El socialismo del Patón Bauza

Según Bauza, nuevo director técnico de la Selección Argentina de fútbol, su incursión en la política fue para acabar con el estereotipo de que el jugador de fútbol no tiene nada en la cabeza distinto a una pelota.

El nuevo entrenador de Argentina, Edgardo 'El Patón' Bauza.
Edgardo El Patón Bauza es socialista. No lo niega, no lo esconde; en su momento fue candidato al concejo de Granadero Baigorría, el pequeño pueblo rosarino en el que nació en 1958, por el Partido Socialista Auténtico; sabía que no iba a ganar, no le interesaba. Quería, sencillamente, demostrar que el jugador de fútbol no es solamente un hombre que patea pelotas, que hay algo más en su cabeza. En sus palabras: "Estaba cansado de escuchar que al jugador solo le interesaba la pelota, entonces traté de ayudar al Partido Socialista de mi pueblo para que llevara un concejal al recinto (...) Mis ideas siguen siendo socialistas, aunque soy consciente de que el mundo cambió. Hoy, el único carrilero por izquierda que queda es Fidel; todos los demás, cuando hay un penal, lo patean de derecha". Eso le dijo Bauza a la revista El Gráfico, en 2011.
 
Y no sólo eso: Bauza es un hombre que lee. Y no para jactarse luego de lo que ha leído sino para entender el mundo que lo rodea. Y es que la historia, cual si fuera caprichosa, quiso que El Patón iniciara su carrera como futbolista en un momento en el que Argentina transitaba por el oscuro camino de la dictadura. Debutó con su amado Rosario Central en 1977, en un partido en el que los canallas vencieron a Quilmes, por un marcador de 4 a 0. Mientras tanto, la dictadura preparaba el Mundial de Fútbol de 1978, con el que pretendía limpiar su imagen de violadora de los derechos humanos. Argentina ganó ese mundial en medio de un ambiente agridulce: de alegría en las tribunas y de tristeza en los centros de detención en los que el régimen torturaba a quienes se le oponían.
 
Luego vino la democracia. Pero, en 1983, mientras Raúl Alfonsín pavimentaba el camino hacia ella, Bauza se iba de Argentina hacia Colombia, hacia Barranquilla. Con el Junior estuvo dos temporadas, marcó 24 goles y obtuvo un subcampeonato. Entonces regresó a Argentina. Pasó, brevemente, por Independiente de Avellaneda. Pero Buenos Aires no era su casa; Rosario lo era. Y entonces volvió a ser canalla. Y se consagró: fue campeón con el equipo de sus amores en la temporada 1986/1987, el último título conseguido por Rosario en Primera División. En 1990 se fue, de nuevo, de Argentina. Su destino: los Tiburones Rojos de Veracruz.
 
Y estando con los jarochos, a Bauza se le presentó la oportunidad de sacarse una espinita que llevaba en el corazón durante 12 años: ir a un Mundial. En 1978, el entonces entrenador de Argentina, César El Flaco Menotti, le dijo que no, tras cinco meses de concentración. A Bauza, la decisión de Menotti, tan socialista como él, lo hizo llorar. Pero si la vida le había quitado la oportunidad de representar a su selección a un año de su debut, se la daba ahora, en momentos en los que El Patón ya pensaba retirarse. Bauza sabía que iba de suplente, que muy probablemente no iba a jugar. Y, sin embargo, fue. Y lloró con sus compañeros cuando en la final Alemania derrotó a Argentina con un dudoso penal casi al final del partido.
 
Bauza regresó a México decidido a retirarse; lo convencieron de que esperara un poco. Y como lo hacen los grandes, se despidió con el equipo de sus amores, en 1992. Lo hizo a lo grande y dejó, como era inevitable, una huella en el corazón canalla. No sólo por su labor como capitán sino porque, pese a ser defensor, anotó 80 goles en 310 partidos con Rosario. Hoy Bauza es el cuarto defensor con la mayor cantidad de goles en la historia del fútbol: 109 goles. Por todo esto, no era descabellado que El Patón, tras su retiro, empezara su carrera de entrenador con el equipo rosarino. En 1998 se convirtió en técnico de Central. Obtuvo un subcampeonato del Torneo Apertura y de la Copa Conmebol. Campeonato que Bauza siempre ha dicho que se lo robaron.
 
Pero sus primeros años no fueron tan exitosos. Casi que le fue mejor en la música: En 2000, junto con otros renombrados hinchas canallas, como Roberto Fontanarrosa y Juan Carlos Baglietto, lanzó un CD en el que Bauza cantaba una canción titulada Patón y conductor. Bauza todavía se ríe de ese anécdota.
 
No fue sino hasta 2004 que conoció la gloria como entrenador al llevar al Sporting Cristal, de Perú, a la victoria. Pero a Bauza, quien ya en ese momento era un lector empedernido, que ya había pasado por las páginas de José Ingenieros y por los escritos sobre Perón, le faltaba una victoria aún mayor. De Perú se fue a Ecuador. Y fue el inicio de cuatro años de gloria. Primero, en 2007, obtiene el campeonato nacional con la Liga Universitaria Deportiva de Quito. Luego en 2008 y con ese mismo equipo gana la Copa Libertadores, la primera en ser obtenida por un equipo ecuatoriano. Bauza escribía mucho en ese momento: escribía la historia y, en una página en Internet, compartía su visión del mundo con quienes lo leían. Ya florecía ese hombre de fútbol y letras.
 
Ese año 2008 fue elegido el mejor entrenador de América. Luego vinieron la Copa y la Recopa Sudamericana, en 2009, otro campeonato nacional, en 2010, y la Recopa Sudamericana, de nuevo, ese mismo año. En 2011 volvió a la final de la Copa Sudamericana. Pero perdió con la Universidad de Chile. Fueron tres años de sequía. Pero en 2014, tras regresar a Argentina, Bauza volvería a demostrar lo que lo ha hecho grande: sacar campeones a equipos que nunca antes lo habían hecho. Lo hizo al llevar a San Lorenzo a obtener su primera Libertadores. Un triunfo que hasta hizo retumbar a la Santa Sede, donde un hincha cuervo, el papa Francisco, celebró, a rabiar, gracias a El Patón. Ya para ese momento, Bauza era un afiebrado lector de otro hombre tan reconocido como el papa: Nelson Mandela.
 
Como ya había sido una constante en su vida, El Patón seguía combinando el fútbol con la lectura; siempre luchando contra ese estereotipo de que la gente del fútbol no lee. Y en esas había escuchado de Mandela. De él admira, "por sobre todas las cosas, su criterio. Cómo una persona puede, pensando en el ser humano y en su país, olvidarse de todo lo que le hicieron vivir. Cómo despojarse del rencor. Me parece que es algo fascinante que alguien pueda superar eso. Siempre me interesó lo que hizo. Toda su lucha, desde el Apartheid hasta que fue presidente. Todo lo que logró. Me parecía una personalidad diferente a la que nos tiene acostumbrados. Empecé a leer de él y terminé leyéndolo a él". Le dijo al Portal Goal, en 2015.
 
Y luego, al preguntársele "qué se puede trasladar de Mandela al fútbol", Bauza respondió: "Que los errores forman parte del ser humano, pero que obviamente la lucha por los ideales es algo que fortalece y es algo por lo cual no hay que resignarse. La convicción que a uno lo moviliza es la razón de vivir". Quizás esa frase resuma lo que Bauza, el nuevo director técnico de la Selección Argentina de fútbol, es. Tras un breve paso por el Sao Paulo, Bauza fue designado el 1 de agosto para tomar el timón de un barco de oro pero que se hunde. Lo hizo por encima de nombres rimbombantes.
 
Con Messi y otros renunciando a la albiceleste, con una dirigencia perdida entre sus egos y con un pueblo argentino frustrado ante tantas derrotas, Bauza llega a su nuevo cargo a imponer esa convicción que le crearon años de letras y fútbol. Para que Argentina tenga, de nuevo, "una razón para vivir".
 

 

 

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