El punk contra Putin

Tres integrantes de la banda Pussy Riot podrían pasar siete años en la cárcel por protestar contra el mandatario en una iglesia de Moscú.

Las acusadas: Nadejda Tolokonikova (2ª izq.), Ekaterina Samutsevich (centro) y María Alejina (der.)  /EFE
Las acusadas: Nadejda Tolokonikova (2ª izq.), Ekaterina Samutsevich (centro) y María Alejina (der.) /EFE

No existe una fecha tentativa para que el Tribunal de Moscú emita la sentencia, pero la prensa rusa dice que podrían pasar cinco meses, que se sumarán a los cinco que ya han estado en la cárcel, y apenas esta semana comenzaron sus audiencias ante la juez que adelanta el proceso, Marina Syrova. Es el caso de las tres integrantes de la banda de punk Pussy Riot, que se han convertido en símbolo de la oposición al presidente Vladimir Putin.

Desde su detención, en marzo de este año, las mujeres encarceladas, Nadejda Tolokonikova, de 22 años; Ekaterina Samutsevich, de 29, y María Alejina, de 24, comenzaron a aparecer en los carteles de las manifestaciones contra el Kremlin y activaron los ánimos feministas de cientos de mujeres que hoy cubren sus rostros con máscaras de tela en señal de protesta. El pleito tiene dos bandos claros: por un lado están las tres jóvenes y sus seguidores, y del otro, Vladimir Putin y la Iglesia ortodoxa.

La historia comenzó el pasado 21 de febrero. Las diez integrantes de las Pussy Riot —poco conocidas hasta entonces— irrumpieron en la catedral ortodoxa Cristo Salvador de Moscú para poner en marcha una de sus presentaciones. Entraron al templo con las caras cubiertas con máscaras de tela ante el estupor de la feligresía y entonaron una “plegaria” a la Virgen titulada Líbranos de Putin.

Las autoridades iniciaron una investigación que llevó a la detención de las tres mujeres. La cabeza de la Iglesia ortodoxa rusa, el patriarca Kirill, calificó los hechos como una blasfemia, pero del lado de la banda de punk había una razón para hacerlo en ese templo: Kirill y la Iglesia ortodoxa rusa en general apoyaron decididamente la candidatura de Vladimir Putin a su tercer período presidencial, y esa era una suerte de culpa por la que tendrían que responder.

Hoy, sobre las Pussy Riot pesan cargos por vandalismo y en caso de ser halladas culpables deberán pagar siete años de condena. Este posible final de la historia, que a ojos de la oposición es bastante probable por la influencia de Putin en las cortes, ha desatado varias protestas civiles: además de las marchas a su favor, 100 artistas rusos han firmado una carta pidiendo la libertad de las jóvenes, condenando lo que consideran un castigo excesivo y autoritario. Incluso la célebre banda estadounidense Red Hot Chili Peppers ha enviado saludos de apoyo a las acusadas.

En una entrevista con el diario británico The Guardian, otras tres integrantes de Pussy Riot explicaron que el fortalecimiento del movimiento feminista en Rusia es indispensable: “Somos un país patriarcal y ya es hora de que las mujeres asumamos posiciones importantes”. Aparecieron con sus caras cubiertas como de costumbre, insinuando además su temor a las posibles represalias del Gobierno y criticando duramente las políticas de Vladimir Putin, quien asumió nuevamente el cargo presidencial el 7 de mayo, después de unas elecciones calificadas de fraudulentas por la oposición.

Las ONG rusas de derechos humanos también critican duramente este caso como una represalia desmedida a la libertad de expresión. Además aluden a la llamada Ley de Internet, aprobada precisamente el lunes por el Parlamento, que permite crear listas negras de páginas con “informaciones peligrosas”, una clara amenaza de censura, según los críticos. Esto no pasaría en Rusia si las mujeres tuvieran más participación en política, dirían las integrantes de Pussy Riot.

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