El sindicato de los millonarios

Como respuesta al aumento de los impuestos para quienes ganen más de un millón de euros, los clubes profesionales del fútbol francés entrarán en huelga a finales de noviembre.

El presidente de Francia, François Hollande, se reunió con los presidentes de los clubes esta semana en el Elíseo. / AFP

François Hollande habría podido negociar, pero las cosas ocurrieron en otro orden. Primero fueron de los transportadores, quienes amenazaron con un paro general si se mantenía el proyecto de ley que los obligaría a pagar un “impuesto ecológico” como compensación por la polución causada y que debía comenzar a aplicarse a más tardar en enero de 2014. El presidente, quien tiene el récord de la más baja popularidad para un mandatario en Francia desde la Segunda Guerra Mundial, se vio entonces obligado a anunciar una “suspensión”, que si bien le implicará dejar de recibir alrededor de 100 millones de euros mensuales para las arcas del Estado, lo aleja de la perspectiva de un país con las carreteras bloqueadas.

La concesión, sin embargo, lo obligaba a asumir una posición de fuerza en el resto de las negociaciones con los grupos afectados por las reformas fiscales. El gesto de aplazar la aplicación de un impuesto podía pasar con los camioneros, pero no podía repetirse frente a la presión de los directivos del fútbol profesional, que hace meses presionaban al Ejecutivo para obtener una reducción tributaria. La reunión del pasado jueves se saldó sin acuerdo: quienes devenguen más de un millón de euros pagarán un 75% de impuestos sobre el monto que sobrepase esa cifra. Queda pendiente de definir si serán los jugadores, los clubes o los dos por partes iguales quienes realizarán la contribución.

“El monto de la contribución por cada equipo será, sin embargo, de máximo el 5% del dinero recibido durante un año fiscal”, afirmó Hollande en un pronunciamiento que debería haber calmado las cosas.

Aquel impuesto...

En el sistema fiscal francés toda persona o empresa residente en el país debe declarar en el primer trimestre del año sus ganancias del año anterior. El porcentaje a pagar al fisco depende del monto de dichas ganancias. Así, quienes devenguen menos del salario mínimo están exentos de la tasa sobre los ingresos (y en caso de haber trabajado al menos medio tiempo reciben una compensación monetaria). El porcentaje del impuesto aumenta con los ingresos. A diferencia de la política de beneficios fiscales a los grandes empresarios de la administración Sarkozy, Hollande, en una de las pocas medidas verdaderamente de izquierda de su gobierno, anunció que aumentaría hasta el 75% el porcentaje para los más afortunados.
La medida fue impugnada ante el Consejo Constitucional, que la tumbó por vicios de forma a finales del año pasado. La decisión representó una doble derrota para Hollande, pues al mismo tiempo que debilitaba su capacidad de maniobra, lo privaba de una importante fuente de recursos, indispensable para sanear el presupuesto nacional.

Hollande ataca de nuevo

La alegría por el restablecimiento de la tasa por parte de la Asamblea Nacional el pasado 18 de octubre, con la condición de que sólo se aplicará durante dos años, duró poco. Esta vez la reacción violenta esperada no vino de las compañías mineras ni de los banqueros. Tal como lo habían anunciado en repetidas ocasiones, una vez aprobado el impuesto, presidentes de la gran mayoría de los clubes profesionales pidieron al Ejecutivo considerar una excepción para el sector. Aunque la medida cobijaría a sólo 120 personas, entre directivos y jugadores, los desafortunados que ganan menos de un millón de euros formaron un frente común con sus colegas: si no había reducción de impuestos, la huelga sería inevitable.

Mientras tanto, el diario en línea Rue 89 sugería en broma algunas estrategias para que los clubes puedan recoger el dinero. El Valenciennes podría, según el portal, continuar con su estrategia de pagarles los sueldos a sus jugadores a través de un equipo fantasma chileno como lo ha venido haciendo para evadir impuestos. El Niza, donde juega David Ospina, podría renunciar a su nuevo estadio en el que paga 40 millones de euros de arriendo anual. “El París Saint-Germain podría —sugiere el portal— no gastar 200 millones de euros en nuevos jugadores, como lo hizo el año pasado”. La suma es diez veces superior a lo que el club pagará en impuestos bajo la nueva ley fiscal.

En cuanto al Mónaco, en el que el colombiano Radamel Falcao cobra un millón de dólares como sueldo mensual, la polémica los tiene sin cuidado, la sede del grupo está en el principado de los Ferrari y los yates saudíes y, por lo tanto, no lo cobija la legislación francesa.
Ninguno de los clubes aceptó dar declaraciones telefónicas al respecto. El Paris Saint-Germain se limitó a invitar a una jornada de “Estadio puertas abiertas” en su sede del Parque de los Príncipes. En lugar del partido previsto para el 30 de noviembre, los espectadores tendrán derecho —gratis— a una explicación sobre los motivos de la huelga.

Apoyo popular

A pesar del interés de los franceses por un campeonato cuyo nivel parece garantizado por la presencia de, precisamente, estrellas con millonarios contratos, la huelga futbolera no convence al grueso de la población. Según una encuesta publicada por Tilder-LCI-OpinionWay, el 85% de las personas consultadas no ven razón para una exoneración a unos clubes que, como lo señalaba Hollande en días pasados, “son empresas como cualquier otra”.

Sin embargo, la huelga del fútbol puede convertirse en un punto a favor de la oposición de derecha que ha sostenido sin cesar que la política fiscal actual está provocando la salida de capitales y en últimas un aumento del desempleo. El gobierno ha respondido que los impuestos no han aumentado más que ligeramente para las clases medias y bajas, y que, en ultimas, se están utilizando para llenar el hueco fiscal dejado por 14 años de administraciones de derecha.

En la tarde del viernes, un respaldo inesperado parecía dar a Hollande una esperanza, el presidente del Montpellier, Louis Nicollin, declaraba “no estar en contra de la huelga ni tampoco apoyarla”, así se distinguía de sus pares de la primera y segunda división, y abría la brecha para una posible nueva negociación.
Pase lo que pase con la huelga del fútbol, Hollande deberá enfrentar la semana próxima a otro grupo descontento por las políticas impositivas: los agricultores bretones, quienes, vistiendo gorros frigios que recuerdan la época de la Revolución, han hecho saber que pueden paralizar la región en caso de no llegar a un acuerdo sobre la eliminación definitiva, y no sólo una suspensión del impuesto ecológico para los transportadores.