El retorno de los dinosaurios

El regreso del PRI a la Presidencia del país abre muchos interrogantes. Con una casi asegurada mayoría legislativa, el nuevo mandatario tendrá la oportunidad de hacer reformas y cambiar la imagen negativa de su partido.

El 2 de julio del año 2000, millones de mexicanos celebraron en las calles el triunfo de Vicente Fox, quien ponía fin a 71 años de gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI), caracterizados por el clientelismo, la corrupción y las recurrentes crisis económicas. Doce años después, esos mismos mexicanos votaron por el retorno al poder del PRI, en una decisión que los analistas vinculan con el desgaste por la guerra contra el narcotráfico iniciada por Felipe Calderón, la renovación electoral priísta que presentó a un candidato atractivo para el electorado y el temor a una izquierda radical representada por Andrés Manuel López Obrador.

Para muchos la derrota del gobernante del Partido Acción Nacional (PAN) y de su candidata Josefina Vázquez Mota frente al priísta Enrique Peña Nieto, se empezó a gestar el 11 de diciembre de 2006 cuando el recién electo Felipe Calderón lanzó el “Operativo Michoacán” como primera batalla de la guerra contra los poderosos carteles mexicanos. Después de seis años de violencia, que han dejado 60.000 muertos, y de algunos logros como la captura o eliminación de algunos capos, el domingo quedó claro en las urnas que los mexicanos no aprueban la guerra contra el narcotráfico, al menos no como la planteó el presidente Calderón.

“Evidentemente hubo un gran desgaste del gobierno de Felipe Calderón por su muy impopular guerra contra el narcotráfico que no tuvo los resultados esperados y que por el contrario incrementó la violencia de una manera insostenible. Entre los mexicanos existe la percepción generalizada que con el PRI había orden, tranquilidad y paz, que es algo que hoy no tenemos”, aseguró el escritor e historiador Enrique Krauze.

“El electorado castigó doce años de gobierno de un partido como el PAN, que traicionó sus principios y adoptó muchas de las viejas prácticas priístas. También castigó los 60.000 muertos de una guerra que se inició sin tener en cuenta las profundas debilidades institucionales”, dijo por su parte la politóloga Denise Dresser.

Prueba de la escasa popularidad de la estrategia antinarco de Felipe Calderón es que pocas semanas antes de las elecciones presidenciales, el propio expresidente Fox criticó abiertamente la estrategia de seguridad de su sucesor y, peor aún, anunció su apoyo a Enrique Peña Nieto. En los últimos meses la sociedad civil también expresó con fuerza su rechazo a la estrategia de Calderón y prueba de ello es la aparición de organizaciones como el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, encabezado por el poeta Javier Sicilia.

Otro factor que pesó decisivamente en la victoria del PRI fue la renovación de la maquinaria electoral priísta que consolidó su predominio en la mayoría de los estados del país. Pese a que los priístas son conocidos como los dinosaurios por su conservadurismo, su gran logró fue posesionar entre el electorado la imagen de un “nuevo PRI” representado por el mediático Enrique Peña Nieto.

“Hay que reconocer que el PRI hizo una muy buena campaña electoral y que presentó un candidato muy atractivo para el electorado que supo vender un programa de gobierno coherente”, aseguró el también escritor Héctor Aguilar Camin.

Peña Nieto y el futuro

El domingo en la noche, luego de que se confirmara su triunfo, Enrique Peña Nieto aclaró que su gobierno no pactaría con el narcotráfico. El objetivo de esta declaración no fue otro que tranquilizar a los círculos políticos estadounidenses que han expresado sus temores por el retorno del antiguo PRI, que dentro de sus prácticas comunes negociaba con el crimen organizado.

“No habrá pacto ni tregua. La lucha contra el narcotráfico seguirá, pero con una nueva estrategia que aminore la violencia y la muerte de mexicanos”, dijo Peña Nieto usando un tono enérgico para que fuera escuchado en Washington.

Dos semanas atrás, y con el mismo objetivo de no dejar dudas sobre su compromiso contra el narcotráfico, Peña Nieto había anunciado sorpresivamente el nombramiento como asesor en la materia del exdirector de la Policía Nacional de Colombia, el general Óscar Naranjo.

Y es que apenas un mes antes de la elección, el influyente diario The New York Times publicó un editorial en el que, citando a altos funcionarios de la administración Obama, hacía eco de las dudas de Washington en torno a la voluntad de Peña Nieto de mantener la lucha contra el narco.

Aunque Peña Nieto ha insistido en que una de las prioridades de su gobierno será mantener la lucha contra el crimen organizado, los analistas consideran que el nuevo presidente tendrá que ajustar la estrategia, incluyendo una mayor cooperación con Estados Unidos.

En materia de política interna, los analistas coinciden en que el gran desafío para Enrique Peña Nieto será responder a las exigencias de una sociedad civil más organizada que estará vigilante de sus acciones de gobierno. Y es que según los resultados electorales, el PRI también obtendrá la mayoría en el Congreso, lo que dará a Peña Nieto una poderosa herramienta para sacar adelante las reformas económicas y políticas que requiere el país y que de ser aprobadas enterrarían al PRI de los dinosaurios.

 

últimas noticias