‘El rey de la fiesta’ es inocente

La Fiscalía francesa pidió la absolución del socialista Dominique Strauss-Khan, acusado del delito de prostitución agravada.

Dominique Strauss-Khan en una de sus llegadas a declarar. / AFP.

A Dominique Strauss-Khan lo conocen en Francia como DSK, aunque sus acusadores se refieran a él como “El rey de la fiesta”. Esa ha sido justamente la versión que les llegó a los jueces que adelantaban el juicio en contra del destacado político socialista y exdirector del Fondo Monetario Internacional (FMI) por, aparentemente, haber cometido el delito de prostitución agravada.

El caso comenzó cuando ya la sigla DSK estaba relacionada con la controversia: la denuncia de acoso sexual por parte de una empleada del hotel Sofitel en Nueva York, un escándalo que le costó la salida del FMI y lo condenó políticamente. Las denuncias esta vez tuvieron lugar en su país, donde los testimonios de trabajadoras sexuales hablaban de las bacanales que tenían lugar en los hoteles de lujo de la ciudad de Lille, a las que Strauss-Khan era un invitado asiduo, si no su promotor en la sombra. El procedimiento básicamente consistía en que las mujeres eran recogidas en “algún club libertino”, como la prensa francesa comenzó a llamar estos lugares, y llevadas a reuniones privadas con hombres de las altas esferas. Claro, DSK incluido.

Alrededor de ese debate giró el caso. Sin embargo, el exdirector del FMI y su defensa insistieron en la estrategia de no negar su participación en las fiestas para asegurar que él no tenía idea de que se trataba de prostitutas contratadas. DSK acudía a divertirse y nunca se interesó por la procedencia de las amigas de sus amigos. Por eso la defensa se encaminó a sostener que lo que se juzgaba no era un delito sino la vida privada del acusado.

La Fiscalía francesa les dio la razón y dos de las mujeres que habían declarado en contra de DSK se retractaron de sus versiones. El fiscal, Frédéric Fèvre, pidió el sobreseimiento “puro y simple” del acusado, pues no se encontró evidencia que de formara parte de “una red mafiosa”, sino más bien de “prácticas de un grupo de amigos” que buscaban “satisfacer egos, ambiciones o simplemente sus deseos físicos”. Fèvre fue enfático en asegurar que se empeñó en evaluar a Strauss-Khan como a cualquier otra persona, y reflexionó: “¿Un hombre poderoso sería necesariamente culpable?”.