El premio a la resistencia

Yara Bader es una periodista y activista siria que retomó el trabajo de su esposo, el periodista Mazen Darwish, a quien le otorgaron el Premio de la Libertad de Prensa de la Unesco-Guillermo Cano.

El pasado 3 de mayo, Yara Bader viajó a Latvia para recibir, en nombre de su esposo, el premio Mundial de Libertad de Prensa-Guillermo Cano 2015. / Unesco y archivo personal
En la mañana del 16 de febrero de 2012, un grupo de hombres armados entró de manera violenta a las oficinas del Centro Sirio de Medios de Comunicación y Libertad de Expresión (CMFE) en Damasco (Siria). Adentro estaba el periodista y abogado Mazen Darwish, director del Centro, junto a su esposa Yara Bader y unos 14 funcionarios, dedicados a monitorear la situación de los periodistas que cubren el conflicto sirio desde su inicio, en 2011. Todos fueron arrestado e interrogados por las autoridades, hasta que dos meses después, Bader fue liberada junto con algunos colegas. Su esposo y cuatro colegas más no contaron con la misma suerte.
 
Desde esa mañana, Darwish se encuentra aislado de sus compañeros y no se le han permitido visitas de familiares o de un abogado. Sin embargo, Bader ha logrado rastrear pistas con ayuda de organizaciones y defensores de derechos humanos, quienes han podido establecer que se le acusa de publicitar actos terroristas y por ello ha sido interrogado y torturado en repetidas ocasiones.
 
Organizaciones internacionales como Reporteros Sin Fronteras, Human Rights Watch y la Unesco han pedido su liberación inmediata. Pero ninguna de las peticiones ha sido escuchada. Sin embargo, la persistencia de su esposa, quien retomó la dirección del CMFE y el trabajo de Darwish, ha sido fundamental para mantener la lucha por los derechos que se ha olvidado en Siria y el nombre de quienes han sacrificado su libertad y su vida. El Espectador dialogó con Bader sobre la situación de su esposo y de su trabajo después de tres años, desde la última vez que pudo hablar con Darwish.
 
¿Qué es lo último que ha podido conocer del tratamiento y la situación en la que se encuentra su esposo?
Mi esposo es un hombre muy fuerte. Él cree en Siria, en la humanidad y en las leyes. Sin embargo, no ha sido bien tratado en la cárcel, ha sido torturado hasta el punto de que llegamos a creer que podíamos perderlo.
 
¿Desde que está al frente del Centro Sirio de Medio de Comunicación ha adoptado algún tipo de medida de seguridad para evitar problemas con las autoridades?
En realidad, no. Creo que no existe nada que me pueda proteger si algún actor del conflicto decide hacer algo en contra mía.
 
La situación de los periodistas en Siria es crítica. Sin embargo, hay medios y gente como ustedes que no han dejado de luchar por sus derechos. ¿Qué es lo más importante de este esfuerzo?
Creo que podríamos hablar sobre lo que hemos llamado “el ejemplo sirio”: en un lugar aislado como Siria, la revolución de Wikileaks en 2006 les dio esperanza a muchos periodistas que no habían podido trabajar en la era dorada de la información, en donde nada puede opacar el derecho a acceder y a intercambiarla. Pero lo que pasó fue muy distinto de lo que se esperaba. Este país es una cárcel para la información y los periodistas; aquí cada palabra que decimos o escribimos es monitoreada y esa ilusión que alguna vez existió, nunca fue real. Pero nuestra lucha ha seguido en firme y además de pedir por la democracia, nuestra pelea también es por el derecho a informar y ser informados. A pesar de los cientos de compañeros que han asesinado, torturado o arrestado, hay quienes seguimos informando para que quede un testimonio, así sea para la comunidad internacional, de las cosas que están sucediendo en Siria. Ese es nuestro ejemplo.
 
¿Por qué considera que el trabajo de Darwish es tan importante?
Ante todo, él es una persona obsesionada con la responsabilidad ética y con la conciencia. Por eso es que desde hace más de diez años Mazen escogió dejar muchos lujos a un lado y regresar a Siria para trabajar en y por él, sin importar su contexto y la gigantesca sombra de opresión que existe. Él es un abogado y defensor de los derechos humanos que decidió trabajar como periodista, pues consideraba que esa era la profesión más importante para la situación en la que se encuentra su país. Antes de su arresto, Mazen explicaba que nuestra lucha por la liberación de los medios de comunicación del control del estado es uno de los elementos centrales para lograr una transformación real y completa del mundo árabe. Pero todo el trabajo que alcanzó a realizar lo hizo sin violencia y con una dedicación admirable.
 
La comunidad internacional se ha pronunciado en diferentes ocasiones sobre la situación de su esposo y la de otros periodistas en Siria. Pero, ¿cuál es el paso a seguir y la medida más urgente que se debería tomar?
Siempre hemos tenido mucha ayuda de diferentes organizaciones. Pero la comunidad internacional todavía tiene que hacer mucho, no sólo por Mazen, sino también por los defensores de derechos humanos y periodistas que trabajan en conflictos. Durante los últimos cuatro años hemos perdido a excelentes periodistas en Siria, como Marie Colvin y Gilles Jacquier; sólo fue tras la muerte de James Foley que la intervención por fin llegó a Siria. Lastimosamente, las medidas que se tomaron fueron más políticas y militares que otra cosa y eso es lo último que necesitamos aquí. Lo que necesitamos urgentemente es que las leyes internacionales protejan a nuestros periodistas y defensores.
 
¿Por qué seguir dando la pelea en una lucha que ha cobrado la vida de tantos colegas y ha torturado a muchos más?
La detención de Mazen en 2012 fue un mensaje muy fuerte de la opresión que no solo recibió él sino muchos otros movimientos pacíficos. Esta autoridad despótica puede que sea capaz de privar de la libertad a una vida que contribuía a la lucha por los derechos. Pero como lo dijo Mazen en la primavera de 2011, ningún régimen, gobierno o grupo en el mundo ha sido capaz de ocultar o monopolizar la verdad. Ellos no pueden detener de ninguna manera las ideas o el libre albedrío: intentaron hacerlo con mi esposo, pero no pudieron porque aquí estamos nosotros. Por eso seguimos en la lucha, en medio de la locura de la guerra, a lo largo de este duro y doloroso viaje hacia la libertad, luchamos con nuestras normas morales, con las herramientas profesionales y con nuestro libertad y voluntad.
 
Entre usted y su esposo suman más de cinco premios por su trabajo por defender derechos humanos. ¿Sirven de algo tantas distinciones?
Los míos no son nada. Aquí lo que importa es Mazen. Pero sí tengo que admitir que los que él gana son una pequeña luz en la oscuridad de su celda.
 
¿Qué ha sido lo más difícil desde el arresto de su esposo?
Cada momento ha tenido su dificultad. Pero no los quiero recordar, ni pensar, ni hablar de ellos. Es muy doloroso.
 
¿Cómo describiría a Mazen como periodista y como abogado?
Es compasivo, valiente, generoso y honesto. Es un amigo muy leal y un hombre en el que cualquier puede confiar. Su responsabilidad con Siria y su compromiso con la ética son lo que lo define a él como Mazen Darwish.
 
¿Y como esposo?
Soy una mujer muy afortunada de tener a Mazen. Él es todo lo que había soñado, es mi mejor amigo y la persona a la que le puedo pedir un consejo de cualquier cosa. Tuvimos momentos en los que reíamos como niños. Lo único que quisiera es que tuviera días mejores y no tanta tristeza en su vida.
 
¿Cuál sería el mensaje que quisiera darles a las personas que tienen en prisión a su esposo?
Yo no puedo creer cómo alguien puede hacer algo así. Quizás sólo si se trata de protegerse a sí mismo o a su familia. Pero me gustaría preguntarles si de verdad creen que Mazen es su enemigo. ¿Es tan difícil para ellos pensar en que cada uno puede tener una vida en paz?
 
Libertad de prensa en Siria
 
Según el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), desde el inicio del conflicto sirio en 2011, 47 periodistas profesionales y 127 periodistas ciudadanos han sido asesinados. Otros 50, aproximadamente, se encuentran detenidos arbitrariamente en alguna de las cárceles de este país y al menos 20 periodistas sirios y cinco extranjeros han desaparecido o son rehenes del Estado Islámico y otros grupos extremistas armados.
 
El escalamiento del conflicto sirio ha convertido a este país en uno de los más peligrosos para ejercer periodismo. La última clasificación publicada por Reporteros Sin Fronteras, organización internacional por la defensa de la libertad de información, muestra que Siria es la cuarta región con más riesgos para los periodistas. Si bien logró descender tres posiciones desde el año pasado gracias al incremento de los esfuerzos de la comunidad internacional después de la muerte del periodista inglés James Foley en agosto de 2014, la situación en Siria sigue siendo crítica.
 
Desde 2011, el presidente Bashar el Asad se encuentra dentro de la lista de Depredadores de la Libertad de Prensa que Reporteros Sin Fronteras publica cada año; y desde 2013 el grupo armado yihadista, Jabhat al Nosra, que sigue los lineamientos de Al Qaeda, se unió a este listado.