El renacer de Cuba

Después de que la Celac le diera un espaldarazo diplomático a la isla, la Unión Europea busca flexibilizar el bloqueo institucional que le ha impuesto desde 1996.

Fidel Castro, expresidente cubano, junto a su hermano Raúl, el actual jefe de Estado. / AFP

La Unión Europea (UE) se ha planteado como objetivo tener un nuevo marco de relación con Cuba el próximo año. Para esto negociarán con base en el diálogo y no en el aislamiento. Los acercamientos no podrán pasar por alto el punto que ha obstaculizado el entendimiento entre las partes: el respeto a los derechos humanos por parte del régimen de los Castro.

Cuba tiene un largo camino por recorrer en materia de derechos humanos. Se sabe que allá la disidencia es perseguida, encarcelada arbitrariamente y a veces torturada por las autoridades. Hay cuestionamientos sobre la independencia del aparato de justicia y las garantías a la libertad de expresión. Fue justamente debido a esas fallas que en 1996 el gobierno español de José María Aznar logró que los 15 miembros que entonces tenía la UE establecieran la posición común europea hacia Cuba, la cual condiciona cualquier posible diálogo al mejoramiento de los derechos humanos en la isla.

El reciente anuncio hecho por los ministros de la UE sobre la reapertura de un diálogo político con la isla no implica un viraje radical respecto a la posición común. En palabras de Catherine Ashton, jefa de la diplomacia europea, “no es un cambio de política del pasado. Así como queremos apoyar la reforma y la modernización en Cuba, consistentemente hemos expresado nuestras preocupaciones sobre los derechos humanos, que seguirán siendo el núcleo de esta relación. Espero que Cuba haga lo necesario de su parte, especialmente en materia de derechos humanos”.

Desde que se impuso la posición común, Cuba ha sido la excepción en las relaciones exteriores de la UE con América Latina. Es el único país de la región y el Caribe que no tiene un acuerdo contractual con la UE, aunque sí mantiene algunas colaboraciones concretas. Actualmente, la UE es el primer inversor extranjero en Cuba y su segundo socio comercial después de Venezuela, con exportaciones por cerca de casi 2.000 millones de euros a la isla. Las importaciones cubanas pesan menos, porque no superan los 700 millones anuales.

Gustavo Palomares, presidente del Instituto de Altos Estudios Europeos (IAEE), dice que para España, que ha guiado la postura política de Europa hacia Cuba, la isla “no es sólo un socio comercial de primer orden sino un atractivo de negocios, teniendo en cuenta que gran parte del repunte de la economía y la salida de la crisis española dependerá del negocio turístico, y Cuba es una de las referencias del negocio turístico de España”.

Palomares agrega que la búsqueda de un nuevo acuerdo con Cuba, además de solucionar un anacronismo en la política exterior de la UE, “le permitirá a Europa acercarse a la política y la apertura en la isla. Ahora la UE, en vez de bloquear las relaciones hasta ver un cambio, podrá influir en un proceso de cambio”.

Hay al menos dos elementos por los cuales el mundo posa su mirada sobre Cuba: primero, los incipientes signos de apertura que ha dado el gobierno de Raúl Castro, y segundo, la inminencia de una transición política, dado que en 2018 el presidente cubano se retirará, y por primera vez desde la revolución del 59 no habrá un miembro de la familia Castro en el poder.

Desde que Raúl Castro reemplazó en la presidencia a su hermano Fidel, en 2006, no se ha enfocado tanto en exportar su revolución como en trabajar en los problemas internos. Ha hecho aperturas económicas (no políticas, porque el Partido Comunista sigue siendo único), como el levantamiento de la prohibición de alquilar inmuebles, la autorización de la compraventa de viviendas y la ampliación de las posibilidades de trabajo por cuenta propia. También impulsó una reforma migratoria para que más cubanos pudieran viajar al exterior.

Tengan o no el efecto esperado por los cubanos, estas iniciativas llaman la atención de otros países, porque podrían traer a largo plazo un cambio en el sistema económico de la isla y una mayor apertura a la inversión extranjera.

¿Un renacer de la diplomacia cubana? Para el presidente del IAEE, la diplomacia cubana nunca ha estado muerta. Es más, ha sido una de las más hábiles del continente, aunque haya dejado pasar algunas oportunidades de insertarse en foros de integración. Cuba se negó a reintegrarse a la OEA cuando ese organismo le abrió las puertas en 2009, después de que la suspendiera en 1962. Hoy, sin embargo, parece que la OEA necesita más de La Habana que viceversa.

Desde la llegada de Hugo Chávez al poder, Cuba estableció inquebrantables relaciones con Venezuela. De esa relación, la isla se favorece con petróleo bolivariano a cambio de enviar personal capacitado en diversas disciplinas a Caracas. Además, esa alianza le ha permitido a La Habana insertarse en otros escenarios regionales y empezar a diversificar sus relaciones.

Hoy la isla es marco de uno de los procesos que más llaman la atención en el continente: los diálogos entre el gobierno colombiano y las Farc. La realización de las negociaciones la ha mostrado como un Estado que da garantías para la resolución pacífica de conflictos. Cuba, además, ofreció ser la sede de ese proceso político después de que EE.UU. impulsara durante más de una década el enfrentamiento armado y la guerra contra el narcotráfico en Colombia, sin que se lograra la paz.

En la última cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac) Cuba recibió un espaldarazo diplomático de la región y aprovechó para fortalecer lazos económicos. Un logro importante fue el relanzamiento de sus relaciones con México, que estaban rotas desde 1999. Como un gesto previo al encuentro en La Habana, el gobierno mexicano condonó a Cuba el 70% de su deuda, equivalente a unos US$487 millones desde hace 15 años. Según algunos diarios mexicanos, Cuba y México evalúan una “negociación formal para un acuerdo que permita la protección recíproca de sus hidrocarburos en la frontera del golfo de México”.

Brasil, la potencia primaria de Suramérica, ha hecho millonarias inversiones en la isla. Antes del inicio de la Celac, Dilma Rousseff visitó el puerto de Mariel y la zona franca aledaña, una obra realizada por la constructora brasileña Odebrecht y que tuvo una financiación de US$682 millones del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social del gobierno brasileño. Ese puerto es el núcleo de la primera zona especial de desarrollo creada en Cuba dentro del marco de las reformas económicas. La propia Rousseff ha anunciado más inversiones y su deseo de ser el principal “socio” de los Castro.

A pesar de que el Partido Republicano bloquea varias de sus propuestas en el Congreso, el presidente Barack Obama ha intentado cambiar su posición frente a Cuba y ha favorecido la flexibilización de las remesas, los viajes familiares y la generación de opciones para que los estadounidenses visiten la isla.

No obstante, Washington mantiene la base ilegal de Guantánamo en suelo cubano y no ha podido acabar con más de medio siglo de embargo económico contra la isla. En EE.UU. crece el inconformismo respecto a estas medidas. Una encuesta publicada ayer por el Adrienne Arsht Latin America Center indica que 56% de los estadounidenses está a favor de un cambio en la política de su país hacia Cuba.

Si EE.UU. no flexibiliza sus posiciones corre riesgos en el mapa de la política regional. Palomares recuerda que “una parte mayoritaria de los países de la OEA ha condicionado su presencia en la próxima Cumbre de las Américas en Panamá a que Cuba esté presente. Parece claro que si Washington quiere que lo que presenta como una nueva era en las relaciones de EE.UU. con América Latina, que se verá en la próxima cumbre en Panamá, tenga la presencia de algunos estados latinoamericanos vitales como Argentina y Brasil, va a tener que aceptar la presencia de Cuba en la reunión”.

 

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@DanielSalgar1

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