, el hombre más poderoso en materia energética en Rusia y un viejo aliado del presidente ruso Vladimir Putin, informó sobre el hallazgo de un yacimiento que “superó cualquier expectativa” en el pozo más septentrional del mundo: el Universitetskaya-1, en el Ártico, que podría tener alrededor de 338 millones de metros cúbicos de gas y más de 100 millones de toneladas de petróleo. Una franja que superaría las cuencas del golfo de México, de Brasil, Alaska y Canadá, y sólo sería comparable con las reservas de Arabia Saudita.

Aunque faltan más exploraciones, estudios y pruebas para confirmar la riqueza de este hallazgo, desde ya se especula con los efectos que tendrá en la relación entre Washington y Moscú, y entre el gobierno federal estadounidense y las empresas energéticas del mismo país. Debido a las sanciones, Exxon no podrá hacer más perforaciones en ese rincón del Ártico. Esto significa que el proyecto energético por ahora estará detenido, porque Rosneft y las estatales rusas no tienen la infraestructura para realizar labores de perforación en esas zonas hostiles. Rusia y las compañías de Occidente se necesitan en esta empresa, que tiene un potencial multimillonario y demasiado atractivo para ambos.

Putin tiene una enorme ambición sobre el petróleo. Este recurso representa el 60% de las exportaciones de su país y más de la mitad de su presupuesto federal. Los yacimientos rusos en Siberia se agotan y el país necesita desarrollar nuevas reservas, para mantenerse en la competencia con EE.UU. por ser el mayor productor de crudo y gas del mundo. Si se confirma el hallazgo en el Ártico y se logran extraer los recursos, Putin podría tener garantizadas sus reservas hasta más allá de 2020.

La Exxon, por el otro lado, es la mayor compañía energética del planeta. Tiene los derechos de perforación en 11,4 millones de hectáreas en Rusia, que es su zona de perforación más grande después de las 15,1 millones de hectáreas que tiene en EE.UU. Además, tiene metas ambiciosas en Rusia y particularmente en el Ártico, en donde espera producir cantidades significativas de petróleo y gas en 2025. No es previsible, entonces, que este gigante energético se quede de brazos cruzados ante el potencial económico de semejante descubrimiento.

Una opción es que se levanten las sanciones contra Moscú a pesar de que siga el conflicto en Ucrania, que se reactive la cooperación ruso-estadounidense y ambos terminen beneficiándose del petróleo y el gas. El levantamiento de las sanciones dependerá, en parte, de cómo fluya el proceso de paz en Ucrania. La otra opción dejaría a EE.UU. como víctima de su propia medicina, damnificado por las mismas sanciones que impulsó contra el Kremlin. Putin podría buscar otros socios en Asia que tienen capacidad para la perforación en esa zona del Ártico como China, Singapur o Corea del Sur, y dejar a Washington por fuera del negocio.

Las declaraciones que dio Igor Sechin, en una travesía a bordo de un buque de investigación para constatar el descubrimiento en el Ártico, dejan espacio para pensar: “Vamos a seguir trabajando, no importa cómo”, dijo, antes de dar a conocer el hallazgo que el mismo llamó ‘Victoria’.

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@DanielSalgar1

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Daniel Salgar Antolínez

El Mundo

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