El rastro del horror

El tifón Haiyan, una de las peores tormentas jamás registradas, devastó Filipinas. Se estima que más de 10 mil personas murieron por cuenta de las inundaciones.

La destrucción dejada por Haiyan en la provincia de Leyte.

“Las grandes olas llegaron una y otra vez. Nos sacaron a la calle y se llevaron nuestras casas. Mi esposo nos ató a todos, pero incluso así el agua nos separó. Vi muchas personas ahogándose, gritando, hundiéndose. No he encontrado a mi esposo”.

El testimonio es de Mirasol Saovi, de 27 años, quien es una de los cientos de miles de víctimas del tifón Haiyan, una de las tormentas más fuertes jamás registradas y que dejó un inmenso rastro de destrucción tras su paso por Filipinas, país asiático en el que con cierta frecuencia impactan estos fenómenos, pero que no había visto algo similar.

Los primeros cálculos hablan de 10 mil muertos, en palabras de personas como Elmer Soria, uno de los encargados de la Policía en la provincia de Leyte, la más afectada hasta el momento. La cifra no ha sido oficializada, pues la sola coordinación de los organismos de rescate y ayuda ha probado ser una pesadilla por cuenta de los daños en caminos y aeropuertos.

La entrega de ayuda y reubicación de los afectados se ha dificultado aún más porque incluso las mismas autoridades sufrieron los efectos del tifón. En algunos puntos las instalaciones señaladas como refugio también debieron ser evacuadas ante la ferocidad de los vientos (que tuvieron una velocidad sostenida de 313 kilómetros por hora, con picos de hasta 378 kilómetros por hora). Algunas evaluaciones preliminares aseguran que la mayoría de los muertos pueden haber sido causados por la entrada del océano en la tierra, que cubrió terrenos a un kilómetro de la costa y trajo una inundación de hasta seis metros de altura, con potencia suficiente para arrasar edificios de concreto.

Tacloban, ciudad con 220 mil residentes, es, hasta el momento, el epicentro de la tragedia. Algunos cálculos señalan que al menos el 80% de las estructuras del lugar fueron derribadas. El fin de semana, Alfred S. Romualdez, el alcalde de la ciudad, se encontraba desaparecido hasta que fue encontrado aferrándose al techo de su casa, de acuerdo con reportes de la prensa local.

En esta ciudad un hombre revisaba los restos de una casa que no era suya en busca de comida y, quizás, agua. En su búsqueda pisó algunos cuerpos enterrados en los restos de la construcción. Le dijo a un periodista de la agencia AFP que su nombre es Edward Gualberto, que no es un mal hombre. Que siente mucho estar robando de los muertos, pero que tiene cuatro hijos y hace tres días no comen. “Uno hace cosas vergonzosas para sobrevivir”.

Casi medio millón de personas fueron desplazadas por Haiyan y al menos 4,5 millones más son consideradas como afectadas por la agencia nacional de desastres. Los daños, centrados especialmente en la provincia de Leyte, se extienden más allá de Tacloban. El mayor temor de las autoridades es que, incluso con un estimado parcial de 10 mil muertos, aún hay varias áreas con las que no han podido hacer contacto; lugares como Guiuan que, con una población de 40 mil personas, fue el primer punto de contacto de Haiyan con Filipinas. Según información de las Naciones Unidas citada por la agencia Reuters, la ciudad de Baco, con 35 mil habitantes estaba sumergida en un 80%.

Sebastian Rhode Stampa, jefe del equipo de la ONU que se encuentra en Filipinas para ayudar en las labores de rescate, aseguró que “la última vez que vi algo de esta escala fue como consecuencia del tsunami del océano Índico, en 2004”.

Con la escasez de agua y alimentos llegaron los saqueos a establecimientos comerciales, principalmente en Tacloban. Benigno Aquino, presidente de Filipinas, envió cientos de policías y soldados a la ciudad para mantener el orden y, de acuerdo con Reuters, podría declarar la ley marcial en este lugar. El desplazamiento de tropas es aún más difícil, pues el aeropuerto local quedó severamente dañado y es utilizado como una morgue improvisada.

La situación del gobierno filipino es ciertamente precaria, si se tiene en cuenta que, además del tifón, el país también se encuentra superando los daños dejados por un terremoto de 7,2 grados en la escala de Richter que afectó el centro del país hace poco menos de un mes.

Después de su paso por Filipinas, Haiyan se dirige hacia Vietnam. Aunque el tifón había perdido fuerza, el gobierno vietnamita evacuó a 800 mil personas en 11 provincias por temor a posibles deslizamientos de tierras ocasionados por la lluvia que trae la tormenta.

En las estadísticas del Consejo Nacional de Manejo y Reducción de Desastres de Filipinas, la tormenta tropical Thelma era hasta hoy el fenómeno natural más devastador en Filipinas: en 1991 dejó cinco mil muertos y afectó a poco más de cuatro millones de personas.

Pero todo eso cambió. En la aldea de Mabolo, al norte de Tacloban, había un árbol que, con un tronco de un metro de diámetro, soportó tifones durante más de un siglo. Haiyan lo arrancó del suelo y lo arrojó encima de una iglesia adyacente.