El precio social de la ropa

La muerte de cerca de mil personas por el desplome de un edificio de fábricas en Bangladesh resalta las prácticas empresariales en el país, no siempre las más justas.

Una mujer fue rescatada 17 días después del colapso del edificio Rana Plaza, ocurrido el 23 de abril. / AFP
Una mujer fue rescatada 17 días después del colapso del edificio Rana Plaza, ocurrido el 23 de abril. / AFP

El papa Francisco verbalizó en su homilía del 1º de mayo lo que muchos habían pensado. “Me impresionó un titular del día de la tragedia de Bangladesh —casi 1.000 personas murieron en el desplome de un edificio—: ‘Vivir con 38 euros ($90.000) al mes’. Esto es lo que pagaban a los que murieron... ¡Eso se llama trabajo esclavo!”. Todas las miradas se han vuelto, una vez más, hacia las grandes marcas, compañías con enormes beneficios que corrieron a Bangladesh cuando los costos laborales en China empezaron a subir.

Porque el negocio de la confección se traslada a toda velocidad. Bastan unos trabajadores, sus máquinas de coser y un techo. Bangladesh, tan atractivo con el peor sueldo mínimo del mundo ($69.000 míseros pesos al mes, varias veces menos de lo que una ONG calculó como necesario para llevar allí una vida decente), se ha convertido en problemático porque el derrumbe de hace días —con casi 1.000 muertos y 2.500 heridos, incluidos muchísimos mutilados— llega tras otra tragedia en noviembre en Dacca, la capital, y reabre el debate sobre las condiciones en las que las empresas fabrican la ropa que vestimos.

A Eva Kreisler, coordinadora en España de la red internacional Ropa Limpia, la inquieta especialmente que el edificio Rana Plaza, que colapsó un día después del descubrimiento de grietas, hubiera pasado dos auditorías de empresas occidentales. No es la primera vez. “Eso demuestra que el sistema no funciona, que las auditorías y los códigos de conducta son insuficientes”. La responsabilidad social corporativa (RSC) tiene hace años un lugar destacado en todas las grandes marcas. Y en sus informes anuales.

Fuentes de los grandes españoles de la confección, Inditex (que fabricó 835 millones de prendas en 2011) y Mango (105 millones), sostienen que sólo trabajan con plazos y volúmenes razonables y que está tajantemente prohibido que sus proveedores subcontraten sin permiso. Pero también es cierto que los fabricantes, agobiados por los plazos, subcontratan con tal de cumplir con el pedido, como ha quedado al descubierto en varias tragedias.

Walt Disney, la empresa que más vende vía licencias en el mundo, ha anunciado que abandona Bangladesh. Otras sopesan seguirla, pero las ONG quieren que se queden, den trabajos y salarios dignos y ejerzan presión —ellos que sí tienen el poder— para que mejoren las leyes y se apliquen. La corrupción es cotidiana en Bangladesh, y sus autoridades están ávidas de atraer extranjeros al sector textil, que ha convertido a mucho político en empresario. Es el caso de Sohel Rana, el dueño del edificio, ya detenido.

Es un negocio de US$22.000 millones al año que da trabajo (precario o incluso esclavo, pero trabajo) a tres millones de personas, supone el 70% de las exportaciones y el 17% del PIB. “Las compañías que se abastecen aquí y conocen las condiciones tienen que hacer mucho más para asegurarse de que las fábricas de las que se surten cumplen las normas, están bien construidas, correctamente inspeccionadas, tienen salidas de incendios y tratan a sus trabajadores correctamente”, declaró a la BBC Peter McAllister, director de Ethical Trading Initiative, una alianza de empresas, sindicatos y ONG que busca reducir el impacto social y medioambiental de la industria de bienes de consumo.

Fuentes de Inditex, Mango y El Corte Inglés presumen de transparencia, destacan su trabajo de auditoría social, los cursos de formación para trabajadores y otras iniciativas enmarcadas en la responsabilidad corporativa. Aseguran que sólo empiezan a trabajar con un proveedor tras una inspección independiente. La suelen hacer empresas externas con personal local. Cuando el taller en cuestión ya cose para ellos, llega la auditoría. Se revisa que no haya trabajo infantil o forzado —por ahí sí que no pasan, recalcan—, los salarios, las horas extras (cuántas y a cuánto se pagan), la salubridad, las salidas de emergencia y, esencial, el derecho a sindicarse y a la negociación colectiva.

El Corte Inglés, que admitió que tenía “relación comercial con una de las cuatro fábricas” del edificio derrumbado —como la irlandesa Primark y la canadiense Loblaw— y ha anunciado ayudas de emergencia aún sin detallar, hizo en 2011 el 13% de sus auditorías en Bangladesh. El taller en cuestión pasó una inspección de Business Social Compliance Initiative (BSCI), otra alianza enmarcada en la responsabilidad corporativa. Una de las medidas que compañías, sindicatos y ONG contemplan para evitar futuros desastres es incorporar inspecciones de las infraestructuras en sus auditorías. Desde que las ocho plantas del Rana Plaza se derrumbaron, las empresas del sector han recalcado que carecen de la capacidad técnica para evaluar el estado de los edificios. Human Rights Watch recuerda que sólo hay 18 inspectores para ocuparse de los 100.000 talleres de la capital.

Mango, que vinculó las etiquetas halladas entre los escombros con “unas muestras” para la empresa que “aún no se habían iniciado”, fabricó en Bangladesh el 4% de los 105 millones de prendas hechas en 2011 mediante 250 proveedores.

Fuentes de Inditex explican que el año pasado salió de Bangladesh el 6% de sus prendas y que hicieron en ese país 250 auditorías, de las 3.500 totales. Añaden las fuentes que ante los incumplimientos, salvo los gravísimos, se aplican planes correctivos a los proveedores con un plazo tras el cual se repite la auditoría. Tienen unos 1.400 proveedores, de los que el 70% trabajan para ellos (nunca en exclusiva) hace más de tres años. El 91% de los proveedores examinados sacaron en 2012 una nota de A o B, las mejores en una escala que incluye también C y D, indican desde la sede de la compañía. La memoria de 2011 recoge “los últimos pagos al fondo de pensiones para los damnificados en el colapso de la fábrica Spectrum Garments” (ocurrió en 2005 en una subcontrata no autorizada). Ropa Limpia quiere que el sistema de indemnizaciones de aquel caso sea ahora el modelo.

Ropa Limpia hizo hace unos años un durísimo informe, Buscando un apaño, que criticaba las auditorías anunciadas. Un trabajador de una fábrica que producía para WalMart y Sears en Kenia describía así las visitas de inspección: “Las auditorías tienen más que ver con asegurarse pedidos que con la mejora del bienestar de los trabajadores, por eso los gerentes hacen sólo cambios cosméticos para impresionar a los auditores”.

El sindicato IndustriALL, que representa a 50 millones de trabajadores en todo el mundo, recuerda que en una camiseta fabricada en Bangladesh que se vende a 20 euros los costes laborales suponen 1,5 céntimos. Otro dato que impresionaría a Jorge Mario Bergoglio.

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